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PUERTAS DE CHINA

La hospitalización y convalecencia fueron muy largas, pero Juan Pablo II consiguió publicar el 14 de septiembre su tercera encíclica, «Laborem Exercens» sobre el trabajo humano, recibida con interés por estudiosos de todo el mundo. En 1982, el Papa llamó en público a las puertas de China, siendo respondido con el silencio y el desdén. Pekín continuó la represión religiosa y Occidente dejó de protestar a medida que sus intereses económicos prevalecían sobre la defensa de los derechos humanos.

Juan Pablo II no no logró evitar la guerra de las Malvinas, pero visitó Gran Bretaña y Argentina para ayudar a ambos pueblos a reconciliarse. La audiencia a Yasser Arafat en septiembre y la canonización de Maximiliam Kolbe en octubre abrieron un otoño que incluyó el primer viaje a España, que culminó en el llamamiento a la unidad de Europa desde Santiago de Compostela el 9 de noviembre de 1982.

En 1983, el Pontífice aprovechó el quinto aniversario del nacimiento de Lutero para dirigir una carta a los fieles evangélicos y mantener encuentros con la comunidad reformada de Roma. Era un camino que llevaría, en octubre de 1999, a la firma de un acuerdo teológico con la Federación Luterana Mundial sobre la doctrina de la justificación por la fe. Pocos meses antes, la Santa Sede y la Iglesia Anglicana habían hecho público un documento sobre «El don de la Autoridad», que establecía la colaboración con Roma.

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