
Diez cosas que debes saber sobre la Super Bowl XLVII
Baltimore Ravens y San Francisco 49ers disputan este domingo un partido que paralizará Estados Unidos
Actualizado: GuardarBaltimore Ravens y San Francisco 49ers disputan este domingo un partido que paralizará Estados Unidos
12345678910El mayor evento del año en Estados Unidos
Los cascos de los Ravens y 49ers, junto al Vince Lombardi - AFP Aunque su impacto sea limitado en el resto del planeta, nada compite con la Super Bowl en Estados Unidos. Ni como evento deportivo ni como espectáculo. El gran partido que corona cada año al rey del fútbol americano dobla con inmensa facilidad los números de audiencia en televisión de eventos de gran impacto mundial como la gala de los Oscar o los premios Grammy. La Super Bowl está a otro nivel: el año pasado la cifra de personas que en algún momento conectó con el partido (159,2 millones) superó con holgura el total de votos emitidos en las elecciones presidenciales (129 millones).
Las cifras del evento marean porque el fútbol americano no conoce competidor en Estados Unidos. Es el deporte favorito allí desde hace 47 años: la NFL dobla la popularidad del béisbol y cuadriplica la de la NBA. Tampoco existe batalla en la pequeña pantalla: 31 de los 32 programas más vistos en la televisión estadounidense desde que empezara la temporada han sido partidos de «football».
La predilección del público por la Super Bowl se refleja en datos muy variopintos. Como que la semana del partido se venden 1,5 millones de televisores o que cada año es el fin de semana -el partido siempre se disputa el primer domingo de febrero- con menos bodas. Nadie quiere perderse el partido.
Los números también son aplastantes en los estadios. Sin alcanzar el récord, este año la media de 65,075 espectadores supera con creces los 44.293 aficionados por partido de la aclamada Bundesliga y duplica la del fútbol español, que la pasada temporada dejó una media de 26.050 asistentes.
El reinado del fútbol americano acaba en la misma frontera del país, aunque la NFL trabaja desde hace años en la expansión internacional para conquistar seguidores por todo el globo: cuestión de beneficios. El éxito es relativo: las entradas para el partido que se disputa anualmente en Inglaterra se venden como rosquillas pero la audiencia televisiva en países como España es todavía menor, de ahí que el producto se venda a precio de saldo a través de internet.
Principios básicos para seguir el partido
El terreno de juego mide 120 yardas de largo por 53 de ancho - REUTERS A primera vista el fútbol americano parece un deporte muy complicado. Sin duda, lo es, pero con un par de principios básicos se convierte en un espectáculo sencillo de seguir especialmente a través de la televisión, también para el que se acerca por primera vez a ver un partido. Para empezar, igual que en el fútbol, siempre hay 11 jugadores por cada equipo durante el partido. La diferencia es que las plantillas se dividen entre ataque, defensa y jugadas especiales, lo que conduce a vestuarios de más de 50 personas.
El juego consiste en llevar el balón, que tiene forma ovalada, al otro lado del campo, a la «Endzone» para conseguir un touchdown. Para ello el equipo atacante dispone de cuatro oportunidades (o «downs») para avanzar 10 yardas (9,144 metros). Este sistema sirve para nombrar las jugadas: 1ª y 10 significa que es la primera oportunidad de las cuatro y el equipo debe avanzar todavía diez yardas; 2ª y 3 define que el equipo está ante la segunda jugada del ataque y tiene que avanzar tres yardas más.
Los ataques se dividen entre jugadas de pase en las que el quarterback lanza el balón a un receptor de su equipo o acciones de carrera en las que un running back intenta avanzar con el balón en su mano. Si se agotan esas cuatro jugadas sin anotar el equipo rival recupera el balón desde la posición donde se encuentre el balón, de ahí que la cuarta jugada se utilice a menudo para alejar lo máximo posible el balón.
Además del touchdown se puede anotar con un field goal, una especie de jugada a balón parado en la que un especialista (kicker) patea el óvalo con el objetivo de dirigirlo entre los postes amarillos en forma de «U» que hay a cada lado del campo. Si acierta el equipo suma tres puntos frente a los seis que supone un touchdown, que da derecho a una acción adicional en la que el equipo atacante puede elegir patear a palos para sumar un punto más o intentar llevar el balón a la zona de anotación para sumar dos.
Todo esto se desarrolla en un terreno de juego que mide 120 yardas de largo y 53,3 de ancho, es decir, el campo es más alargado y estrecho que en el fútbol. Pero la principal diferencia con el fútbol es, sin duda, el tiempo. Cada partido se divide en cuatro cuartos de 15 minutos, pero el cronómetro se puede detener por varias circunstancias. De hecho, el reloj está más tiempo parado que en marcha. La acción se concentra en jugadas de enorme tensión de apenas 15 segundos en la que cualquier cosa es posible.
Siete árbitros controlan lo que sucede sobre el campo. Tienen potestad para señalar infracciones y detener jugadas lanzando a la hierba un pañuelo amarillo. Desde hace más de una década las acciones más controvertidas se pueden revisar a través del vídeo: cada entrenador dispone de dos oportunidades por partido (si la acción no cambia tras la revisión su equipo pierde un tiempo muerto) y los árbitros pueden hacerlo en un amplio número de acciones. La jugada solo puede cambiar de sentido si el colegiado principal observa una «evidencia visual incontestable» después de ver varias tomas durante 60 segundos. El propio árbitro explica su decisión a todo el estadio a través de un micrófono.
La fiesta regresa a Nueva Orleans
El Mercedes-Benz Superdome, adornado para la ocasión - efe El partido del año carece de sede fija. El espectáculo se mueve a lo largo y ancho del país, incluso en estadios donde no juegan equipos de la NFL, aunque la realidad demuestra que la mitad de las Super Bowls se han disputado en Miami, Los Ángeles o Nueva Orleans, la agraciada este año. El escenario es elegido con varios años de antelación por los propietarios de los equipos de la NFL.
Las entradas más baratas de la Super Bowl cuestan 800 dólaresEl espectáculo de la Super Bowl regresa a Nueva Orleans siete años después del huracán Katrina, que arrasó el este de la ciudad y se llevó por delante la vida de más de 1.500 personas solo en el estado de Louisiana. El estadio Superdome fue un símbolo de aquella tragedia. Se utilizó como «refugio de último recurso» para cerca de 20.000 personas que no pudieron salir de la ciudad antes del paso del huracán, que dañó parte de la cubierta del techo facilitando la entrada de agua al interior del estadio, que se quedó sin luz y agua. Allí perdieron la vida cuatro personas: dos fallecieron por causas naturales, una presuntamente se suicidó y otra murió de sobredosis en medio de un paisaje desolador donde reinó el caos.
Los New Orleans Saints, que tenían como hogar el Superdome, tuvieron que buscarse otro estadio para disputar la temporada de la NFL. Durante semanas se habló del posible derribo del estadio y la marcha del equipo rumbo a San Antonio, pero nada de eso sucedió. El Superdome se reparó y renovó a razón de 185 millones de dólares durante la primera parte del 2006 y los Saints pudieron regresar a su casa en el primer partido de la temporada contra los Atlanta Falcons en el que, por primera vez en la historia del equipo, se llenó el estadio.
Desde entonces el estadio, levantado en 1975, ha sufrido varias reformas para convertirse en una de las instalaciones deportivas mejor condicionadas de todo el país. En 2011 la marca de automóviles Mercedes-Benz compró los derechos del estadio a razón de unos 50 millones de dólares por los próximos 10 años a los Saints, que tenían la potestad sobre el nombre pese a que el recinto es propiedad del estado de Luisiana.
El coste medio de una entrada para la Super Bowl se ha congelado durante los tres últimos años en 1.200 dólares. De hecho, para el partido de Nueva Orleans se han podido adquirir un asiento por solo 800 dólares. El precio no se ha llegado a dispararar, entre otras cosas, porque el escenario del partido queda bastante lejos de la mayor parte de aficionados de los 49 ers (San Francisco) y Ravens (Baltimore).
El himno de Alicia Keys
Alicia Keys, durante un acto con BlackBerry - afp Entre la liturgia previa a la patada inicial destaca, como en cualquier acto deportivo que se precie en Estados Unidos, el himno nacional. Una parte más del espectáculo que este año interpretará la cantante Alicia Keys, ganadora de 14 Grammys, que se une a la lista de ilustres en dar voz a «The Star-Spangled Banner» («La bandera llena de estrellas») como ya hicieran Whitney Houston, Billy Joel, Neil Diamond, Diana Ross, Cher, Mariah Carey, Beyoncé, Christina Aguilera o Kelly Clarkson.
Antes del apogeo del himno el país se emocionará cuando suene «America the Beautiful», una canción patriótica que cantará Jennifer Hudson junto con un coro de 26 supervivientes de la escuela Sandy Hook de Newtown (Connecticut), donde a principios de enero 20 niños y 6 adultos fueron asesinados. Un gesto más de recuerdo a la tragedia de Newtown para la NFL, que guardó un minuto de silencio en todos los partidos posteriores a la matanza y varios jugadores decidieron colocarse unas pegatinas con el acrónimo de la escuela (“S.H.E.S.”) en cascos, guantes y botas.
Especialmente afectados por la tragedia se sintieron los Giants de Nueva York que rindieron homenaje a varios estudiantes y familiares antes del último partido de la temporada. Victor Cruz, uno de los jugadores más reconocidos, visitó a la familia de uno de las víctimas, Jack Pinto, de 6 años, enterrado con el uniforme de los Giants. El recuerdo a Newtown será el más emotivo de una ceremonia que siempre recuerda a los miembros de las fuerzas armadas desplazados a zonas de conflicto y, especialmente, a los veteranos de guerra con una inmensa presencia de banderas nacionales.
Así son los Baltimore Ravens
Ray Lewis, a la izquierda, símbolo del equipo - afp Cuando Art Modell, propietario de los Browns, decidió trasladar la franquicia de Cleveland a Baltimore pensó en Edgar Allan Poe, el escritor del siglo XIX reconocido en todo el mundo por sus cuentos de terror. En concreto se fijó en uno de sus poemas más famosos, «El Cuervo», para dar nombre al nuevo equipo de la NFL: así nacieron, en 1996, los Baltimore Ravens.
La moderna franquicia no se entiende sin Modell de igual manera que no sería lo mismo sin Ray Lewis, el corazón de un equipo que jamás agacha la cabeza. Así ha sido desde que «Sugar Ray» aterrizase en Baltimore a través del draft de 1996. Un tipo duro, de los más duros dentro del campo, que cuatro años más tarde se convirtió en el mejor jugador de la Super Bowl conquistada por los Ravens frente a los Giants. Aquella gesta derivó en un infierno para él por sus problemas con la justicia pero ahora, 17 años después de su debut y a un solo partido de la retirada, encarna como nadie el espíritu de un equipo empeñado en dar la razón a los que creen que los ataques ganan partidos pero las defensas conquistan campeonatos.
El papel de Ray Lewis, número uno en bailes frente a la cámara, es menor por culpa de las lesiones, pero eso no le resta poderío a su equipo, el único de todo el campeonato que no ha faltado a los playoffs en los últimos cinco años. Los Ravens son extremadamente competitivos, curtidos en mil batallas y con una buena dosis de confianza. Al menos así se han mostrado durante los últimos partidos, lejos ya la imagen de un equipo irregular, en la montaña rusa, desnortado en ataque, durante una temporada que se cerró para ellos con cuatro derrotas en los últimos cinco partidos y el despido fulminante de su coordinador ofensivo.
Las opciones del equipo pasan por otro día en la oficina de su defensa, una de las más toscas de toda la NFL, y una buena noche de Joe Flacco, el quarterback que se autoproclamó como uno de los mejores de la clase y que tiene la oportunidad perfecta de ganarse un sitio en la historia.
Así son los San Francisco 49ers
Colin Kaepernick entrena bajo la atenta mirada de Jim Harbaugh - reuters San Francisco llega de nuevo a la Super Bowl a golpe de revolución. Los 49ers eran, sobre el papel, uno de los equipos favoritos para llegar lejos esta temporada. Pero nadie imaginó que se plantarían en Nueva Orleans de la manera que lo han hecho: con un juego que pretende sentar cátedra en la NFL. Como hiciera Joe Montana en los ochenta. Palabras mayores.
Resulta imposible sostener un debate equilibrado sobre el actual equipo y aquella dinastía de los ochenta que traspasó fronteras cambiando de alguna manera el juego gracias al juego de pase liderado por Joe Montana, uno de los mejores quarterbacks de la historia, que se prolongó hasta mediados de los noventa, ya con Steve Young, con cinco entorchados en trece temporadas. Aquellos fueron unos Niners demoledores y dejaron a la franquicia en el segundo escalafón de la historia solo superados por los 6 títulos de los Pittsburgh Steelers.
Sin resultar brillantes, los Niners ya eran temibles la pasada temporada. El equipo se reveló como uno de los más disciplinados del campeonato, sobresaliente en defensa y constante en ataque, sin extravagancias. San Francisco navegaba a velocidad de crucero este año hasta que Alex Smith quedó fuera de juego por una conmoción cerebral que otorgó la batuta al joven Colin Kaepernick, el líder de la revuelta. Un quarterback del siglo XXI, atlético, con un potente brazo, que ha rescatado la «option» que desconcierta a las defensas rivales. Una jugada de engaño en la que Kaepernick se esconde un as bajo la manga hasta el último segundo: puede correr, puede pasar o puede ceder el balón a una de las locomotoras que tiene San Francisco por running backs. La Super Bowl puede decidir algo más que un anillo.
La gloria de los triunfadores
Los anillos de la Super Bowl, expuestos en una vitrina - AFP El trofeo que todos sueñan con levantar nació de una charla entre Pete Rozelle, comisionado de la NFL y Oscar Riedner, vicepresidente entonces de Tiffany & Co. Allí se gestó el diseño de lo que sería el «World Championship Trophy», renombrado en 1970 como el «Vince Lombardi Trophy» para homenajear al legendario entrenador de los Green Bay Packers víctima del cáncer que pasó a la historia tras ganar las dos primeras Super Bowls.
La ceremonia difiere ligeramente con la entrega de trofeos al uso del fútbol europeo. Hasta el año 1996 el galardón se entregaba en el vestuario, ahora se realiza en un escenario sobre el mismo terreno de juego de la Super Bowl. El encargado de recoger el premio, de manos del comisionado de la NFL, no es el capitán sino el propietario del equipo, aunque a menudo cede inmediatamente protagonismo a la plantilla. El equipo ganador se queda en propiedad el premio, lo que significa que cada año se fabrica uno nuevo realizado íntegramente en plata de ley que mide exactamente 56 centímetros, pesa algo más de 3 kilos y representa un balón de tamaño natural.
El dueño de la franquicia recoge el Vince Lombardi sobre el terreno de juegoEn lugar de medallas, los jugadores del equipo ganador reciben un anillo conmemorativo que suele ser de oro u oro blanco con brillantes. El diseño cambia cada temporada y suele incluir el logo, nombre del equipo y la Super Bowl correspondiente en números romanos. La NFL corre con el gasto de la fabricación de 150 anillos a razón de unos 5.000 dólares cada uno que cada franquicia es libre de repartir como quiera.
A lo largo de los años varios anillos originales han salido a la venta a subastas e, incluso, en eBay donde han superado con creces su valor. Je'Rod Cherry, jugador de los Patriots, donó su anillo en 2008 para colaborar con organizaciones benéficas. La lista de anillos la lidera Neal Dahlen, con un total de siete, por su trabajo en los despachos con los San Francisco 49ers y los Denver Broncos. Con cinco el retirado Charles Haley es el jugador con más anillos de la historia de la NFL.
El exceso del año
La tradición dice que la Super Bowl hay que verla con familiares o amigos, de ahí que el Super Domingo se haya convertido en el día nacional del exceso en Estados Unidos. Los cálculos apuntan a que se organizan por todo el país 7,5 millones de fiestas (18 invitados de media), por encima incluso de los números de las celebraciones por Año Nuevo.
El día de la Super Bowl es el segundo que más comida se consume en todo el país, solo por detrás de Acción de Gracias. Unas 3.000 calorías que se reparten, a menudo, entre salsas, alitas de pollo y pizzas. Abundan todo tipo de recetas por la red, algunas incluso saludables, pero destacan las bombas calóricas como la hamburguesa «Hot Mess» de la cadena Jack In the Box, que incluye jalapeños picantes y aros de cebolla bañados en queso Jack Pepper, que incluye chile.
Los cálculos apuntan a unos 12 millones de toneladas de aperitivos, el doble que un domingo normal, con patatas fritas, nachos, palomitas de maíz y chocolatinas a la cabeza del ránking. La bebida por excelencia es la cerveza. Algunos medios especializados aseguran que se consumirán más de 50 millones de vasos y que durante todo el día se podrían llegar a los 325 millones de litros de cerveza, alrededor del 3 por ciento del consumo anual.
El momento de Beyoncé
Beyoncé, durante la rueda de prensa - REUTERS A una semana de los premios Grammy la música late en el corazón de Nueva Orleans, plagada de conciertos esta semana con el colofón de la actuación Beyoncé en el descanso de la batalla entre San Francisco 49ers y Baltimore Ravens. Convertido desde la década de los 90 en un espectáculo, han actuado en el descanso de la Super Bowl figuras de la talla de Michael Jackson, The Rolling Stones, Bruce Springsteen, Madonna o aquella famosa actuación de Justin Timberlake y el destape de Janet Jackson.
«Todo lo que he hecho durante mi carrera me han preparado para esto, estoy lista», explicaba ambiciosa, muy serena, Beyoncé. Nada de playback, cantará en directo como dejó bien claro en la rueda de prensa de presentación en la que se resistió a soltar prenda sobre los detalles del espectáculo de 12 minutos. «Tratar de resumir una carrera entera en ese tiempo no es fácil porque todas mis canciones son para mí como mis hijas», expuso la cantante.
Parece que sonará «Countdown» pero poco más ha trascendido. Cantará algunos temas de su repertorio como «Single Ladies» pero nadie se atreve a asegurar si compartirá minutos en el escenario con sus antiguas compañeras de Destiny's Child o con su marido Jay-Z para interpretar «Crazy in Love», la canción que la lanzó a la fama internacional como solista.
La NFL se encarga de los gastos de producción pero Beyoncé no cobrará por la actuación que, de hecho, es una ventana en directo a un público masivo que hablará de ella durante semanas.
Fiebre por los anuncios del partido
Kate Upton, en el anuncio del nuevo Mercedes - reuters Sería demasiado sencillo reducir la Super Bowl a una simple cuestión deportiva. De hecho, no serán pocos los que vean el partido sin preocupación alguna en el resultado final. Los anuncios se han convertido en otra parte fundamental del espectáculo. Las marcas aprovechan la brutal audiencia de la Super Bowl para presentar nuevos productos o campañas en llamativas piezas que suelen recurrir a modelos, niños, animales o efectos especiales. La última encuesta llevada a cabo por la solvente Nielsen sostiene que el 91 por ciento de los espectadores están tan interesados en ver el partido como los anuncios.
Una industria que, a pesar de todo, arroja unos números imparables. Una pieza publicitaria de 30 segundos se cotiza a 3,5 millones de dólares, cifra que ha escalado a un ritmo de vértigo en los últimos tres años. La Super Bowl se convierte en una oportunidad para sorprender, seducir o fidelizar a más de 100 millones de espectadores, un activo que se paga a precio de oro. Durante el encuentro se emitirán medio centenar de anuncios de una treintena de compañías de todo tipo.
Algunas debutarán, como Oreo, que celebrará así su primer siglo de existencia. Otras, como Chrysler, se han convertido en parte de la tradición. Algunas como Bridgestone han dado un paso atrás. El panorama ha cambiado mucho con las redes sociales. Muchas marcas han pasado de estrenar sus anuncios en la Super Bowl a, como mínimo, mostrar adelantos o realizar campañas paralelas en Facebook o Twitter con el objetivo de viralizar sus productos. Los más notables se recuerdan durante meses.
¿Qué se anuncia durante la Super Bowl? Sobre todo automóviles. Esta edición, que se disputa en el Mercedes-Benz Superdome de Nueva Orleans, no será una excepción. La marca alemana, de hecho, ha centrado buena parte de la atención antes de la Super Bowl por el sugerente adelanto de Kate Upton que resultó una broma. El anuncio real del nuevo Mercedes CLA deja a un lado el reclamo de la modelo y muestra en pantalla el poderío del coche, un camino que ha terminado por ser una excepción.
Entre los anuncios hay sitio para todo. Pero las chicas voluptuosas tienen mucho terreno conquistado. Bar Refaeli, por ejemplo, besa apasionadamente a un empollón en un anuncio de GoDaddy presentado por Danicka Patrick.
Pero hay mucho más. Varios expertos, consultados por la revista Forbes, apuntan a varios anuncios que podrían convertirse en un éxito después de la Super Bowl. Como la aparición de PSY anunciando pistachos, el esperado corte final de Samsung, en el que participan Bob Odenkirk (Saul en Breaking Bad), Seth Rogen (Donnie Darko) y Paul Rudd (Friends, Clueless), el divertido anuncio de Taco Bell, la curiosa relación entre un caballo y su entrenador de Budweiser o el anuncio de Coca-Cola, convertido en una competición a través de la red en el que los votos de la gente decidirá quiénes son los protagonistas del anuncio final.