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«Kantauri» compró en Bosnia el misil para matar a Aznar

Mientras los cabecillas de ETA hacían ver en 1998 su intención de negociar con el Gobierno del PP, los responsables de «logística» compraban armas en el mercado negro internacional que surgió en el

POOL El etarra Arizcuren Ruiz, «Kantauri», en su última comparecencia ante la Audiencia Nacional EFE Joseba Egibar

Mientras los cabecillas de ETA hacían ver en 1998 su intención de negociar con el Gobierno del PP, los responsables de «logística» compraban armas en el mercado negro internacional que surgió en el corazón de Europa tras la guerra de los Balcanes. En una de estas transacciones, los terroristas adquirieron diversas armas así como los misiles tierra-aire con los que pretendió asesinar al entonces jefe del Ejecutivo José María Aznar durante la campaña para las elecciones autonómicas vascas de 2001. Por esta mercancía, los etarras llegaron a pagar medio millón de dólares, lo que equivalía a unos 75 millones de pesetas.

Los cabecillas de ETA encargaron la comisión de atentados con misiles Sam-7, de fabricación rusa, a un «comando especial», de cuya existencia los servicios de la lucha antiterrorista tuvieron conocimiento a raíz de la documentación intervenida en Francia a Ibón Fernández Iradi, «Susper», ya en prisión. Por ello, las fuentes consultadas por ABC creen que el atentado contra Aznar iba a ser perpetrado por este «comando especial». Pedro María Olano, tras su detención el pasado jueves en Lizartza (Guipúzcoa), no ha podido aclarar la identidad de los integrantes de este grupo criminal, ya que en ningún momento tuvo contacto con ellos. Tampoco lo tuvo con el individuo o individuos a los que en Gu_thary (Francia) entregó el proyectil de guerra. La misión de Olano, así como la de Juan María Mújica, era la de acompañar a los jefes del «talde» Ignacio Iruretagoyena, «Suny», y Gregorio Jiménez Morales, «Pistolas», en sus diferentes desplazamientos y citas.

La prueba de la compra de armas fue encontrada en poder del entonces jefe del «aparato militar» de ETA José Javier Arizcuren Ruiz, «Kantauri», detenido junto a tres de sus «lugartenientes» en París por la Policía francesa en colaboración con la Guardia Civil. La redada se produjo el 9 de marzo de 1999, en plena tregua de Estella, un día antes de que la Policía Nacional desarticulara en San Sebastián al nuevo «comando Donosti». Todo ello constituyó, una vez más, la prueba de que ETA estaba utilizando el alto el fuego para armarse hasta los dientes.

«Para armas»

En la vivienda parisina en la que se escondía «Kantauri», los agentes encontraron una anotación con la indicación «para armas» y especificaba que el gasto estipulado alcanzaba el medio millón de dólares. Se cree que la compra se realizó en 1998. Uno de los «lugartenientes» que cayó junto al jefe del «aparato militar» fue José María Puy Lecumbery, precisamente el encargado de la adquisición de armas en el mercado negro internacional.

Las investigaciones abiertas tras esta operación concluyeron que esas armas habían sido compradas por ETA en la antigua Yugoslavia. Cuando terminó la guerra de los Balcanes, esa zona degeneró en un enorme mercado negro de armas, al que acudieron diferentes organizaciones terroristas desde ETA al IRA pasando por grupos islamistas. Los investigadores creen que en la compra de los misiles Sam-7 actuó como intermediaria una red de delincuentes irlandeses.

En el manuscrito incautado a «Kantauri» no se especificaba el tipo de armas adquiridas. No obstante, fue a raíz de la detención del entonces responsable del «aparato logístico» Asier Oyarzábal, «Baltza», llevada a cabo el 23 de septiembre de 2001 en la localidad francesa de Dax, cuando la Guardia Civil supo que la banda tenía en su poder misiles tierra-aire, modelo Sam 7, como los que utilizó para intentar para acabar con la vida de José María Aznar. A «Baltza» se le encontró una carta con la clave «gorri» (rojo), en la que se aludía a la posesión de este tipo de artefactos de guerra.

Inscripciones en ruso

No fue hasta 2004 cuando la Policía francesa, de nuevo en colaboración con la Guardia Civil, encontró dos misiles a raíz de la detención de los cabecillas etarras «Mikel Antza» y Soledad Iparraguirre, «Anboto». Uno de los proyectiles se ocultaba en una vivienda de Urruñe, propiedad de Pedro Alcantarilla y Lourdes Urdanpilleta. El otro fue localizado en una granja de Briscous, donde residía José Ramón Arano y Miryan Incaby. Los dos artefactos estaban en cartuchos de cartón y llevaban inscripciones en ruso relativas al origen y la fabricación.

Tras este hallazgo se encendieron las luces de alarmas ante la posibilidad de que la banda estuviera preparando atentados inminentes contra altas personalidades del Estado, ya que los misiles aparentemente se encontraban listos para ser utilizados. Incluso la Policía francesa investigó entonces si ETA había ensayado un año antes con un misil de estas características en un descampado de la región de Las Landas, ya que se encontró un vehículo calcinado. Tras las primeras pesquisas, se comprobó que había sido destruido con armamento semipesado, aunque se descartó el empleo de granadas.

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