Ferran Adrià: «Siempre quiero que pierda el Madrid»
Hinchas
Hace unos años, decidió cambiar los fogones por la difusión de la cocina, una pasión sólo comparable con la que siente por el Barça
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Hace ya 14 años, con 'El Bulli' considerado el mejor restaurante del mundo en cinco ocasiones, Ferran Adrià (L´Hospitalet de Llobregat, 1962) decidió cambiar los fogones por la difusión de la cocina, una pasión sólo comparable con la que siente por el Barça.
—No ... debió ser fácil decidirse entre el fútbol y la cocina. Porque usted… fue futbolista.
—Jugaba en el Santa Eulàlia. Trabajaba como friegaplatos. Un día, tuve que optar entre trabajo o fútbol. Le pregunté al entrenador y me dijo que como futbolista no iba a llegar lejos. Aquel día aprendí algo para toda la vida: que uno no es lo que cree que es, si no lo que los demás dicen que es.
—Pues algún caso tenemos en el fútbol que apunta a lo contrario.
—Un día vino Xavi con Messi, se lo comenté y me dijo que, siendo cierto, uno puede trabajar para que se cambie de opinión.
—Dígame, ¿tienen mucho en común la cocina y el fútbol?
—Depende. Los mejores futbolistas cobran mucho más que los mejores chef y trabajas 10 horas de pie. Día y noche. A un campo de fútbol van 100.000 personas y a un buen restaurante, 50. Eso sí, si uno quiere llegar a la excelencia, necesitas algo común: la pasión, incluso la obsesión, el esfuerzo, el talento.
—¿Esa es la clave del éxito del Barcelona, además de tirar bien la línea del fuera de juego?
—Cuidado con eso, que lo que vale son los títulos. Esta entrevista no sería la misma si el equipo pierde dos partidos. Hemos empezado bien, pero hay que ir con humildad, que esto es largo. Es muy interesante que haya tantos jugadores de la cantera. Como en la era Guardiola. Pero veremos si Lamine es Messi, si Casadó es Xavi y si Pedri es Iniesta.
—Flick les ha convencido de que lo son.
—Flick me gusta porque es serio y no monta shows. Pero el fútbol es todo emoción y las emociones son traicioneras. Pasas de ser un dios a lo contrario. Como culé estoy contento, aunque he aprendido a tener paciencia. Estamos empezando un ciclo.
—¿Con quién se queda de este BarçaTeen?
—Lo que está haciendo Lamine no lo hizo a su edad ni Messi, que para mí es el más grande. Hay que esperar, pero ser nombrado el mejor joven en la gala del Balón de Oro y el octavo mejor jugador del mundo, con 17 años es una locura
—Hablando del Balón de Oro, ¿qué le pareció que se lo llevara Rodri?
—Fantástico. Se lo merecía. Y para el fútbol español es tremendo. A mi juicio, se le ha dado poca importancia. Tener el Balón de Oro femenino y el masculino españoles es brutal.
—A Vinicius no le entusiasma tanto.
—Esto es como la guía Michelin o como la lista de los 50 mejores restaurantes del mundo. Si tú tienes tres estrellas, la guía es fantástica. Si no tienes ninguna, no vale para nada. Y lo que no puede ser es que tu opinión cambie si te la dan o no. Pero ¿por qué tenía que ganar Vinicius? Eso se vota.
—Deduzco que no entendió el enfado del Madrid.
—Lo he encontrado un poco absurdo. El Madrid es un equipo con señorío.
—¿Qué tipo de aficionado culé diría que es usted?
—Me encanta que gane el Barça, pero si pierde duermo. Sin fútbol se puede vivir. Es un hobby, aunque siempre quiero que pierda el Madrid. Esta rivalidad tan maravillosa es una suerte. Sin el Madrid y el Barça, el fútbol no sería igual.
—Muy bonita la rivalidad, pero usted se negó a abrir un restaurante en el Bernabéu.
—Había una parte que, siendo culé, no me resultaba fácil. En el City no hubiera pasado nada, pero en el Bernabéu... También es cierto que ya me estaba retirando.
—¿Por eso no iban los jugadores del Madrid a 'El Bulli'? ¿Por el ojo por ojo?
—Alguno vino y le atendimos bien. Pero si no reservabas con tiempo ya te podías llamar como te llamaras. Había una demanda de 2 millones de personas.
—La misma que para los del Barcelona y sí le visitaban.
—El único que siempre tenía mesa seguro era Cruyff. Le admiraba mucho. Es el Steve Jobs del fútbol. El único que ha sido grande jugando y entrenando. Y cambió el fútbol.
—Nunca hubiera dicho que a un jugador le guste más un plato creativo que un filete.
—Ahora van más a restaurantes creativos que hace 30 años. Antes, siempre iban al asador. Ahora, se reparten
—¿Quién diría usted que es el que más interés mostró por su propuesta gastronómica?
—'El Bulli' no era un restaurante de famosos. Los famosos no reservan con un año de antelación. Pero de los que venían, por ejemplo, a Pep Guardiola le gusta mucho comer. Xavi, Txiki Beguiristain. A Johan le empezó a gustar la gastronomía al final. Y a quien también le gusta comer es a Messi
—Si me lo puede contar, ¿qué le solía dar de comer al crack argentino?
—Un día cocinamos una escalopa napolitana, que es el plato que más le gustaba, con tomate y queso. Nos lo pasamos pipa y fue muy bonito. Le admiro como futbolista y como persona. Tiene una estructura intelectual enorme. Pep lo definía muy bien: la diferencia entre Messi y el resto del mundo es que él ya ve lo que va a pasar antes de que le llegue el balón.
—Vale usted un potosí, ¿no le han ofrecido formar parte de una directiva o a usted proponerlo?
—Con Laporta, Guardiola y Txiki tenía muy buena relación. Yo les podía ayudar, pero uno tiene que saber sus límites. Fuera de gastronomía no puedo aportar mucho. Llevo la bandera del barcelonismo por el mundo y así aporto, de otra forma. Mi ego lo tengo cubierto. No me hace falta ser directivo. Tengo mucho respeto por lo que no sé hacer.
—Pues usted da clase hasta de educación financiera. Igual les iba hasta bien.
—No sé cómo está el Barça en ese aspecto, pero me gustaría saber también cómo está el Madrid, que del Madrid se habla poco a nivel financiero, pero he leído que tampoco es tan maravilloso. Al final, no es lo que ganas, si no lo que debes. La deuda del Barça es descomunal. La mayoría de clubes están mal. Los grupos de inversión no los compran por lo que ganan. Los compran por lo que pueden revalorizarlos.
—En definitiva, que a usted le gusta el fútbol, pero no los líos.
—A mí me gusta el Barça. También veo al City, ahora, porque está Pep. Pero no veo otros equipos. Raramente. A la selección, si acaso.
—Cierre a lo grande, ¿el mejor partido que ha visto en su vida?
—La final del Mundial de Qatar. Fueron seis goles más los penaltis. No hay nada mejor que una final de un Mundial y que, además, sea un Francia-Argentina tan disputado.
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