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El Cónclave que elegirá al Papa

En el curso de los siglos muchos Papas han considerado su deber regular con oportunas normas la elección del Sucesor de Pedro.

Hasta 1996 estaba en vigor la Constitución Apostólica Romano Pontificia Eligiendo, del 1 de octubre de 1975, y bajo ésta fueron elegidos Juan Pablo I y Juan Pablo II. El 22 de febrero de 1996 el mismo Juan Pablo II introdujo algunas modificaciones al hacer pública la 'Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis'.

Tras la muerte de un Papa comienza un período que se llama de sede vacante. El gobierno de la Iglesia queda confiado al Colegio de los Cardenales solamente para el despacho de los asuntos ordinarios o de los inaplazables y para la preparación de todo lo necesario para la elección del nuevo Sumo Pontífice.

Los cardenales se han de reunir en cónclave para proceder a la elección del nuevo Romano Pontífice, que se debe reunir no antes de 15 días después ni después de 20 de la vacante de la sede apostólica.

Los cardenales se trasladan a la Capilla Sixtina desde la Casa Santa Marta, un moderno edificio construido dentro de los muros del Vaticano. La Casa de Santa Marta no existía en los tiempos de la elección de Juan Pablo II. En este edificio permanecerán durante todo el cónclave, totalmente aislados del mundo exterior.

En los cónclaves romanos anteriores, los cardenales electores y las demás personas que entraban en la clausura del cónclave eran acomodados en las habitaciones de los Palacios Apostólicos, desprovistas hasta de los servicios más elementales, aunque eso sí, decoradas por los más renombrados artistas de la historia.

En el cónclave son admitidos además el maestro de las celebraciones litúrgicas pontificias con dos asistentes de ceremonia ceremonieros y dos religiosos adscritos a la Sacristía Pontificia; y un eclesiástico elegido por el cardenal decano o por el cardenal que haga sus veces, para que lo asista en su cargo.

También deben estar disponibles algunos religiosos de varias lenguas para las confesiones, y dos médicos para eventuales emergencias, así como un número suficiente de personas adscritas a los servicios de comedor y de limpieza.

El día fijado para el comienzo del cónclave se reúnen por la mañana los cardenales electores en la Basílica de San Pedro y celebran la misa votiva 'Pro eligiendo Papa'. Esa misma tarde los cardenales acuden en procesión a la Capilla Sixtina y al llegar prestan solemne juramento.


NUEVA MODALIDAD DE ELECCIÓN

Además de la nueva residencia, la más importante novedad del texto redactado por Juan Pablo II es la modalidad de elección, después de que el Pontífice suprimiera la elección por aclamación. La elección por escrutinio, el único modo actualmente válido, tiene lugar a través de la votación, individual y secreta, de los cardenales electores.


La 'Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis' prescribe que se deben realizar dos votaciones cada día, además de una votación la tarde en que comienza el cónclave, que será exclusivamente por mayoría de dos tercios.


Si al cabo de tres días de escrutinios (uno por la mañana y otro por la tarde) no se ha elegido un Papa por mayoría de dos tercios, se decreta una pausa de como máximo un día para "oración, libre coloquio entre los votantes y una breve exhortación espiritual hecha por el primer Cardenal del Orden de los Diáconos".


A partir de ahí pueden producirse hasta tres series de siete días de escrutinios, separadas por pausas de un día, para lograr la elección de un Papa por mayoría de dos tercios. Si no es así, los cardenales deben decidir por mayoría absoluta cómo proceder, pero en todo caso debe producirse una elección en la que un candidato logre como mínimo la mayoría absoluta de los votos.


Después de cada elección se queman las papeletas. La tradición indica que los cardenales provoquen con paja seca o húmeda que el humo sea negro, si no se ha elegido al Papa, o blanco si se ha elegido al nuevo Romano Pontífice: es la conocida fumata negra o fumata blanca, que suele ver el pueblo romano desde la plaza de San Pedro.

La legislación canónica no impone requisitos para ser elegido Papa: por lo tanto, se deben considerar requisitos los propios del derecho divino para ser obispo, es decir, ser varón con pleno uso de razón. En la práctica, sin embargo, desde hace muchos siglos el elegido ha sido siempre cardenal.

Una vez elegido, el cardenal decano, que es Joseph Ratzinger, pregunta al elegido si acepta su elección canónica como Sumo Pontífice. Si el elegido acepta, desde ese momento adquiere de hecho la plena y suprema potestad sobre la Iglesia. Una vez que ha aceptado, el cardenal decano le pregunta el nombre por el que quiere ser llamado. Si el elegido no es obispo, se procede inmediatamente a su ordenación episcopal.

Los cardenales a continuación le rinden homenaje y le prestan obediencia. Después el primero de los cardenales diáconos --es decir, el cardenal protodiácono-- anuncia desde el balcón de la Basílica Vaticana al pueblo reunido en la plaza de San Pedro la elección del nuevo Papa, usando la tradicional fórmula: '`Nuntio vobis gaudium magnum: habemus Papam! ', y el Romano Pontífice imparte la bendición 'Urbi et Orbi'.