¿Qué ha hecho Hamás por los derechos de la mujer palestina?
Las leyes aprobadas en España en favor del aborto, los gais y los transexuales le valdrían a sus responsables la prisión permanente en Gaza
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Desde la Carta Política de 1988, en la que definía el gran papel de la mujer musulmana en la «manufactura de hombres, y en la guía y educación de las nuevas generaciones», el recorrido del movimiento islamista Hamás, que gobernó desde 2007 hasta la actual guerra en la franja de Gaza, ha conocido un interesante tránsito hacia declaraciones más acordes con los tiempos en Occidente.
Algunas mujeres entraron en el Parlamento de Gaza, se les concedió un ministerio, y se espoleó el activismo de base de mujeres militantes de Hamás, para dar al partido fundamentalista una estampa más amable en el exterior; particularmente, de cara a los partidos de la izquierda europea y norteamericana, que están desde el principio entregados a su causa.
En el terreno interno, más allá de la propaganda, las normas que durante estos dieciséis años en el poder legisló Hamás se ajustan estrictamente a su condición de movimiento integrista, con una interpretación radical de la Sharía -la ley islámica- que le aproxima al modelo saudí.
En otras palabras, las leyes de las que la exministra de Igualdad de Podemos, Irene Montero, se siente más orgullosa -la ampliación del aborto, las libertades sexuales, la ley LGTBI y Trans- serían suficientes para que el Tribunal de Justicia de Gaza, que controla Hamás, la condenara a prisión permanente en la Franja.
Hace dos años, el diario de la izquierda británica 'The Guardian' se escandalizó cuando la Justicia gazatí decretó que toda mujer que quisiera viajar fuera o dentro de ese territorio debería contar con un permiso expreso de su 'guardián varón', su marido o algún pariente en caso de ser soltera.
La falta de libertad de movimientos no es más que una de las limitaciones que sufre la mujer musulmana, dentro de un régimen fundamentalista. En Gaza, como en tantos lugares donde gobierna el islamismo radical, son aún más gravosas las leyes del matrimonio: el varón puede divorciarse sin trabas y la esposa debe en cambio pagar por romper el vínculo; en ese caso, la custodia de los hijos es siempre para el varón; el adúltero tiene una pena de prisión de 6 meses, frente a los dos años que recibe la adúltera; por no mencionar el sangrante caso del matrimonio con niñas: el 29 por ciento de las jóvenes que se casan en Gaza son menores de 16 años, y un 13,4% no llegan siquiera a los 15 años.
En materia judicial, el testimonio de un varón equivale al de dos mujeres. Ellas tienen prohibido, además, conducir motos. El código de 'modestia' establecido por Hamás establece la obligatoriedad del uso del velo en lugares públicos, y normas pintorescas como la prohibición de que varones trabajen en peluquerías de señoras.
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