Junto
a los frescos de Miguel Ángel
El
Cónclave que elegirá al sucesor de Juan Pablo II al frente de la barca
de Pedro tendrá lugar en la Capilla Sixtina, un rincón imprescindible
para entender la fuerza del primado de Pedro. Pintada por Miguel Ángel
Buonarroti, la sala vaticana fue objeto de una profunda restauración
entre 1994 y 1998. Durante el comienzo de los trabajos, el propio Wojtyla
recordó su propio nombramiento. «La capilla Sixtina apuntó el Papa
es un lugar que, para todo Papa, encierra el recuerdo de un día particular
de su vida. Para mí se trata del 16 de octubre de 1978. Precisamente
aquí, en este lugar sagrado, se reúnen los cardenales, esperando la
manifestación de la voluntad de Cristo con respecto a la persona del
sucesor de San Pedro. Aquí escuché de labios de mi rector de otro tiempo,
el cardenal Maximilien de Furstenberg, las significativas palabras:
Magister adest et vocat te. En este lugar el cardenal primado de Polonia,
Stefan Wyszynski, me dijo: Si te eligen, te suplico que no lo rechaces.
Y aquí, por obediencia a Cristo y encomendándome a su Madre, acepté
la elección hecha por el Cónclave, declarando al cardenal camarlengo,
Jean Villot, que estaba dispuesto a servir a la Iglesia. De esta forma,
por tanto, la capilla Sixtina, una vez más, se ha convertido, ante toda
la comunidad católica, en el lugar de la acción del Espíritu Santo que
constituye en la Iglesia a los obispos, y constituye de modo particular
al que debe ser Obispo de Roma y Sucesor de Pedro».
El 11 de
diciembre de 1998, durante la inauguración de los frescos, Juan Pablo
II apuntaba que la obra de Miguel Ángel «se remonta hasta el último
horizonte de la teología cristiana, señalando el alfa y la omega, los
comienzos y el juicio, el misterio de la creación y el de la historia,
haciendo converger todo en el Cristo salvador y juez del mundo». Para
el Pontífice recién fallecido, el artista se inspiró «en un plan preciso,
realizando una obra unitaria, que ha quedado bien integrada en el conjunto
arquitectónico y pictórico».