En España hay casi 8 millones de pensionistas. Un 31% recibe complemento para llegar a las prestaciones mínimas, entre 650 y 420 euros. Muchos tienen que hacer malabares para llegar a fin de mes.
«Con 500 euros al mes vivo para no vivir»
Antonia Pinilla sabe bien lo que es administrar hasta el último céntimo día a día. Vive mensualmente con 500 euros que le quedaron de la pensión de su difunto marido. «Al principio me daban 300 euros y me ha ido subiendo en diez años. Si tuviera que vivir ahora con 200 menos, no sé qué iba a comer», comenta mientras levanta la bolsa con comida que ha adquirido en el mercado.
Antonia tiene tres hijos. Cada uno vive por su cuenta, pero ha tenido que cuidar de su nieta durante toda la vida. «Ahora se ha ido a vivir con su madre. Me gusta que esté conmigo, pero con dos bocas es complicado llegar a fin de mes», lamenta. La viuda, de 72 años, lleva un abrigo marrón guateado. El aspecto apelotillado y roído del mismo delata que lleva muchas temporadas cubriendo a su dueña. «¿Comprar ropa?, si no tengo ni para tener calefacción», comenta. La viuda vive en un piso de 55 metros cuadrados de San Blas (zona este del municipio de Madrid). Acostumbrada a lidiar con la escasez, acomete diariamente rutinas que le ayudan a no tener que pedir dinero ni a sus propios hijos. «Cuando estoy en casa, no enciendo la luz. Mi hijo me dice que es malo para la vista, pero peor es un recibo elevado», dice con seguridad. En invierno utiliza una estufa eléctrica para toda la casa. «Sigue haciendo frío, pero si estoy en el sofá me pongo la bata y me echo una mantita encima. En la cama, mucha ropa». Las contrataciones ilegales de Antonia han hecho que no alcance el mínimo cotizable para cobrar pensión. «Vivo para no vivir», dice con voz queda. De repente, empieza a echar cuentas de recibos: «Luz, teléfono, comunidad, agua, ahora encarecen el billete de bus, y encima, la nueva tasa de basuras. ¿Ahorro, qué es eso?», se pregunta ensimismada.
Concha Blázquez, de 78 años, es otra pensionista que cobra cerca de 800 euros al mes. A diferencia de Antonia tiene a dos hijos mayores en su casa. El hijo no trabaja y la hija, de 51 años, es minusválida debido a una poliomielitis. «Mi hija no recibe prestación por invalidez. Llegamos porque el piso está pagado, pero sin salirse de la raya», cuenta. Juana López también es viuda. Tiene 75 años. Recibe poco más de 600 euros mensuales. «Además de recibos, tengo que pagar una hipoteca de 250 euros. Todos los meses me tienen que fiar» dice enervada.
Estas mujeres pueden ser el espejo donde se vean reflejados parte de los más de dos millones y medio -según datos del Instituto Nacional de la Seguridad Social que ayer hizo públicos- de pensionistas españoles que cobran prestaciones mínimas (de entre 651 y 421 euros). Para muchos, como Juana, su máxima aspiración es «cobrar la paga para poder respirar».

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