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Sarkozy. Sus mujeres

Ya instalado en el Elíseo, las luces de la función presidencial iluminan la importancia de las mujeres en la vida, ambición, carrera, destino y debilidades de un hombre, Nicolas Sarkozy, cuya pasión

AP Sarkozy besa a su mujer Cecilia, frente a sus hijos, en el Palacio del Elíseo

Ya instalado en el Elíseo, las luces de la función presidencial iluminan la importancia de las mujeres en la vida, ambición, carrera, destino y debilidades de un hombre, Nicolas Sarkozy, cuya pasión política ha sido indisociable, desde niño, con las humanas pasiones del amor, la carne, el deseo, dándole más hondas razones de aspirar y desear, incluso asumiendo el precio de los riesgos más altos.

El primer gran amor de Sarkozy fue su madre, Andrée Mallah, hija de un cirujano parisino, judío de Salónica convertido al catolicismo. Su entereza, sus sufrimientos, quizá están en el origen de casi todas las cuestiones esenciales en la vida de su hijo, que comenzó a soñar con ser alguien cuando descubrió, todavía muy niño, que su padre (Pal Sarkozy, antiguo aristócrata reconvertido en la Legión extranjera, mujeriego empedernido) la abandonó en las más penosas condiciones.

Andrée Mallah tuvo que trabajar para poder pagar sus estudios. Y no le fue siempre fácil sacar adelante a sus cuatro hijos, sola, abandonada, abogada de causas modestas. Y ha sido el mismo Sarkozy, ya hombre de Estado, quien ha recordado sus años adolescentes, en Neuilly, trabajando como chico de los recados en una floristería para ganar algún dinero para salir con chicas de su edad.

¿Cuántas novias tuvo el joven Sarkozy? Él pone un tupido velo de amables sonrisas. Pero no es un secreto que su éxito reposaba más en sus talentos oratorios que en el físico de un adolescente flaco, nervioso, oscilando con la misma voracidad entre las artes de la seducción juvenil y las de la incipiente oratoria política de barrio, que terminó dando frutos muy tempranos: los viejos cocodrilos conservadores de Neuilly (Charles Pasqua) cooptaron a Sarkozy como hombre de choque para convertirlo muy pronto en alcalde de Neuilly (uno de los municipios más acomodados de Francia).

Habituado a las ofensivas a paso de carga, más allá de la política, su terreno de acción privilegiado, Sarkozy conoció a Cecilia Ciganer-Albeniz, futura señora Sarkozy, cuando la joven Cecilia contraía matrimonio con Jacques Martín, afamado animador de televisión. Fue Nicolas Sarkozy, alcalde de Neuilly (ya casado con Marie Dominique Culiolis, de origen corso, madre de su hijo Jean), quien celebró la ceremonia nupcial de Cecilia y su primer esposo. Los Sarkozy y los Martin eran amigos y vecinos, se veían mucho, iban a la playa juntos. Los Sarkozy tuvieron dos hijos. Los Martin, dos hijas. Finalmente, Nicolas y Cecilia terminaron en el mismo lecho. La separación llegó cinco años después. Sin escándalos. Cecilia apenas tardó cuatro meses en conseguir su divorcio. Nicolas tardó tres o cuatro años. Antes de poder contraer matrimonio, en 1996, Nicolas y Cecilia llevaron una vida de enamorados sin domicilio fijo. Su boda y su primer hijo, Nicolas, fueron el prólogo a un desastre político que condenó a Sarkozy a cinco largos años de ostracismo.

En 1996/7, Sarkozy tomó partido por la candidatura conservadora de Balladur contra la de Chirac, quien fue ganador, Chirac pasó a Sarkozy factura por alta traición. Sarkozy tuvo que esperar cinco años para volver a la alta política, como ministro de Interior, el 2002. Fue el momento álgido del éxito, el triunfo y el amor.

Hasta que alguien... ¿Dominique de Villepin, antiguo primer ministro?... alguien hizo llegar a Cecilia grabaciones confidenciales y fotografía secretas. Se ha dicho que ese fue el origen de la gran crisis amorosa-familiar de Sarkozy y Cecilia. Vino la separación física. «Paris-Match» publicó las fotos nocturnas de Cecilia con un antiguo consejero publicitario de Sarkozy.

¿Fueron ciertas las relaciones de éste con una afamada cronista política parisina, autora de una biografía apologética de Chirac? Esa sombra ha perseguido a los Sarkozy desde entonces.

«Lo colgaré de un gancho»

El director de «Paris Match» que publicó las fotos de Cecilia y su amante fue despedido con otro pretexto. Nicolas y Cecilia se reconciliaron en la Maestranza sevillana (cosas de Cecilia, biznieta de Isaac Albéniz). Y data del momento de su reconciliación esta frase atribuida a Sarkozy en la intimidad: «Terminaré descubriendo quién intentó destruir mi matrimonio. Y esa persona terminará colgado en un garfio de carnicería».

La reconciliación de Nicolas y Cecilia terminaría coincidiendo con las vísperas de la precampaña presidencial. La pareja decidió de mutuo acuerdo restaurar su familia, muy alejada de los focos de la actualidad. Pero no siempre era fácil disociar las cosas del amor viendo al candidato a presidente rodeado de jóvenes periodistas atraídas por el vértigo del poder político. Imágenes intrascendentes, sin duda. Que no dejaban de atizar las llamas de fuegos no siempre extintos.

Cuando la campaña entró en su fase más atroz, la del cuerpo a cuerpo, pertrechados todos los contrincantes con armas y corazas, el rumor envenado, la daga emponzoñada, se usaron en los escenarios más propicios al asesinato por la espalda. ¿Fue cierto el embarazo de la famosa periodista conocida de los Sarkozy? ¿Fue cierto el nacimiento de un niño, lejos de un hogar...?

La gravedad del rostro de Cecilia, poco risueña y menos efusiva en los momentos álgidos que precedieron al triunfo, el día del voto final, cuando prefirió quedarse en casa, lejos del ajetreo popular, sólo alimentaron la sombra negra del rumor. Ya en el Elíseo, comienza una nueva página de la historia de la relación de Nicolas Sarkozy con las mujeres, rodeado de ministras consagradas a la pasión de la guerra política. Sin cuartel.

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