Allá en el norte, en el corazón de los Picos de Europa, se encuentra el Santuario de Covadonga. Como buen asturiano que soy, nunca dejo pasar demasiado tiempo antes volver una y otra vez. De una forma u otra es un lugar que llama a ser visitado repetidamente. Hoy no hablaremos de sus lagos, perfectos para montar una excursión, sino de la Santa Cueva (Cuadonga en asturiano).
Mucho amor se profesa en esta tierra por el Santuario. Algunos lo hacen por su belleza, otros ven en él un símbolo de la tierra asturiana, otros son atraídos por la espiritulidad que emana del lugar, otros por la victoria de la cristiandad. Se dice que Don Pelayo y sus hombres se atrincheraron para detener al invasor musulmán y comenzar la reconquista de España. La realidad es que hay numerosos motivos para no dejar escapar la oportunidad de visitar tan precioso enclave, que fue construido para conmemorar la victoria cristiana frente al ejercito árabe. El Papa Juan Pablo II hizo una visita, impronta de la relevancia de un lugar donde descansan los restos de personajes como Don Pelayo, su esposa la Reina Gaudiosa, Alfonso I el católico y la Reina Emersinda. Gran nombre, por cierto.
Para empezar hay que decir que el Santuario de Covadonga es pura montaña. No está a la vuelta de la esquina saliendo de una carretera nacional, de modo que quienes deseen visitar Covadonga están obligados a introducirse en el seno de los Picos de Europa. Custodiado por numerosos valles, en ellos no puede crecer ni un árbol ni tampoco un matojo más. Se trata de una vegetación desmesurada que se impulsa a lo alto y que vuelve la mirada de un color salvajemente verde. Y es que todas las nubes que vienen del mar del norte se detienen en los picos a descansar y a quitarse el peso del agua que portan en sus entrañas, la tierra bebe y la naturaleza crece sacando un colorido brutal. El resultado es la verde Asturias y en Covadonga está todavía más acentuado.
Tras una subida en carretera, donde las magnificas vistas y la vasta naturaleza que 'amenaza' el lugar se exponen a corazón abierto, uno llega a Covadonga, santuario y símbolo de Asturias. El Santuario está resguardado por grandes esculturas de leones que te devuelven la mirada. El pétreo animal porta una nobleza digna del escenario.
El santuario se ubica en una montaña, es una pequeña gruta, situada a media altura de una lisa piedra gris. Una costilla de la montaña, donde se dice que Pelayo y sus hombres se aglutinaron para rechazar al invasor. Una cascada cae por delante de la gruta y sus aguas se desprenden con fuerza en una gran poza donde la gente arroja alguna moneda con un sueño dentro. Al recorrer la gruta vemos la cascada desde lo alto y un estrecho camino la ladea. El interior acaba en una pequeña sala natural, de fría y húmeda roca, la ermita de Covadonga, donde 'la Santina' (así llaman a la Virgen por su pequeño tamaño) espera para escuchar la oración del peregrino.
EL CONTRASTE DEL VERDE Y LA PIEDRA
La visita de Covadonga no finaliza en la misma gruta, ya que en lugar cercano, elevado sobre una pequeña colina, se levanta un templo de piedra rojiza que contrasta con el verde de los bosques y praderas que custodian el lugar: la Basílica de Covadonga. Por la mañana, cuando la niebla cubre el valle, es fácil imaginarse que el Santuario flota, como si el lugar albergase un aura especial, mágica o tal vez sea sólo fruto de la imaginación de cada uno, poco importa eso. Lo que sí es sorprendente es el equilibrio entre la naturaleza y la arquitectura, totalmente integrada en el ambiente.
Es un viaje para dedicarle un día entero, y sin duda responderá a las exigencias de los amantes de la naturaleza que por la importancia del enclave nos lega un importante testimonio histórico. Sin olvidar que Covadonga, antes que nada, es un lugar con profundas raíces religiosas, donde el peregrino se ve imbuido de quietud y de paz. Como despedida, un minuto de atención al epitafio grabado en el epitafio del sepulcro de Don Pelayo: "Aqvi yace el Señor Rey Don Palio, elleto el año de 716 que en esta milagrosa cueba comenzó la restavración de España bencidos los moros. Falleció año 737 y acompaña su muger y ermana".