Perfil
Edmundo Bal, el escudero que quiso ser caballero
El abogado del Estado, que desafió a Inés Arrimadas por el control del partido, sopesa ahora su futuro tras renunciar a las próximas primarias
El portavoz adjunto de Ciudadanos en el Congreso prepara su adiós a la política

Cuatro años en política son una vida. Y eso lleva ya Edmundo Bal (Huelva, 1967) siendo uno de los rostros más reconocibles de Ciudadanos (CS). El abogado del Estado, fichaje estrella de Albert Rivera en las elecciones generales de abril ... del año 2019, vive los que pueden ser sus últimos meses en una profesión a la que llegó por vocación de servicio, tras ser cesado por el Gobierno de Pedro Sánchez en la causa del 'procés'.
La historia se repite y ahora, en cierta manera y salvando las distancias, se siente otra vez relegado; marginado. En 2018 se negó a estampar su firma en un escrito de acusación en el que le exigían retirar todas las alusiones a la violencia que rodeó al proceso separatista en el otoño de 2017. Y el pasado diciembre, Inés Arrimadas le pidió que los dos formasen parte de una lista en la que ella daba un paso atrás, pero con la sartén por el mango en el Congreso, siendo la portavoz parlamentaria.
«Si me ponen delante el escrito de acusación del 'procés', que dice que el 1-O no hubo violencia, digo que no lo firmo; y si me ponen delante un modelo de partido donde dicen que nos quedamos en el Congreso mandando sin que nadie nos elija y siendo otros los que se van a comer los marrones, también digo que no», afirmó Bal ese mes, en una entrevista en ABC, preguntado por la oferta que le hizo Arrimadas para retirar su candidatura en las primarias de Ciudadanos.
Amante del rock, muy fan por ejemplo de Loquillo, el año pasado asistió a la despedida de un grupo de la talla de Siniestro Total. El nombre de la gira parecía casi un guiño burlón al abogado del Estado y diputado, entremezclado en el público. 'El último concierto. 40 años sin pisar la Audiencia Nacional'. Bal no lleva tanto sin pasar por ella, pero pronto quizá dé su particular último 'show' en política para regresar a la Abogacía del Estado o explorar ofertas en la esfera privada.
Hace unos meses, estaba decidido, resuelto, a enfrentarse a las primarias de CS para elegir al candidato a las elecciones generales, se presentase quien se presentase. Algo ha cambiado ahora, como publicó este viernes ABC en su web, porque el portavoz adjunto de CS en el Congreso ha decidido no medirse a ningún candidato que promocione la actual dirección de Adrián Vázquez y Patricia Guasp.
De la gloria al infierno
Ni siquiera él, aficionado del Atlético de Madrid y curtido en la asignatura del sufrimiento, está dispuesto a afrontar ese «calvario» de luchar de nuevo, en esa batalla de David contra Goliat, por imponerse al aparato de su formación. Su trayectoria en política es el paso de un repentino éxito, con los 57 escaños de aquel lejano y efímero 28A, a una larga travesía por el desierto, en la permanente búsqueda de un oasis salvador, del jardín del Eden.
Bal fue una de las tres grandes incorporaciones de Rivera –junto a Marcos de Quinto y Sara Giménez– en su particular intento de asaltar el Palacio de la Moncloa y dar el famoso 'sorpasso' al PP de Pablo Casado. En su primera campaña electoral, lejos del cliché de seriedad que se le presupone a un hombre de estudio capaz de recitar leyes de memoria, sorprendió por su desparpajo y sus dotes mitineras.
Tuvo tiempo de subirse a la moto y de lucir su chupa, de explicar su purga en la causa del 'procés' en un carrusel de entrevistas y de desmelenarse en los escenarios de la campaña, en los que confesó sentirse como una estrella de esas a las que él admiraba desde adolescente. Si él, en aquellos años, discutió de política con su padre, desde su salto a CS, en el lejanísimo 2019, le ha tocado invertir papeles y confrontar ideas con su hijo pequeño, también Edmundo, disconforme con su abrazo a «un partido de derechas».
Rivera recompensó a Bal con un puesto en su dirección ampliada, pero su papel en CS no cobró verdadero peso hasta que Arrimadas lo metió en su Comité Permanente y lo nombró su número dos en el Congreso. Durante las bajas de maternidad de la expresidenta de CS, de hecho, fue Bal quien asumió las riendas de la formación. En su ausencia fue clave, por ejemplo, en las negociaciones de varios de los estados de alarma por el Covid-19.
De mano derecha a rebelde
Bal se ganó a pulso la consideración de «mano derecha» de Arrimadas y, tras la fallida moción de censura en la Región de Murcia, fue ascendido a vicesecretario general del partido. Ya oficialmente, el número tres. El «fiel escudero» de Arrimadas, como se definió a sí mismo en agosto del 2022, quiso no obstante ser caballero cuando vio que su líder, pese a los sucesivos reveses electorales y la creciente contestación interna, buscaba mantener un protagonismo que, para Bal, era y es perjudicial para CS, un partido tocado de muerte, desde hace dos años, en las encuestas electorales.
Bregado en tantas y tantas cuitas, desde su trabajo como abogado del Estado en la Gürtel hasta las varias causas contra futbolistas por sus conflictos con Hacienda –Falcao, Marcelo, Cristiano Ronaldo, Pepe...–, pasando por el accidente de Spanair, Jordi Pujol, los controladores aéreos..., quienes lo conocen destacan de él su energía, su alegría y su inmensa capacidad de trabajo. Alérgico a las vacaciones –alguna discusión le ha costado en estos años atender llamadas de periodistas cuando se suponía que estaba desconectando de refriegas políticas–, ahora valora qué hará cuando termine la legislatura, dentro de unos meses, si como todo parece indicar CS no obtiene representación parlamentaria.
En despachos privados, con su trayectoria, formación y prestigio, «podría forrarse», según comentan fuentes de su entorno en conversaciones informales con ABC. Pero otra opción es escuchar las palabras de su difunto padre, Jesús Bal Piñeiro, responsable de meterle a Edmundo, el escudero que quiso ser caballero, la idea de aspirar a una de las oposiciones más duras y complicadas en España: «Tú tienes que ser abogado del Estado».
Incombustible e inasequible al desaliento, Bal comienza no obstante a sopesar su futuro, consciente del precipicio ante el que se sitúa CS. Fuentes de su máxima confianza subrayan que «no ha bajado los brazos» y «nunca lo hará» pese a su decisión de no concurrir a las próximas primarias de los liberales. Pero con los sondeos en la mano, hasta el número uno de la lista tendrá difícil seguir en política.
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