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JORNADA 32


0-0
: Faltaron convicción y remate para ganar

Un Sevilla medroso y con pocos recursos de inicio no supo aprovechar la superioridad numérica de la última media hora para apuntillar al Celta en Balaídos

JUAN MANUEL ÁVILA

El Sevilla rompió su racha de triunfos en terreno céltico y sólo arrancó un pírrico empate que no le sirve para engancharse definitivamente en la pelea por su objetivo de pretemporada, pero que tampoco le descuelga definitivamente. La pena es que después de jugar de forma medrosa durante la primera hora no supo aprovechar la ventaja de estar en superioridad más de treinta minutos a raíz de que Téllez Sánchez expulsara justamente José Ignacio por una entrada sin balón y por detrás a Julio Baptista. Tardó en dar el paso adelante, pero en los minutos finales su asedio sobre el portal de Cavallero resultó infructuoso, al fallar remates claros Antoñito -sobre todo-, Hornos y Julio Baptista.


Partido de tintes casi dramáticos para el Celta de Vigo en su lucha por salir de los puestos que condenan al descenso y determinante para el Sevilla en sus aspiraciones por no perder el tren de los aspirantes a jugar la Copa de la Uefa la temporada próxima. En los locales las novedades estaban en el regreso a la titularidad de Milosevic y Mostovoi, suplentes en San Mamés en el debut en el banquillo vigués del tándem Carnero y Sáez; mientras que en el Sevilla había más movimiento respecto a los habituales, al quedar fuera del once además del sancionado Javi Navarro, Daniel Alves y Darío Silva y ser titulares Aitor Ocio, Redondo como lateral, y Antoñito.

De entrada fue el Celta el que metió en su área al Sevilla con profusión de balones bombeados que dieron mucho trabajo a Aitor Ocio y Pablo Alfaro, que evidenciaron su poderío en el juego aéreo. El equipo de Joaquín Caparrós se mostraba muy atenazado y perdía el balón constantemente. Por suerte para el conjunto carmesí, el once gallego era un manojo de nervios y jugaba con mucho brío, pero muy poca cabeza. Sólo Mostovoi le daba un poco de sentido a las acciones, pero al otrora «zar» ya no le rigen las piernas como antes y se pierde muchas veces en protestas estériles y en escenificar «faltas» que Téllez Sánchez, con buen criterio, no pitaba.

Transcurrían los minutos sin que ni Esteban ni Cavallero pasaran por apuros, ya que si el Celta no lograba rematar con peligro ningún balón de los colgados sobre el área visitante, en el Sevilla tanto Baptista como Antoñito encontraban pocos apoyos a la hora de salir y además recibían los balones en malas condiciones y rodeados de rivales.

Hasta el minuto 32 no rondó el peligro el portal gallego, fue tras un buen balón interior de Gallardo -que hasta entonces se le había visto más apoyando a Redondo en defensa, que profundizando por su banda- a Antoñito que éste se precipitó a rematar lanzándolo fuera ante la salida de Cavallero. En la acción siguiente pudo marcar Berizzo, al rematar de cabeza una falta lanzada con rapidez por Mostovoi, pero el balón salió fuera por poco.


En los minutos finales del primer período se agrió el partido, más por el nerviosismo y la provocación de los locales, pero la dureza sevillista. Eso caldeó el ambiente, pero sin que tuviera mayores consecuencias, aunque lo cierto es que los únicos que se fueron al descanso amonestados fueron los sevillistas Baptista y Antonio López.

El panorama no varió de inicio en la segunda mitad, que comenzó con un Celta que quería encerrar al Sevilla en su área, pero que volvía a recurrir al bombeo de balones sin que la zaga visitante mostrara fisura alguna por alto, para tranquilidad de Esteban.

El público y el propio conjunto celtiña comenzaba a perder la paciencia cuando el veterano José Ignacio cometió la tontería de darle una patada, sin balón de por medio y por detrás, a Julio Baptista en las narices del árbitro, que interpretó con acierto el reglamento y lo envió al vestuario.

Quedaban dos tercios de la segunda parte por jugar y el camino se le despejaba a los de Caparrós, que hasta entonces apenas se habían acercado con claridad al área visitante. No obstante, el técnico sevillista no movió pieza hasta el minuto 75. En ese intervalo sólo hizo trabajar al meta local Aitor Ocio, que enganchó una dejada de cabeza de Pablo Alfaro que logró cazar con reflejos y agilidad Cavallero.

La entrada de Hornos dio más trabajo a la zaga gallega, pero el uruguayo sigue gafado ante el gol, como evidenció en un par de acciones en la que entró en el área con ventaja y no supo resolver.


La oportunidad más clara la tendría Antoñito a ocho del noventa, pero tras un buen pase interior de Antonio López su remate cruzado se encontró con la pierna de Cavallero. Al del Polígono lo suplió Carlitos a cinco minutos del final, pero el empuje de los últimos minutos resultó estéril. El Sevilla careció en Balaídos de ambición y de claridad de ideas durante sesenta minutos, reaccionó tarde tras la expulsión de José Ignacio y cuando llegó arriba evidenció falta de pegada. Con tales condiciones sería un milagro que alcanzara al final lo que pregonó el verano pasado.


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