Arte y rarezas París para coleccionistas
Dicen que coleccionar es una actividad tan estimulante como placentera, y algo debe de tener esta vieja afición cuando se empieza por una pieza insignificante, curiosa y divertida, y se acaba metido
Dicen que coleccionar es una actividad tan estimulante como placentera, y algo debe de tener esta vieja afición cuando se empieza por una pieza insignificante, curiosa y divertida, y se acaba metido en un precioso laberinto del que no se quiere ni se puede salir.
En París se está celebrando el Salón del Coleccionismo, en el Grand Palais, «rendez vous» obligatoria para esos locos de los tinteros (incluidos los otomanos), plumas, pastilleros, relojes miniaturas de marfil, tallas góticas, plata, porcelana rusa o francesa, cerámica española, bureaux, tapices, alfombras, cuadros flamencos, o goyas, y velázquez, amén de impresionistas o giacomettis.
En el coleccionismo cabe todo. Sólo depende de dos cosas: el tamaño de la casa y del bolsillo, porque el mundo de los locos adictos a los más increíbles objetos no tiene límite, ni temario. Abarca desde armas de fuego a recuerdos históricos de los cinco continentes, incluidas sus artes primitivas. Los hay que en un ataque de snobismo coleccionan cosas «auténticamente falsas», por eso el Salón es el teatro de una exposición inédita.
Seis anticuarios españoles
París es esta semana una locura para los coleccionistas que, afortunadamente para anticuarios y «chamarileros», son muchos. El Grand Palais, recientemente restaurado, se ha dividido en cinco zonas, por especialidades, para albergar las «gangas» que 150 anticuarios (entre ellos 6 españoles) han traído, objetos todos que recorren la historia del arte desde la antigüedad hasta hoy o que, sencillamente, rememoran importantes citas y acuerdos del pasado.
Quien se pasee (previo pago de 15 euros) por este complejo mundo de ilusiones, picará y, en algunos casos, hasta repetirá, como le sucedió en la pasada edición a madame Chirac (el ex presidente es un gran coleccionista) que acudió un día, le gustó, y volvió en cuatro ocasiones a comprar divertidos regalos de Navidad. No se sabe si Sarkozy es coleccionista, pero a Cecile, su mujer, le interesa mucho la pintura flamenca, el art decó y los años cincuenta, y a buen seguro que irá a buscar algo, porque como decía Balzac «resulta imposible resistirse a esos trueques, dicha inefable de los coleccionistas».
El coleccionismo nació con los patricios romanos, que, atraídos por el arte, llenaban sus lares de preciosas vasijas, estatuas, ánforas y joyas, en pura competencia con el vecino. Objetos que han pervivido con el tiempo y que han sido en ocasiones cronistas de la Historia. Hoy, los coleccionistas, (que tantas veces han salvado el mercado del arte), comienzan por capricho y, con el tiempo, acaban metidos en este mercado comprando, a veces de manera convulsiva sin saber qué hacer con los objetos ni dónde ponerlos. Basta recordar esas paredes plagadas de llaves o planchas de hierros o botijos. Menos mal que este Salón del Coleccionista de París es un vector de la evolución del anticuario y un reflejo de su modernidad, que este año da cabida a marchantes muy jóvenes pues para algunos será su primera experiencia en un Salón de elite.
Esta es la tercera edición que se celebra y nació con la idea de crear una alternativa a las Bienales del Anticuario. Se puede visitar por simple curiosidad, sin comprar nada, porque no hay presión, en un ambiente relajado. Allí encontrará entre otros a los seis anticuarios españoles que acuden. Elena Mola, que es la tercera vez que acude, lleva magníficas obras antiguas de pintura española (Antonio de Espinosa, Eugenio de Egusquiza, Bartolomé González, Marcos Fernández Corea...) y flamenca (Balthassar Van Den Bossche, Adrian Van Utrech, Louis de Canllery...). Lorenzo Martínez, cuya especialidad es lo medieval y renacentista, piensa que «es el primer Salón de Anticuarios que se adapta a las nuevas necesidades de un mundo más global y especializado y recorrer cada estand supone una maravillosa aventura por el mundo del arte». Lleva al Salón una talla románica de una virgen sedante del siglo XII, otra, en madera policromada del XIII; un San Juan Bautista, también del XIII y un relieve «Adoración de los Magos», del finales del XV, entre otras piezas.
María Elizari y Pedro Ramón Jiménez, que están al frente de «Theotokópoulos», cuya especialidad es la obra pictórica europea de los siglos XV, XVI y XVII, repiten convocatoria tras el éxito de su edición anterior. Llevan como «joya» un cuadro de Blasco de Grelen de principios del siglo XV. Y en la galería de arte antiguo «Codosero», especializada en esculturas y arte decorativas tienen un curioso repertorio de objetos que incluyen desde un bargueño tallado en nogal (1550), un tintero con tapa o un plato de Talavera (XVII). París bien vale una antigüedad.
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