La
destrucción del anillo del Pescador
El
cardenal camarlengo es el encargado de verificar que el Papa ha muerto
y de retirarle del dedo el "Anillo del Pescador", símbolo
del poder pontificio, que es la señal de que el reinado ha concluido.
El anillo será inmediatamente machacado para evitar cualquier
eventual falsificación de documentos pontificios.
Este es uno de los pasos más significativos tras la muerte de
un Pontífice.
En los primeros siglos, para saber si el Papa se estaba muriendo el
médico aproximaba a sus labios una vela encendida. Si la llama
se movía significaba que aún conservaba un hálito
de vida. La operación se realizaba varias veces hasta que la
llama permanecía inmóvil.
Actualmente las
técnicas han cambiado y lo que se hace es determinar la defunción
con los métodos habituales.
Una vez que el médico (antiguamente el arquiatra) confirma la
defunción del Papa el prefecto de la casa pontificia anuncia
oficialmente la muerte: El Papa
muerto.
Todos
los presentes se arrodillan y comienzan los primeros responsos. Después,
por orden jerárquico se acercan al cadáver, y besan la
mano del difunto Pontífice.
Inmediatamente comienza el turno de vela por parte de los canónigos
penitenciarios. Se encienden cuatro cirios a los pies de la cama y se
coloca un acetre con agua bendita y el hisopo con agua bendita junto
al lecho mortuorio para los responsos de los prelados visitantes.
El cardenal camarlengo, que viste de violeta (color de luto) y que es
durante la sede vacante la más alta autoridad de la Iglesia,
entra en la habitación escoltado por un destacamento de la Guardia
Suiza con alabardas, símbolo de la nueva autoridad, para asegurarse
oficialmente de la muerte del Pontífice.
VERE
PAPA MORTUS EST
En presencia del
maestro de ceremonia y de los prelados de la casa pontificia, el camarlengo
se acerca a la cama, retira el pañuelo que cubre el rostro del
Papa e inclinándose hacia el difunto llama tres veces al Papa
por su nombre de pila.
Después golpea su frente con un pequeño martillo de plata
y mango de marfil. Después de verificar dice "vere papa
mortuus est" (de verdad el Papa ha muerto).
A continuación
retira del dedo el anillo del Pescador, símbolo del poder pontificio.
Esta es la señal de que el reinado ha concluido.
El anillo será machacado junto con el sello
de plomo del Papa ante los cardenales. Se hace para evitar cualquier
eventual falsificación de documentos papales.
A
continuación
el notario de la Cámara Apostólica levanta acta y las
campanas de San Pedro doblan a muerto, anunciando al mundo y a Roma
de la muerte del Papa.
Entonces el
cuerpo del Papa es entregado a los embalsamadores.
Salvo que el Papa haya dicho lo contrario, el procedimiento exige que
se le extraigan las vísceras, que son depositadas en urnas que
se conservan en la cripta subterránea de la iglesia de San Vicente
y San Anastasio, frente a la Fontana de Trevi, en Roma.
La normativa vaticana prohíbe fotografiar al Papa muerto o grabar
sus palabras. El camarlengo dará permiso para que se hagan fotos
oficiales, pero siempre que esté ya revestido con los hábitos
pontificios.
Una
vez embalsamado se le reviste con sotana blanca y llevado a la Capilla
Sixtina escoltado por prelados con cirios y cardenales.
Es
colocado debajo del Juicio Final, donde los fieles le rendirán
el último tributo.
Por la noche, una vez cerrado el Portón de Bronce, el cadáver
del Papa es entregado a los canónigos de San Pedro que le revestirán
con
los
hábitos pontificios (sotana blanca, amito, roquete de encaje,
manípulo, estola, dalmática roja y dorada y una casulla
de color rojo y oro, así
como
la mitra episcopal.
Al día siguiente es trasladado a la basílica de San Pedro
donde es colocado en un catafalco, delante del altar de la confesión.
Allí permanecerá tres días antes de las exequias,
que desde la muerte de Pablo VI y Juan Pablo I se celebra en la plaza
de san Pedro, ante la presencia de presidentes, reyes de todo el mundo.
Los restos del Papa son llevados hasta el lugar en solemne procesión
encabezada por el cardenal decano y el camarlengo, mientras los coros
entonan Libera me, Domine, de morte aeterna (Líbrame Señor
de la muerte eterna).
TRES FÉRETROS
El cuerpo del Papa es colocado en un féretro de ciprés
forrado de terciopelo carmesí y encajado en otro de plomo de
cuatro milímetros de
espesor, a su vez encajado en otro de madera de olmo barnizada.
Un prelado lee los hechos más importantes de su pontificado y
al final mete el pergamino en un tubo de cobre que se introduce en el
féretro junto con saquito de terciopelo con monedas y medallas
de su pontificado.
Después los camareros sellan la caja de ciprés y la de
plomo y colocan la de olmo. Sobre esta última colocan un simple
crucifijo y una Biblia abierta.
El féretro
suele pesar 500 kilos y es llevado al final de la ceremonia en un carro
fúnebre hasta el Altar de la Confesión, donde por medio
de poleas es descendido hasta la cripta vaticana, donde permanecerá
hasta que se disponga su sarcófago definitivo.
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