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ABC Cultural

Arturo Pérez Reverte fue elegido miembro de la Real Academia Española por aplastante mayoría

Arturo Pérez Reverte es desde ayer académico electo de la Española. Elegido en la primera votación -algo poco habitual-ocupará el sillón T mayúscula

El nuevo académico, en la barra del Café Gijón, donde ayer habló con los periodistas. ERNESTO AGUDO

MADRID. Gratísimamente sorprendido. Así se encontraba ayer Arturo Pérez Reverte cuando el reloj rondaba las 20.00 horas. Acababa de recibir la noticia de que había sido elegido en primera vuelta -puede haber hasta tres votaciones- para ocupar el sillón T mayúscula, que ocupó hasta su muerte Manuel Alvar. Obtuvo veintiséis votos de treinta. Arturo Pérez Reverte se convierte en el segundo académico más joven. El de menos edad es Antonio Muñoz Molina, nacido en Úbeda en enero de 1956. Cuando el autor de «El jinete polaco» fue elegido contaba sólo 39 años y 40 cuando leyó su discurso de ingreso. El autor de «La reina del Sur» nació en Cartagena en 1951. Como es habitual le había presentado a la elección una terna de académicos compuesta, en este caso, por Gregorio Salvador, Eduardo García de Enterría y Antonio Muñoz Molina.

Bullicio inusitado

La Academia bullía ayer. Era mucha la expectación por conocer la decisión de los miembros de la Española sobre la incorporación de Reverte a la Docta Casa. Y no sólo en España. Baste decir que en ABC se recibieron llamadas incluso de Finlandia preguntando la hora de la votación.

Pérez Reverte convocó a los periodistas, una vez conocida la noticia, a una rueda de Prensa en el café Gijón, lugar en el que suele conceder sus entrevistas. El periodista que ganó fama y prestigio como reportero en mil y una guerras hablaba ayer como académico. Es premio Grupo Correo a los Valores Humanos.

Confiesa el autor de «El capitán Alatriste» que otros confiaban más que él en la candidatura y que su discurso de ingreso versará, probablemente sobre el lenguaje de los delincuentes del Siglo de Oro. Su papel como académico lo cumplirá a rajatabla, ya que «la Academia es la referencia de 400 millones de hispanohablantes. Tomárselo a la ligera sería una arrogancia y una estupidez. Si me han nombrado académico ahora debo corresponder, y lo haré con muchísimo gusto. Lo que pasa es que iré, pero durante mucho tiempo estaré callado. Si luego tengo algo que decir, lo diré. De momento, eso será lo que haga». Declaró que estaba muy agradecido a los académicos mayores, gente a quien respeta de toda la vida. «Los ves como algo muy distante, serio y formal, gente que no has tratado nunca. Gente educada que sabe quién es Galdós, que han leído a Quevedo, que saben quién es Ginés de Pasamonte, el duque de Estrada, y descubres que leen tus libros y te apoyan. Eso hace que te sientas muy bien».

Dada su inmensa popularidad como escritor, todo lo que toca duplica el interés. Pero a Reverte le ha costado ser profeta en su tierra. Y es que el hecho de vender a más y mejor -baste decir que de «La tabla de Flandes» se hicieron 46 ediciones y de «El club Dumas», treinta y pico, amén de estar traducido a treinta idiomas- no sirvió para que en España creciera su valía como creador. Mientras que en Nueva York se le consideraba un buen escritor y en Francia, el presidente de la República le nombraba Caballero de la Orden de las Letras y las Artes o conseguía el premio Jean Monet de Literatura europea 1997 por «La piel del tambor», título que «Time» considera un año después como una de las obras más destacadas en Estados Unidos, la gran mayoría de la crítica española -que ya parece considerarlo de otra manera- no veía en él más que a un «best seller» que sabía atraer a las masas. En julio de 2002, Pérez Reverte le confiaba a ABC: «Sé que hay dos premios que en España no tendré jamas, el de la Crítica y el Nacional de Literatura». A la Academia nadie se atrevía a mencio narla. Sin embargo, ha sido la Docta Casa la que primero ha reconocido los méritos literarios del autor de «La carta esférica». Ayer, Gregorio Salvador, vicedirector de la RAE, decía que «no es sólo un escritor de «best seller», sino un autor con las ideas muy claras acerca de la narrativa y de lo que el público espera». Añadió que «es el escritor español que tiene más fama en el extranjero. Dentro de las fronteras del mundo hispano es probablemente de los escritores más leídos». Considera que aunque en la actualidad es menos periodista que en el pasado, sí puede afirmarse que hay un periodista más en la Academia. Declara tener un pie en la literatura y otro en el periodismo, y eso proporciona una visión viva del lenguaje de la calle, algo que se nota en las novelas. Es rotundo: «Hasta «La Reina del Sur» no fui consciente de la enorme dimensión del español en América. Es un idioma en transformación continua».

Un reducido grupo de personas que dijeron pertenecer al mundo editorial protagonizó, ante la Academia y el Café Gijón, una protesta que fue calificada de «acto poético». Rechazaban que Pérez Reverte hubiese sido elegido miembro de la RAE. Pero el escritor tiene muy clara su elección: «No es un espaldarazo a mi literatura, sino a la literatura en general, a los lectores. Lo que compruebo es que la Española no se resigna a ser algo cerrado, exquisito, aislado del mundo, sino que quiere estar en contacto con la vida real, con la calle. La Academia se preocupa por lo que pasa con el español, y yo estoy en ese mundo».

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