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Greenspan afirma que Bush fue a la guerra sólo por el petróleo

Muchos en Washington llaman a Alan Greenspan «el Maestro». El apelativo no alude tanto a su maestría financiera acreditada durante más de dieciocho años al frente de la Reserva Federal Americana, como

Muchos en Washington llaman a Alan Greenspan «el Maestro». El apelativo no alude tanto a su maestría financiera acreditada durante más de dieciocho años al frente de la Reserva Federal Americana, como a su capacidad de equilibrar todas las fuerzas como un director de orquesta. No es poco haber estado hasta el año pasado al lado de George W. Bush -aunque jamás en su círculo íntimo, puntualiza-, proclamándose «republicano libertario», y publicar ahora unas memorias que dejan al presidente a la altura del betún y bendicen la política económica de Clinton.

¿Pero de qué Clinton? ¿Bill o Hillary? Todo es posible, vistos los avances editoriales de «La edad de la turbulencia: aventuras en un Nuevo Mundo», las memorias de Greenspan que salen hoy a la venta en Estados Unidos. Son 500 páginas sin desperdicio. En ellas afirma sin tapujos que los republicanos «merecieron perder» las elecciones de noviembre pasado por su indisciplina presupuestaria y su desprecio de la economía y de la moral. El ex presidente de la Reserva Federal se lava las manos de los recortes de impuestos de Bush y no duda en acusarle de haber hecho la guerra de Irak exclusivamente por el petróleo.

Precisamente, el secretario de Defensa, Robert Gates, salió a paso de esta afirmación, informa Reuters, negando este extremo, y aseguró que la guerra se lanzó por la necesidad de estabilizar el Golfo y combatir a las fuerzas hostiles.

Clinton y Nixon

Greenspan, que ha visto pasar unos cuantos presidentes, considera a Clinton el más inteligente de todos, sólo igualado por Richard Nixon, mientras que Gerald Ford sería «el más normal y agradable» y Ronald Reagan, el mejor paladín del libre mercado, aunque su visión de la economía no fuera «ni profunda ni sofisticada».

Greenspan reivindica el severo control del déficit público que caracterizó la gestión de Clinton, aunque no sea esta la parte más popular de su legado entre las bases demócratas. La propia Hillary dijo en sus días de primera dama: «No estamos aquí para dedicar todo nuestro tiempo a enjugar el déficit de los republicanos».

La agresividad de Greenspan con Bush es tal que un observador neutral podría cuestionarse su tan cacareada independencia. Pero eso no le quita una autoridad apabullante. Greenspan es el hombre que toreó económicamente el fin de la Guerra Fría y que frenó, o minimizó, la debacle que podía haber seguido al 11-S. Es el «mago»de la baja inflación.

Un punto débil: algunos creen que su política de bajos tipos de interés ha coadyuvado al estallido de la burbuja inmobiliaria. Greenspan lo niega y dice que es culpa de la caída del muro, que lanzó al mundo millones de nuevos aspirantes a comprarse una casa.

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