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JORNADA 5

Un gol agónico para tapar fallos y fallos...


JOSÉ MARÍA IGEÑO

Atropellado y falto de acierto, el equipo de Caparrós gana en el minuto 94 con un tanto de Antoñito.

SEVILLA. A un partido tan desquiciado de principio a fin no podía corresponderle desenlace más adecuado que una victoria agónica. De todas las formas posibles de ganar, el Sevilla lo hizo del modo más acorde con un partido atropellado, repleto de fallos, sin elaboración de juego, con mucha velocidad pero carente de precisión, con un ritmo en ocasiones frenético pero casi nunca acompañado de acierto. Nada de ello importa demasiado si en el otro lado de la balanza pesa el júbilo que se desató en el Sánchez-Pizjuán cuando Antoñito, minuto ya 94, convirtió en gol su cuarta oportunidad consecutiva, ésta ya infallable porque llegó en un rechace que lo dejó completamente solo para empujar el balón a la portería. Pero si se analiza el juego del Sevilla con algo más de alcance, si se mira por encima del extraordinario valor que siempre tiene el logro de tres puntos de una tacada, crecen las dudas sobre un equipo que se ha reforzado pensando en el gol, precisamente en el gol, y que necesita una docena de oportunidades claras para hacer uno. Darío aporta una agresividad muy necesaria, Reyes un desborde en velocidad digno de un mejor aprovechamiento y Carlitos -ayer acompañante del uruguayo en el ataque- una movilidad que en teoría debe dar sus frutos por sí misma o abrir espacios para los recursos de otros compañeros. Pero a la hora de buscar el gol se termina recurriendo a un Antoñito cuya contumacia en el fallo hace ya tiempo que es preocupante.

El Sevilla se siente a gusto cuando le mete ritmo a los partidos, cuando estos transcurren a la mayor velocidad posible, aunque sea a costa de prescindir de todo asomo de transición en el juego. Y así fue como el cuadro de Caparrós le buscó la espalda una y otra vez al recién ascendido Murcia, un equipo ordenadito y más vulnerable de lo que indica la ficha del encuentro de ayer.

No dejar salir al Sevilla con el balón jugado fue la principal obsesión del equipo de Peiró, pero impedirle a los blancos elaborar jugada no implica eliminar el peligro que tienen, que no se basa precisamente en el toque o los apoyos sino en la velocidad. Con Darío, Reyes y Carlitos juntos en el campo, los balones con metros por delante para que estos metieran la quinta empezaron pronto a hacer estragos a las espaldas de la defensa del Murcia. Nada más apoderarse del balón, los zagueros y mediocampistas del Sevilla miraban los desmarques que apuntaban con sus movimientos las tres puntas de lanza, que dispusieron de ocasiones suficientes como para haber evitado el final de miocardios desbocados. La primera, que tuvo su origen en un pase largo de Daniel Alves en busca de la galopada de Darío Silva, la falló Reyes por querer asegurar el remate con la izquierda y descomponer para ello la postura en un disparo que pedía golpeo con la derecha. La segunda la «falló» el árbitro, que vio un inexistente fuera de juego de Carlitos al mandar a la red un rechace del meta Juanmi después de un jugadón individual de Reyes, sombrero a un defensa incluido antes del disparo. La tercera la desaprovechó el propio Carlitos después de un defectuoso despeje del portero rival, un fallo provocado por el incordio que siempre aporta Darío Silva. Ocasiones no faltaban, ni mucho menos, para un Sevilla al que no le importaba saltarse el centro del campo, donde Martí y Casquero tenían dificultades para salvar la presión de los adversarios. Era el de Caparrós un equipo atascado en el juego, pero capaz de ponerse de gol con mucha más frecuencia que otros conjuntos de mucho más toque. El problema no radicaba tanto en la falta de fluidez del juego del Sevilla como en su nulo acierto ante el gol.

Los cambios tras el descanso no hicieron variar sustancialmente el curso del partido. El Murcia juntó algo más las líneas para evitar que los Reyes y compañía tuvieran metros para desbordar en velocidad y los locales tiraron de casta para sobreponerse tanto al orden del adversario como a los crecientes nervios propios, que la impaciencia de la grada no hizo sino acrecentar. Marcos Vales, que se empeñó sin éxito en buscar el centro para intentar el disparo, no mejoró por la derecha lo poco, poquísimo que había hecho Gallardo. Pero a falta de cabeza, en el Sevilla había empuje para acosar al rival. El partido se descontroló y las ocasiones de gol continuaron, pero ahora para los dos. Los mayores sustos que tuvo que soportar Notario se los proporcionó su ex compañero Fredi, pese a no cuajar precisamente un partido completo frente al titubeante Daniel Alves. El asturiano, todavía perteneciente al Sevilla y cedido al Murcia, puso un centro que estuvo cerca de convertir el gol el delantero Luis García, muy poco antes de encontrarse con un mano a mano ante Notario que resolvió el portero sevillista.

Para entonces ya estaba en el campo Antoñito y también entró Baptista en busca de mayor proyección ofensiva de la que aportaba Casquero. La entrada del brasileño «soltó» a Martí, que en el tramo final del partido fue de los pocos, por no decir el único futbolista del Sevilla con la cabeza fría para intentar superar en jugada a la defensa visitante. Hubo más ocasiones, fabricadas sobre todo por un Reyes que falló mucho sin que ello le impidiera tirar del equipo y crear peligro, pero ahora le tocaba fallar a Antoñito.

El del Polígono estrelló contra el portero, con el balón botando, un pase perfecto de Reyes. A la segunda tampoco fue, porque Antoñito remató de forma ridícula, a las manos de Juanmi, una jugada que había conducido brillantemente con el apoyo de Reyes. A la tercera, tampoco, porque se le cruzó un defensa en su camino hacia el gol. Fue a la cuarta y con el descuento casi agotado. Con la ayuda del incordio de Darío. Con rebote previo. Con la explosión de alegría que da convertir un punto en tres cuando ya nadie lo espera.

Ficha técnica

1 - Sevilla FC: Notario; Daniel Alves, Pablo Alfaro, Javi Navarro, David; Gallardo (Marcos Vales, m.46), Casquero (Julio Baptista, m.65), Martí, Reyes; Carlitos (Antoñito, m.60) y Darío Silva.

0 - Real Murcia: Juanmi; Maciel, Ibán Cuadrado, Roteta, Carreras; Juanma, Roberto (Clavero, m.89), Michel, Jensen (Acciari, m.57), Fredi (Richi, m.77); y Luis García.

Gol: 1-0, M.94: Antoñito.

Arbitro: Alfonso Pérez Burrull (Cántabro). Amonestó a los locales
Reyes (m.44), Antoñito (m.67) y Martí (m.78) y al visitante Juanma(m.69).

Incidencias: Partido disputado en el estadio Ramón Sánchez Pizjuán ante unos 35.000 espectadores. Terreno de juego en irregulares condiciones.

 

 


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