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Por qué los madrileños tienen fama de «chulos»

Los catalanes son tacaños; los andaluces, vagos; los vascos, brutos... Cada región acarrea un estereotipo, pero ¿sabías que una zarzuela es la culpable del cliché de los de Madrid?

Por qué los madrileños tienen fama de «chulos» abc

marta r. domingo

Los catalanes son tacaños ; los andaluces, vagos; los vascos, brutos... Sobre cada comunidad pesa un estereotipo y sus habitantes acarrean la fama durante años, incluso siglos. Pero ¿por qué se conoce a los madrileños como «chulos»? Las zarzuelas de finales del siglo XIX y principios del siglo XX tienen la «culpa» de que a los de Madrid se les tilde de esta forma, especialmente desde que se empezó a representar la «Verbena de la Paloma» .

La Real Academia de la Lengua define «chulo» en su quinta acepción como el «individuo de las clases populares de Madrid, que se distinguía por cierta afectación y guapeza en el traje y en el modo de conducirse». Con el tiempo, se fue extendiendo la variante «chulapo», para evitar la duda de a qué tipo de chulo nos referimos, ya que chulapo se refiere siempre a los madrileños vestidos con el traje castizo , típico del barrio de Malasaña.

Los chulapos y las chulapas forman parte sobre todo del folclore madrileño. Los habitantes más castizos de la capital se visten con las ropas tradicionales durante las fiestas patronales de San Isidro y La Paloma, bailan el chotis y comen productos típicos.

En el caso de las mujeres también son conocidas por chulapas o chulaponas. La chulapa aparece por primera vez en 1839, para hacer referencia a las típicas planchadoras de las Cavas. Se las reconocía porque solían llevar claveles prendidos al pelo bajo un pañuelo que les cubre la cabeza, una falda ceñida con volantes en el bajo y con un mantón de Manila.

El «chulo» viene a ser una compilación de los manolos y de los majos pero con un toque de golfería, que en ocasiones rondaba el mundo de la delincuencia. Su forma de vestir era siempre el mismo: chaquetilla o chaleco con clavel en la solapa, pantalones oscuros y ajustados, gorra a cuadros blanquinegros, botines y pañuelo blanco al cuello. Y, por su puesto, el toque distintivo de su particular forma de andar.

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