LAPISABIEN
Un Madrid de 'solateras'
Lleva un peine, un anillo y un teléfono coetáneo a los celulares de los que traían el juego de la serpiente
Suplemento musical
Ahora lo veo claro. El madrileño solitario, viudo, quizá ni nacido en Madrid con el peluquín, yendo y viniendo, viniendo y yendo, y gastando unos zapatos cómodos y carpetovetónicos. A la rasca hace como que fuma, por ver el jaleo de la calle y ... ponerle una sonrisa. Que nació en Asturias lo sabe hasta el Tato pero él es feliz creyéndose de los 'Carabancheles'.
Con su peluquín teñido, que existen, creo, o él se 'los existe'. Con ese paso cojitranco se abre a la ciudad; y la ciudad se abre a él. Va de asturiano de rancio abolengo. Eso sí, a la hora del anís y cuando, de higos a brevas, sale el tema del carbón.
Pero lo mollar aquí es que después el peluquín con tinte se va desmadejando y decolorando, como el sol que destiñe a la falsedad beatífica de estos días que no son ni fríos ni días (sic) de Madrid.
Estar, está nuestro amigo siempre está como fumando con abrigo de borrego: ya sea en las latitudes bigotudas del Ñeru como en los paseos solitarios por Rosales, que nos ha salido andarín.
Es el madrileño solitario que busca la conversación como Jesús buscó a sus discípulos: uno por uno y con capacidad de convicción.
Quizá un paisano, con mono azul, le invite a algo y al año siguiente vuelvan a hablar de lo mismo sin acordarse uno del otro. Hay momentos que baja a por el segundo café, y la hora tonta de la siesta la pasa dividiendo Asturias en oriente y occidente con uno de León, que es algo que no se ha estudiado bastante cuando se pega la oreja en Madrid.
Mas Luperco Méndez Garcinuño, llámese así, cuando ya va viendo que la soledad lo abate y entran universitarios a por tabaco en los sitios donde busca compañía, los distrae como un faquir. Con trucos que lleva haciendo desde el comisario Villarejo jugaba al zapatófono.
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Eructa con un Zippo en esa tierra de nadie entre la puerta del bar y la ciudad, el mundo. Y combustiona. Si lo hubiera conocido Ángel Cristo...
Está solo en Madrid. Lleva un peine, un anillo y un teléfono coetáneo a los celulares de los que traían el juego de la serpiente.
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