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Esta semana se celebra en Madrid el IV Seminario Internacional sobre Antisemitismo organizado por la Federación de Comunidades Judías de España que preside Isaac Querub y en el que participo en una mesa redonda que tratará del tema de la lucha contra el antisemitismo y los delitos de odio. Pero en esta columna voy a referirme sólo a lo primero. Acabo de leer en «Raíces, revista judía de cultura» un espléndido análisis del psicoanalista y ensayista Arnoldo Liberman sobre la cuestión. El psicoanálisis le da siempre un toque lúcido a estos temas.
El autor se pregunta sobre las razones por las que Israel es odiado al sostener valores de humanidad y libertad rodeado como está de tiranías crónicas y sangrientas. En Egipto acaba de haber una espantosa matanza de civiles por el ejército que sustituyó a Mubarak. Siria está en guerra civil y los muertos asesinados por el régimen se cuentan por millares. El final de las tiranías libia y tunecina ha sido muy sangriento. ¿Dónde está esa «nueva izquierda con su rancio tufillo estalinista»?, se pregunta Liberman. Esa nueva izquierda es la que ha convertido en legítimo el antisemitismo, responde. Ni una sola manifestación encabezada por Llamazares o Cayo Lara contra todas las tiranías del medio oriente o del norte de África. No aceptan, incluso, sentarse a dialogar con el Embajador de Israel, pero sí organizan manifestaciones agresivas cuando en Israel, en defensa propia, muere algún palestino cuyo grito de guerra es la aniquilación del Estado de Israel. No se trata, pues, del derecho de los palestinos a tener su propio Estado o al retorno a las fronteras anteriores al 67, o la doble capitalidad de Jerusalén, o el derecho de los asentamientos, no, no se trata de eso. El antisemitismo de hoy, azuzado por la izquierda más rancia, no critica esta o aquella política de Israel, sino que preconiza la desaparición de Israel.