Rudi Gutendorf, el técnico de los cinco continentes

MADRID. ¿Quién inventó el «catenaccio»? La propia palabra denuncia la respuesta: «Los italianos». Pero para muchos países del Tercer y Cuarto mundo, para muchas selecciones de África, Asia e islas del Pacífico, el inventor de la «defensa por encima de todo» es Rudi Gutendorf, el entrenador ambulante del universo del balón. Este alemán de 76 años acumula más de medio siglo como técnico -siendo jugador del Neuendorf ya dirigía equipos modestos desde 1950- y ahora vuelve a trabajar en uno de sus cometidos más habituales: seleccionador de Islas Samoa.
Es el antepenúltimo viaje de una carrera labrada como la Piquer, con el baúl a cuestas. Al cabo de medio siglo Rudi ha trabajado en veintisiete naciones, en los cinco continentes, para dirigir a cincuenta y cuatro equipos entre clubes y selecciones. En 1981 se superó a sí mismo: era el técnico nacional de Nepal, Tanzania e Islas Tonga y el instructor del equipo de las Islas Fidji.
Imponer disciplina en el Pacífico
Hoy es el decano del fútbol universal. Hace cuarenta años, en 1964, veía el mundo al revés: con 37 se convirtió en el preparador más joven de la Bundesliga recién nacida, en la que debutó con el Meidericher (luego Duisburgo) y con una estrategia revolucionaria en Alemania: ese «catenaccio» que después exportó por Asia, África, el Pacífico y América. Desde entonces el mundo germánico le conoce como «Riegel Rudi», es decir, «catenaccio Rudi», una táctica que había desarrollado en Suiza y Túnez, sus primeros «viajes».
Con aquel Meidericher-Duisburgo defensivo consiguió el segundo puesto en la primera Bundesliga. Sólo les superó el Colonia. Nunca fue, sin embargo, profeta en su tierra. En 1966 volvió a «volar», esta vez a Missouri (el Saint Louis) y a las Bermudas (seleccionador). Comenzó a definir su trayectoria de «entrenador aéreo internacional», con regresos de «Guadiana» al fútbol alemán, para recordar donde nació.
Valladolid, una de sus paradas
Después de trabajar en Chile, Bolivia y Venezuela, en 1975 recaló en España. Se hizo cargo del Valladolid durante unos meses. Fue su única incursión en nuestro país. Tras sus experiencias por África, Norteamérica y Suramérica tenía claro que su campo estaba en otros mundos, no en Europa.
No era un técnico clásico alemán. Su carácter abierto le exigía abrir gas y correr hacia otros continentes, un deseo que traducía en su facilidad para aprender idiomas (habla español, inglés, francés y hasta swahili). En todos esos países dejó el sello de su sistema defensivo, que casa con una necesidad: la disciplina. Esa semilla es la que le hizo famoso en Asia, el Pacífico, el Caribe y África, donde se topó regularmente con jugadores que no admitían una disciplina. Todos salían a marcar gol. Que defienda el último. Su pelea contra ese individualismo cultural se extendió boca a boca, piragua a piragua, tambor a tambor, hasta hacerse seleccionador de media África y de todas las islas caribeñas y «pacíficas». «Catenaccio es disciplina» es su lema.
Ahora, las Samoa le contratan para que imponga mano dura en un equipillo de amigos que hasta el momento jugaban para divertirse y que no saben lo que es bajar y destruir. Esta selección perdió 32-0 con Australia hace dos años. Claro, las Samoa son un territorio pequeño, de 56.000 habitantes y 199 kilómetros cuadrados, administrado por Estados Unidos. Rudi piensa que puede cerrar mejor esa portería tan mal defendida. Es su especialidad.
Sabe lo que tiene que hacer en aquellas islas oceánicas. Conoce los carácteres, la forma de vivir. Incluso le gusta. No es un alemán al uso, como ha demostrado desde que en 1961 emigrara a Túnez. Es un tipo extraño, único, un Robinson Crusoe del fútbol. Ha conquistado una isla tras otra con un balón como arma. Cuando falta varios meses del Pacífico le entra «morriña». Necesita el sol como el lagarto. Luego de haberlo disfrutado en tantos continentes no puede encerrarse en el otoño y el invierno alemán, donde el sol se fuga -si es que sale- a las cinco de la tarde; mejor dicho, de la noche. De hecho, Gutendorf tiene dos residencias «fijas discontinuas»: Sidney, en Australia, y Neustadt, en Alemania.
Buscador de sol
La casa de Sidney tiene una culpable: su mujer, Marika, treinta y seis años más joven que él, que hace catorce presentó un segundo acusado: su único hijo, Fabián. La sede de Neustadt es un intento tan perenne como baldío de encontrar un lugar en la tierra donde nació. Y eso que la residencia es irrepetible: una antigua estación telegráfica reformada para vivir. El sol, no obstante, no aparece por allí ni en telegrama. En realidad, la casa de Gutendorf se encuentra en un sitio distinto cada año.
La última prueba de retorno definitivo a Alemania la llevó a cabo en su casa, Coblenza, hace cuatro años. Nada más finalizar su labor con el equipo de Islas Mauricio fue contratado, en 1998, como director deportivo del club de su ciudad. No pudo resistir. A los dos años pidió el finiquito porque otra de sus patrias, África, le volvía a llamar. Firmó como seleccionador de Ruanda.
Ahora regresa al Pacífico. Las Samoa y Pago Pago, su capital, le esperan. Nadie podrá escapar a su disciplina, salvo que se fugue a nado o en piragua.
Esta funcionalidad es sólo para suscriptores
Suscribete
Esta funcionalidad es sólo para suscriptores
Suscribete