Nicolás Redondo Terreros: «Zapatero negoció con una lógica falsa: que ETA estaba acabada»
Hay tres Nicolás Redondo: Blanco (el abuelo), Urbieta (el padre) y Terreros (el nieto e hijo, e interlocutor hoy de ABC). Los tres han sido socialistas, de esos que no quieren ni oír hablar de
Hay tres Nicolás Redondo: Blanco (el abuelo), Urbieta (el padre) y Terreros (el nieto e hijo, e interlocutor hoy de ABC). Los tres han sido socialistas, de esos que no quieren ni oír hablar de malbaratar la ideología de su partido. Terreros, además, cura como puede la dolorosa llaga que el terrorismo vasco le ha tatuado. En la mañana del viernes, en la que ABC le entrevista en Bilbao, regresa de dar una conferencia en Huelva, casualmente allí donde el miedo todavía aprieta las gargantas tras el hallazgo del Ford Focus de la muerte a las puertas de Portugal.
-Seguro que en este año ha intentado entender a Zapatero por sus contactos con ETA. ¿Ha llegado a alguna conclusión lógica?
-Sí, él creyó, cuando llegó al Gobierno, que la banda estaba liquidada, que no había marcha atrás. Y desde ese diagnóstico se inició un «proceso» que tenía una lógica falsa. La banda estaba muy mal, pero no acabada. Y de ahí se van enlazando errores muy preocupantes.
-¿Y no le entristece saber que, erre que erre, han seguido los contactos durante la campaña, nada menos que seis meses después de la bomba de la T-4 y tras la muerte de un anciano en Arrasate?
-Yo tiendo a analizar las declaraciones del presidente, no lo que diga «Gara», porque si no estaría en una situación casi imposible. Lo que más me ha preocupado de este periodo es que por desgracia tuviéramos razón los que adivinábamos el fracaso. Iba a fracasar porque no se puede emprender un camino para conseguir el final de ETA sin el acuerdo previo del partido que gobierna y del que puede gobernar. Esto es un «déjà vu».
-Y a pesar de ello, se ha negociado...
-No es posible la negociación, después de treinta años. Porque ETA no es una banda gradualista, no va a conformarse con parte de lo que pretende. ETA quiere todo porque conseguir todo es la forma que tiene de convertir a sus asesinos en héroes. Es como una tragedia griega. O consiguen todo: Euskalherría y la autodeterminación, o no pararán. Porque para que el que mató al teniente coronel Blanco o a otra víctima no sea un asesino tienen que conseguir los objetivos políticos. Nunca terminaremos con ETA con una estrategia de negociación, salvo que les demos la razón . Sólo hay una estrategia: la de la derrota.
-A la que ahora curiosamente se apunta Imaz...
-¿Puede algún nacionalista haber pensado que en esa estrategia de la negociación lo que les pasa a ellos es que desaparecen? Puede que Imaz lo haya pensado y puede que dé el siguiente paso y diga que ahora lo que nos queda es la derrota de la banda. Puede que sí.
-Derrota política... ¿y policial?
-Puede que haya gente que piense que ETA es infalible, que es una organización perfecta y que el Estado no lo es tanto y por ello la negociación es el final inevitable. Pero sólo vale ya la derrota política y policial de la banda, y una vez conseguido eso haremos política.
-Pero tendrá que convencer a sus compañeros de Madrid...
-No hay más cera que la que arde, y el que quiera que arda más cera se está quemando con la vela.
-Pues todo parece indicar que hay un hilo de esperanza todavía en Zapatero...
-Creo que no, creo que Zapatero sabe al día de hoy que esto se ha acabado. Y tenemos que ver gestos más claros y evidentes en el ámbito de lo político de cómo él da por terminado esto. Yo, desde luego, querría que él lo diera por liquidado.
-¿A usted le convencieron los discursos moderados de Rajoy y De la Vega, tras el encuentro en La Moncloa?
-Rajoy actuó responsable e inteligentemente. Yo sé que le criticarán muchos en su partido porque lo radical satisface más. Pero están por encima los intereses del país. Aquel día tocaba eso. Y si es cierto que el proceso ha acabado, ahí se abre un periodo de acuerdo.
-¿Usted cree? Parecen todos bastante tibios...
-Tendríamos que conseguir que con este tema no se debatiera porque hubiera lealtad entre las partes. Y ahí el otro día cumplieron los dos, y especialmente el líder de la oposición.
-Y eso que la frialdad se palpaba, muy al contrario que con Ibarretxe. Recibimiento a pie de coche, sonrisas y luego el apoyo del lehendakari...
-Zapatero tiene que decidir entre Rajoy e Ibarretxe. Hay dos planos diferentes. Uno es el moral: yo creo que Ibarretxe no quiere que se asesine, y en eso debemos estar todos de acuerdo. Y luego está el ámbito de lo político, y ahí no estamos juntos. Ibarretxe lleva ocho años diciendo lo mismo, es el personaje más insistente, por no decir otra cosa, de la política española. Él es partidario de la negociación porque cree que así tienen satisfacción sus pretensiones, y eso es incompatible con lo que yo pienso.
-Y mientras tanto, silencio para las víctimas. ¿No ha llegado demasiado tarde el homenaje a las que murieron en Hipercor por parte del Gobierno catalán?
-Es muy importante que lo haya hecho Montilla. Muchas veces no damos importancia a las cosas, y ese gesto lo tiene. Pero el perdón es de las víctimas, no del colectivo. Tú no puedes pedir a una víctima que perdone sin antes haber derrotado a los asesinos. ¿Qué me están diciendo...? Yo puedo perdonar cuando venza. No se puede pedir dos sacrificios de ese calibre.
-¿Es recuperable el espíritu del 13 de mayo de 2001 que les llevó a usted y a Mayor Oreja a presentarse de la mano?
-Aquí es difícil: los protagonistas de aquello hemos desaparecido. Yo he dejado la política y Mayor Oreja está en Bruselas. El PSE tiene otros dirigentes que optan por cosas distintas de las que yo defendí y no han tenido malos resultados electorales.
-¿Se arrepiente, después de ser desalojado del PSE, de aquello?
-Yo no me arrepiento de nada porque Estella fue una ofensiva contra nosotros y nos tuvimos que defender. Y sigo creyendo que en el País Vasco un acuerdo PSE-PP tiene grandes ventajas para la convivencia democrática. Me escandaliza que algunos se lleven las manos a la cabeza porque el PP y el PSOE se unan y a la vez vean con toda naturalidad, en cambio, una relación con alguien que no está de acuerdo con los principios democráticos.
-Pero algo de culpa tendrá Zapatero al haber acentuado las diferencias con el PP...
-Raymond Aron decía que para un pueblo tan importante es la memoria como el olvido, un olvido activo, no anestésico. Sí, en estos tres años hemos recuperado la memoria que teníamos que haber olvidado.
-Eso suena al espíritu de la Transición, que treinta años después... ¿ha pasado a mejor vida con la política de La Moncloa?
-Ese fue el único momento en que no nos tiramos el pasado a la cabeza. Ahora que recordamos a Suárez, hay que recordar también a Alfonso Guerra y a Abril Martorell impulsando la negociación: o a Cuevas o a Ferrer Salat o a Nicolás Redondo o a Camacho... Es que hubo un esfuerzo de superación de las siglas que nosotros tenemos que recuperar.
-¿Han desdibujado sus compañeros la ideología socialdemócrata en pos del pragmatismo?
-Hay dos cosas diferentes. Zapatero ha logrado tener una magnífica relación con los sindicatos, que no tuvieron otros gobiernos, y ha tenido muchos logros sociales que debería exhibir más. Eso está en su haber. Compatible con eso está un cierto baile sin límites: muchos socialistas han sustituido el proyecto ideológico socialdemócrata por el poder y los elementos étnicos. Y eso se suma a una capacidad de alianzas ilimitada, que no es buena. Porque las alianzas tienen que tener límites; si usted quiere pactar con todos, usted ha renunciado a la capacidad de liderar. A mí me parece que la renovación de la socialdemocracia en algunos casos se está haciendo con gente poco preparada.
-¿Calificaría de traición lo que ha hecho Patxi López con el PSE y con usted mismo?
-Sí han dado un giro, pero aquí tenemos la violencia terrorista y eso contamina todo, también al PP. Mire, ha prevalecido por encima del acercamiento al nacionalismo algo sentimental que no tiene ninguna razón de ser: el alejamiento del PP. Y eso no es bueno en una situación como la nuestra. Yo no estoy de acuerdo ni con la nación de naciones, ni con la comunidad nacional ni con un nuevo Estatuto, como defienden algunos en el PSE. Y con el respeto debido a los que han sido mis compañeros, creo que se han confundido.
-¿También su amigo Carlos Totorika, el alcalde de Ermua, al enfrentarse con el Foro?
-Me sorprendió. Pero su valía es la que todos creíamos que tenía antes. Ese es el verdadero personaje. Luego, en la vida, se tiene un resbalón. Creo que se confundió por intervenir en una polémica en la que tenía poco que decir.
-¿Y si el PSN pactara con Nafarroa Bai sería otra felonía?
-Sería un error, pero creo que va a gobernar UPN. Y creo que, con ello y en Navarra, se va a terminar el «proceso de paz».
-No parece un buen comienzo la no ilegalización de ANV...
-Lo que sí es un error es ilegalizar sólo una parte, y con ese error vamos a convivir los próximos cuatro años.
-¿Ondarroa es síntoma de una sociedad corrompida, miedosa y poco democrática?
-Ondarroa es un pueblo muy importante, nada pequeño. Y eso demuestra algo que el PNV debe tener en cuenta: una vez que ETA acabe con nosotros va a ir a por ellos. Y el PNV, por decirlo suavemente, tiene menos cuajo que el PP y el PSOE. Y luego, la dignidad del Estado no puede recaer en una persona por mucho que sea extraordinaria como Germán [López Bravo, edil del PP en esa localidad]. Pero algo no funciona cuando todo el peso de la libertad recae sobre una persona.
-Acaba de llegar de Huelva, donde ETA iba a atentar con cien kilos de explosivo robados durante el «proceso». ¿Cómo está viviendo en lo personal la vuelta al miedo?
-No lo he vivido con dramatismo. Sigo con los escoltas, ahora tenemos más cuidado, también la familia, salgo a horas distintas... Me cuido más. Pero me preocupan más los concejales del PSOE y del PP. Esa gente que está todo el día en el pueblo, y un día va a beber un vino y le pegan un tiro...
-¿Entiende que su amigo Savater quiera crear un partido que puede «robarle» votos al suyo?
-Yo sigo afiliado al PSOE y creo que no es necesario un nuevo partido, pero son gente tan querida por mí que no puedo decir nada malo.
-¿Qué sintió cuando Zapatero abrazó hace unos días a su padre en su 80 cumpleaños?
-Me emocionó mucho porque algunos han tratado de que mi padre no formara parte de la historia del PSOE.
-¿Felipe González, por ejemplo?
-En absoluto. Él no está en eso, le da igual quién forme parte del PSOE. Hablo de gente más mediocre, no de Felipe.
-¿Usted reconoce en su actual partido al digno PSOE de Indalecio Prieto, Rubial, Redondo, Besteiro o Pablo Iglesias?
-Como dijo Prieto en México ante una escultura de Pablo Iglesias: «Soy socialista y español». Esa es la parte que nos falta.
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