arte
André Butzer, expresionista a destiempo
pintura
Es el mercado –y ahora el Museo Thyssen– los que avalan cierto tipo de pintura como la que representa este autor alemán
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Hace poco, un comisario de exposiciones me confesaba que nunca trabaja con pintura pues la considera «propia de otro tiempo». Aquellas voces agoreras que, desde hace décadas, vienen diagnosticando la muerte de este medio han terminado calando en determinados círculos, tanto independientes como ... institucionales. Sin embargo, no han logrado incidir en un mercado que cada poco tiempo acoge un nuevo éxito de la pintura, la cual se sobrepone con agilidad tanto a las propuestas terminales del último cuadro como a la acusación de haberse convertido en un idioma sobreutilizado.
Los lienzos de André Butzer (Stuttgart, 1973) confirman que algo de verdad hay en el cuestionamiento crítico del futuro del medio pictórico, al menos en lo que se refiere a los límites en la capacidad de innovación formal. Esta problemática alcanzó un momento álgido en los años noventa del pasado siglo, cuando una nueva generación de artistas tuvo que lidiar con tres contundentes herencias: las vanguardias históricas, la abstracción gestual americana y el reduccionismo de la pintura monocromática.
La retórica del Expresionismo
Butzer optó en sus primeros trabajos por la retórica del Expresionismo, entendido como una tendencia general y supuestamente innata en Alemania hacia la manifestación desgarrada de lo emocional. Después inició su serie de laberintos, próximos a aquella tendencia que el crítico Demetrio Paparoni denominó «Abstracción redefinida», compuesta por discursos que asumieron sin complejos el carácter de 'ya visto', de cita de la abstracción vanguardista, conscientes de que la aventura experimental había terminado.
Tras el breve paréntesis de sus 'N-Bilder' (2010), anodinas superficies negras aunque no totalmente monocromas, Butzer consolidó un estilo de éxito. A grandes rasgos, se trata de pinturas de gran formato donde las connotaciones sociales y políticas, habituales en sus trabajos anteriores, desaparecen para incorporar muñecos e iconos de diseño ingenuo. Su principal recurso formal es el color, aplicado con gesto y densidad variable, y asumido tanto en su función simbólica como en su valor constructivo.



Un ejemplo de este lenguaje es la monumental 'Aladino y la lámpara maravillosa' (2010), recientemente adquirida por Blanca y Borja Thyssen-Bornemisza, y que junto a una veintena de lienzos, elaborados desde 1999, configuran la primera retrospectiva de Butzer en una institución fuera de Alemania. Tras el capítulo dedicado a los hiperrealistas, esta es la segunda ocasión en la que se muestran las áreas de interés de la colección del matrimonio, cuyo foco en la pintura actual contrasta con la línea más experimental que ofrece, también en este centro, la colaboración con Francesca Thyssen y su fundación TBA-21.
La retrospectiva de Butzer acoge un doble sentido, de homenaje y de legitimación: si el barón Hans Heirinch encontró en el grupo expresionista Die Brücke la vía de acceso al coleccionismo de arte moderno, ahora Blanca y Borja hacen lo propio con un heredero formal, y además compatriota, de aquellas figuras históricas. Para subrayar aún más este vínculo, Butzer ha elaborado para la ocasión una desafortunada versión de 'Fränzi ante una silla tallada' (1910) de Ernst L. Kirchner: lo que era angustia, confusión y presencia amenazadora concentradas en un pequeño lienzo de 70 x 50 cm., ahora se traduce en un remedo infantilizado que triplica el tamaño.
Ciencia ficción al estilo de Disney
En sus pinturas, Butzer plantea una fusión entre el Expresionismo europeo y la cultura popular norteamericana, algo que denomina «Expresionismo de ciencia ficción» y que se traduce en «Munch interpretando a Disney a través del naturalismo».
Esta tensión entre lo abstracto y lo figurativo, lo sublime y lo banal, la caricatura y el arte serio, no es una aportación demasiado original. Desde el norteamericano Philip Guston, pasando por la pintura de los ochenta de los españoles José María Sicilia o Ferran García Sevilla, existe un amplísimo muestrario de imágenes contemporáneas que se articulan con similares temperaturas. Tampoco desvelan perspectivas esclarecedoras sobre su discurso las declaraciones y escritos del alemán, que oscilan entre un honesto narcisismo («mis museos favoritos son los que exponen cuadros míos») y un misticismo delirante («la pintura es el acto mismo de relacionarse en el cielo en la Tierra»).

Butzer y amigos
André Butzer. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. Madrid. Paseo del Prado, 8. Comisario: Guillermo Solana. Hasta el 10 de septiembre
'Die Welt ist noch auf einen Abend mein'. Colectiva. Galería Ehrhardt Flórez. Madrid. C/ San Lorenzo, 11. Hasta el 20 de mayo
Desde 2008, la obra de Butzer se ha podido ver en Madrid gracias a la galería Ehrhardt Flórez, que estos días acoge una colectiva de 28 artistas internacionales que se mueven en un radio estético próximo al alemán, también incluido. Se trata de un conjunto ecléctico donde se percibe, si no una tendencia grupal, sí una inclinación: el abordaje de cada obra como una nueva batalla en la búsqueda de la sorpresa, siempre desde una imagen mestiza, desposeída de significados profundos, divertida y atomizada en su sistematización.
Es dentro de esta constelación de posibilidades, en línea horizontal con otros creadores de parecidos intereses, donde mejor se calibra el alcance de una propuesta pictórica tan sugestiva como la de Butzer, esa que los caprichosos intereses del mercado quieren hacer pasar por única e imprescindible.
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