Evidentemente, sí
Hacia un nuevo desafío al Estado: no es PNV o Bildu, es PNV y Bildu
La derecha nacionalista quiere desafiar al Estado y sabe que cuenta con la fortaleza de los 'abertzales' y la debilidad de Sánchez
El País Vasco vota, Cataluña mira y Sánchez saca la calculadora

Es la primera vez que Bildu aspira a ganar. Esto, y sólo esto, es un cambio de paradigma en la política española. Es un hecho incontestable, con muchas connotaciones, algunas muy tristes. Si usted ha leído el ABC la última semana, habrá encontrado un ... relato editorial que va de la desesperanza que traslucía la entrevista a Ana Iríbar, la viuda de Gregorio Ordóñez, a la esperanza de ver que hay jóvenes dispuestos a meterse en política precisamente por preservar su legado y pese a ser conscientes de que por eso van a ser señalados. No asesinados, eso ya no pasa, pero sí estigmatizados. Por eso hoy es importante votar y no caer en la melancolía.
Además de la previsión del tiempo, lo primero que hay que mirar este domingo electoral es la participación. Si es alta, por encima del 65 por ciento, beneficia el PNV; si es baja, en el entorno del 60 por ciento, le viene bien a Bildu. Este punto de partida, que es mayoritariamente compartido por los expertos, se debe a que el votante de Bildu está hipermovilizado, mientras que el del PNV no lo está del todo, y tampoco los del PSE y el PP, al menos hasta que el candidato de Bildu elevó una campaña sosa que le beneficiaba a la categoría de portada de los medios nacionales. Veamos.
El ciclo electoral permite concluir que el votante de izquierdas está cada vez más despegado de las siglas: vota al que en este momento considera mejor, ya sea por el candidato (Ana Pontón en Galicia), por la marca (Bildu blanqueado en el País Vasco), por castigo (contra Sumar y Podemos) o por desgaste (el PSOE). Sí, parece increíble que votantes moderados, clásicos socialistas, sean capaces de irse a candidaturas radicales, pero está pasando. Amables y educados, como Pontón, y con camisa y americana, como Pello Otxandiano, pero de izquierda radical. Y en el caso de Bildu, prisioneros de su pasado.
Por eso ha sido tan importante el error del candidato de Bildu el pasado martes, cuando mostró en la radio su auténtica cara, la de criatura de Arnaldo Otegi, la de tipo de Sortu, la de ese sector de Bildu que sigue atrapado en no llamar terrorista a ETA ni pedir perdón ni colaborar con las víctimas. Porque, como dicen con maldad sus adversarios, «este era de los del pasamontañas».
El error de Otxandiano fue decir la verdad y eso fue un punto de inflexión de la campaña, porque hasta ese momento media sociedad vasca no estaba aún enchufada. Y sí, visto desde una perspectiva autonómica, estas elecciones van de PNV o Bildu. Para gobernar tiene más cartas Pradales que Otxandiano porque Pedro Sánchez así lo prefiere y el PSE hará lo que diga Ferraz. Si el PNV suma con los socialistas, la cuestión está zanjada porque Sánchez dará orden de trasladar al Parlamento vasco su pacto municipal, foral y nacional con los nacionalistas vascos. Si no suman, ya veremos porque eso supondrá probablemente que ha ganado las elecciones Bildu y además dará una oportunidad de influir al PP de Javier de Andrés. Ese es un escenario interesante y con réplicas directas en Madrid.
Si usted ha leído el ABC esta semana, también habrá visto que el PNV tiene un plan ambicioso y calculado para cambiar el estatus del País Vasco, su relación con el Estado. La parte buena es que los nacionalistas vascos no son tan brutos como los nacionalistas catalanes, y por eso Imanol Pradales explicó a nuestros lectores con todo lujo de detalles que su estrategia es hacerlo siguiendo los cauces legales. Y esto implica que necesita apoyos en las Cortes para que se valide lo que él apruebe con Bildu en Vitoria.
Por eso, si atendemos a España y a la Constitución, estas elecciones no van de PNV o Bildu, sino de PNV y Bildu, porque juntos van a poner en marcha un nuevo desafío al Estado para alcanzar la bilateralidad. Eso no tendría mayor recorrido, como el plan Ibarretxe en 2005, si no fuera porque en La Moncloa hay un inquilino que los necesita a ambos. Sabemos que en el acuerdo de investidura de Sánchez con el PNV hay una voluntad de darles apoyo. ¿Qué hay en el acuerdo oculto con Bildu? Lo desconozco, pero quien no quiera un nuevo desafío a la Constitución debe pensarse muy bien su voto y no olvidarse de que el plan del PNV cuenta con la fortaleza de Bildu y la debilidad de Sánchez.
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