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ABC Cultural

«Gisaku», la primera película «anime» española

Un fotograma de «Gisaku»

El anime, una de las variantes de la animación japonesa (el culto en Japón a este género, así como al denominado manga, es extraordinario) ha traspasado fronteras. Buena prueba de ello es la creación de esta película, «Gisaku», nacida como consecuencia de un acuerdo entre la productora Filmax y la Sociedad Estatal para Exposiciones Internacionales (SEEI), responsable del Pabellón de España en la Exposición Universal de Aichi, celebrada el pasado año.

«Gisaku» quiere unir las culturas españolas y japonesa, a través del viaje de un samurai por nuestro país con el fin de completar una misión: «proteger la Llave de Izanagi del mal. La llave, compuesta de pedazos poderosos, cierra la puerta que conduce a la entrada del umbral del mundo».

La idea de realizar esta película partió de la SEEI, que en la primavera de 2003 convocó un concurso de ideas para realizar una película de animación que representara a España en la Expo de Aichi y que incluyera contenidos sobre ambos países. «La principal premisa -explican los responsables de la SEEI- fue que el largometraje transmitiera una imagen actualizada y moderna de España, promoviendo valores como la solidaridad, la calidad de vida, las nuevas tecnologías, la protección del medio ambiente, el potencial inversor y económico, así como el patrimoio histórico, natural y cultural del país».

Baltasar Pedrosa es el director del filme, que ha producido Julio Fernández y que cuenta con un guión original de Ángel Pariente. En la elaboración de la película, dice la productora, «ha intervenido un equipo de 434 personas y han participado 21 estudios de animación de España, China, Corea, Filipinas, Japón, Italia, Francia, España, Argentina y Brasil».

La trama parte de un hecho real, el viaje de la primera embajada japonesa en el siglo XVII a España y el Vaticano, un periplo en el que se ha encajado al protagonista de «Gisaku», Yohei, un samurai encargado de velar la puerta que separa el mundo del bien y el mal, y que permanece dormido hasta el año 2006 por un embrujo. Al despertar, Yohei sufre multitud de aventuras junto a un niño, un lince ibérico y una joven científica por escenarios de Sevilla, Santiago de Compostela, Madrid, Barcelona, Navarra o La Coruña.

«Queríamos que la realidad española llegara al público familiar japonés -comentó Baltasar Pedrosa en la presentación de la película-. No es «anime» puro, porque queríamos que tuviese un aire latino, es más una mezcla de lo oriental y lo occidental».

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