La matanza romana de hace 2.100 años en Navarra que recuerda a Bucha
Hallan los restos de once individuos, dos de ellos niños de corta edad, en un cruce de calles de La Custodia, «el lugar donde más palpable queda una masacre de las guerras sertorianas»

Cadáveres de civiles tirados en las calles, abandonados durante días allí donde cayeron muertos, a merced de la carroña. La retirada de las tropas rusas de la ciudad ucraniana de Bucha el pasado abril dejó tras de sí un horror que meses después recordaron ... vívidamente los arqueólogos en el yacimiento de La Custodia. En la última campaña de excavaciones en esta antigua ciudad de los berones, situada junto a la actual ciudad navarra de Viana, abrieron una cata en un cruce de calles y la imagen que contemplaron no se diferenciaba de aquellas terroríficas fotografías de Bucha.
Tirados en un lado hallaron los restos de un hombre, que cayó muerto de un espadazo en el cráneo junto a un niño de unos dos años. A poca distancia yacía otro pequeño de la misma edad, cuya cabeza apareció a seis metros de distancia. No lejos se toparon con cinco cuerpos medio devorados por carroñeros y otros tres poco más allá con los huesos semicalcinados. En uno de ellos se veía que le habían seccionado un brazo antes de caer. Hallaron hasta 11 muertos en unos pocos metros. «Es lo mismo que en Bucha. No hemos cambiado nada en 2.100 años«, comenta el arqueólogo Javier Armendáriz, profesor de Prehistoria, Historia Antigua y Arqueología de la Universidad Pública de Navarra (UPNA) y de la UNED y director del proyecto de investigación y conservación en La Custodia.
En la primavera del año 76 a.C., las tropas romanas del general Sertorio atacaron la ciudad berona de Uara, Vareia según las fuentes clásicas. Tras la conquista romana del Valle del Ebro, esta población indígena se había visto obligada por Roma a abandonar el alto de Monte Cantabria, en el actual término municipal de Logroño, y trasladarse al llano. En esa ubicación navarra que ahora se denomina La Custodia, aquel poblado fortificado se convirtió en un gran centro urbano de los berones, «la ciudad más fuerte» de la comarca, según Tito Livio.
El historiador romano relata en su 'Historia de Roma' que esta etnia de los celtíberos que vivía en lo que hoy es la Rioja Alta, la Rioja alavesa y el sector más occidental de Navarra se alió con Pompeyo durante las guerras sertorianas. Y al igual que otras ciudades que permanecieron fieles al Senado romano, como Bursao (Borja) o Cascantum (Cascante), sufrió el castigo de Sertorio, su rival, que se negaba a aceptar la autoridad de una Roma a la que consideraba ilegítima. Un escarmiento implacable.
Una lucha sin cuartel
Ya en la primera campaña, hace cinco años, los arqueólogos constataron que hubo una lucha cuerpo a cuerpo, una batalla sin cuartel entre soldados romanos y civiles berones de Vareia. En unas excavaciones junto a la carretera nacional 111 que atraviesa el yacimiento hallaron los restos de un individuo con el occipital izquierdo cortado por el golpe de una espada y tiempo después descubrieron cerca a otros tres. Por las marcas conservadas en los huesos de uno de estos últimos, creen que se intentó defender del ataque con el brazo antes de que se ensañaran con él.
No hay rastro alguno de mujeres. «Serían parte del botín», aventura Armendáriz, que se sobrecoge al pensar el destino que pudieron correr a manos de un ejército de hombres sin piedad. Hasta la fecha, todas las víctimas son hombres de entre 18 y 22 años, a excepción de los dos niños de los que no es posible determinar su sexo. En total suman quince muertos. Una cifra elevada si se tiene en cuenta que apenas han excavado el 0,2% de las 15 hectáreas que comprende el yacimiento, e inusual.
No son muchos los yacimientos de la época en los que se han encontrado cuerpos en la Península Ibérica. Armendáriz recuerda la niña de Libisosa, en Albacete, las víctimas de la masacre de Serviliano en el poblado íbero de Almedinilla, en tiempos de Viriato, o el ajusticiamiento de presos de las guerras sertorianas en La Almoina (Valencia). La Custodia, con 15 individuos, es el enclave donde se han hallado más restos humanos hasta la fecha. «Es el lugar donde más palpable queda una masacre de las guerras sertorianas«, resalta.
Una cápsula del siglo I a.C.
Tras la matanza, nadie acudió a recuperar los cuerpos. «No sabemos si hubo supervivientes o no se atrevieron», continúa el arqueólogo. Los soldados romanos saquearon la ciudad antes de prender fuego a las casas y nadie volvió a poner un pie en ella. Tan solo los animales que se alimentaron de los cadáveres semi sepultados por las cenizas y los muros de las viviendas. Vareia, con sus calles con sus aceras, sus porches y sus pasos de cebra elevados como en Pompeya, quedó encapsulada en aquel año del 76 a.C., al igual que ocurrió en el poblado prerromano de Irulegi situado a solo 90 kilómetros, también en Navarra, donde recientemente han recuperado el texto más antiguo en lengua vascónica en una mano de bronce. «Ambas ciudades se destruyeron de forma violenta durante las guerras sertorianas y quedó todo tal cual«, añade.



Sorprende que las víctimas de Vareia aún conservaran anillos, fíbulas, hebillas de cinturón finamente decoradas y otros adornos de su indumentaria que están actualmente en proceso de restauración, como el cazo de bronce que quedó tirado en una vivienda o la vaina de un puñal que tal vez se llevó un soldado romano, pues las armas celtibéricas eran muy preciadas. Junto a los cuerpos, los arqueólogos han hallado puntas de lanza, pilum romanos, y también varios proyectiles de honda, alguno aún incrustado en hueso. «Algunos murieron a manos de un hondero», destaca Armendáriz.
Un insólito zurrón
Ya en 2020 habían encontrado bajo unos restos carbonizados hasta 60 de estas municiones de plomo apuntadas que usaban los honderos, de distintos calibres. Según el profesor de la UPNA, «es el contenido del zurrón de un hondero romano que lo perdió o lo abandonó ante una situación de peligro, porque pesaba más de dos kilos y medio«.
Se trata de un hallazgo insólito, pues a los honderos romanos se les ubicaba en batallas a campo abierto, en primera línea lanzando una lluvia de proyectiles sobre sus enemigos, no en distancias cortas. Sin embargo, en La Custodia se utilizó la honda en las calles, desde unos 15 o 20 metros. Es la primera vez que se documenta en Hispania. Curiosamente, además, los proyectiles están apareciendo por parejas, un extremo que estudiará Armendáriz junto al catedrático Fernando Quesada, experto en armamento de la Antigüedad.

Entre los restos, se han recuperado también monedas acuñadas en la ciudad con inscripciones en signario ibérico adaptado a la lengua celtibérica donde se lee 'Uarakos' (de la ciudad de Uara) y la colección de téseras de hospitalidad celtibéricas más numerosa recopilada hasta el momento en un yacimiento en España. Con las dos últimas, cuyo estudio ha sido publicado por Armendáriz y Javier Velaza recientemente , se elevan a nueve los comprobantes de estos pactos de acogida procedentes de La Custodia, algunos con interesantes formas poliédricas que no se conocían hasta ahora.
«Probablemente hayan salido más téseras de hospitalidad de las que desconocemos su paradero», se lamenta Armendáriz mientras cita una con forma de cerdito que se sabe en manos de una colección particular en Portugal. El yacimiento, que fue descubierto por el arqueólogo Juan Cruz Labeaga, «viene siendo expoliado desde hace muchos años», explica. Y «corre peligro». Se encuentra en suelo de titularidad privada y los usos agrícolas amenazan su conservación.
Ante estos riesgos, desde la Universidad Pública de Navarra, el Ayuntamiento de Viana y la Institución Príncipe de Viana se planificó un proyecto estratégico de investigación y conservación. Se balizó el terreno con carteles coercitivos para los detectoristas y antes de iniciar las excavaciones se realizaron prospecciones con georradar y magnetómetro que atestiguan que una gran ciudad yace allí enterrada. Aquella que los berones llamaron Uara, los romanos Vareia y de cuyo nombre solo queda el topónimo fosilizado en el barrio logroñés de Varea.
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