Luis Ojea - La semana
Cuestión de prioridades
El gobierno de Sánchez opta por las luces cortas. Primar, sin pudor, a comunidades de alto valor para su supervivencia política, aunque ello implique una estrategia ineficiente desde el punto de vista económico
Cantaba Sabina aquello de « ruido, mucho, mucho ruido ». Y sí, vivimos un tiempo de mucho ruido. En todas las esferas, pero especialmente en la política. Tanto que dificulta en ocasiones prestar la atención necesaria para discernir entre lo trascendente y lo meramente impactante.
Hace ya un tiempo N. Ferguson advirtió que «ya no vivimos en una democracia, vivimos en una emocracia, en la que las emociones mandan más que las mayorías y los sentimientos cuentan más que la razón». En ese nuevo modelo encaja el tacticismo con el que opera la izquierda . Regate corto y toque, sin profundidad en el juego. Con una única estrategia de largo alcance, la distorsión deliberada de la realidad para distorsionar las prioridades de la opinión pública. La posverdad, reenfocar el interés del público hacia escenas de alto impacto emocional, pero intrascendentes.
Con esa premisa saltan al campo en cada partido . Mientras los espectadores discutan si la arriesgada apuesta de Iglesias de dejar la vicepresidencia del gobierno y competir en las elecciones madrileñas tiene más de Baron Noir o de Borgen no estarán evaluando su nula gestión de las residencias durante la pandemia. Mientras se debate sobre si la política española tiene giros de guion semejantes a las series de Netflix o HBO la sociedad se olvidará de que hay 4 millones de parados y otros 900.000 trabajadores están en ERTE.
Sí, como apuntó J. Carville, estratega en la campaña de Clinton del 92, «es la economía, estúpido». Esa es la clave de bóveda. La reconstrucción tras la pandemia . Qué se prioriza, cómo, dónde y con qué intensidad. Los fondos europeos representan una oportunidad. No ya tanto para suturar las heridas provocadas por la Covid, sino para relanzar y reequilibrar el desarrollo industrial.
Pero, una vez más, en esta encrucijada crítica el gobierno de Sánchez opta por las luces cortas. Primar, sin pudor, a comunidades de alto valor para su supervivencia política, aunque ello implique una estrategia ineficiente desde el punto de vista económico. El anuncio de una fábrica de baterías en Cataluña es el ejemplo paradigmático. Se anuncia sin siquiera evaluar el proyecto promovido por Galicia . Sin siquiera explicar en qué criterios han basado la decisión.
Es cuestión de prioridades. Y la prioridad de Sánchez es garantizar su supervivencia en la Moncloa. Para ello cederá -ahora y siempre- ante las exigencias del independentismo catalán y vasco . Eso sí, intentando que ello le penalice lo menos posible en el resto del país. Por eso promueve el ruido. Mientras los espectadores revisitan House of Cards en busca de semejanzas con la última majadería de la política nacional no se encabronan con el torticero sistema ideado por este Gobierno para repartir los fondos europeos de recuperación.
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