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ABC Cultural

Neckan (***): En el laberinto

Pablo Rivero en «Neckan»
Antonio Weinrichter

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Esta película de Gonzalo Tapia se desarrolla en un ámbito atractivo, poco cultivado por nuestro cine: la ciudad de Tetuán hacia 1956, en los últimos meses de ser un protectorado español en Marruecos. Un momento en el que el último vestigio colonial deja detrás un poso de enigmas, cuentas pendientes, heridas mal cicatrizadas… Todo eso lo acaba viviendo en carne propia un joven abogado que Pablo Rivero encarna con una efectiva sobriedad que quizá en el último tramo debiera haberse revelado más expresiva.

En efecto, lo que descubre el letrado es como para desestabilizar a cualquiera; pero como es el climax de la historia no vamos a revelarlo aquí. Pero sí podemos dejar apuntado lo placentero del camino hasta arribar a ese final y que es algo así como una versión aproximadamente realista de clásicos del cine colonial como «Pépé le Moko»: el protagonista se sumerge en un mundo laberíntico de untuosos conserjes de hotel, confidentes de poca confianza (un excelente Hermann Bonnin ), zocos que conducen siempre al mismo paraíso perdido (aquí la imposible Eva es Natalia Plasencia), policías desconfiados… y demás sospechosos habituales, como se decía en «Casablanca».

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