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LA PERVERSIÓN DEL LENGUAJE

NUNCA pensé que me iba a cansar de los temas políticos, que me iba a asquear de la política, que iba a cerrar los ojos y los oídos ante tanta necedad y perversión lingüística: Crecí en un ambiente político y me configuré bajo su piel, su mundo fue mi mundo. Ahora acudo, principalmente, a los salones de la literatura, y sobre todo la poesía, para salvarme de tanto eslogan, consignas, insultos, frases repetidas, y sobre todo, tantas y tantas mentiras obvias que dejan a los futuros votantes al nivel de los seis o siete años o impotentes, absurdos, idiotizados como seres adultos con capacidad de raciocinio.

Se ha pervertido el lenguaje y han sido, sobre todo, los políticos sus artífices, por no decir sus verdugos y corruptores. Ya nada puede interpretarse «al pie de la palabra», «al pie de la frase». Es incomprensible que algo que nació para la comunicación entre las personas se haya convertido en un muro en donde chocamos los ciudadanos de a pie, y donde nos estrellamos y nos cabreamos, pues nos encontramos ante una situación construida por la mentira, el oprobio y el dislate, no por la realidad común a la que se encubre bajo el manto de la estupidez más descarada.

Pero señores políticos cómo nos vamos a creer lo que nos dicen de la operación contra Irak?, ¿cómo lo de las armas de destrucción masiva?, ¿cómo la democratización del pueblo iraquí a través de la guerra y la violencia...? Cuando la democracia es un aprendizaje largo y costoso y a través de convencer poco a poco, no de vencer e imponer idearios y formas. ¿Cómo creerse que no hay corrupción política con el terreno público?, ¿cómo entender los capitales desmesurados de algunos políticos? ¿Cómo «tragarnos» tantas y tantas manifestaciones tan simples como las de que los del PP son los buenos, los honrados y además los únicos que tienen un buen programa para España, y que los del PSOE son los malos, los corruptos y no tienen programación alguna, estando los dos partidos formados por personas y por lo tanto sujetos a la maleable condición humana?

Y, sin embargo, qué poder tiene la palabra para construir edificios argumentales que parecen verdaderos, partiendo de bases falsas que evidencian a las claras su adulteración.

Es peligroso adonde estamos llegando, el sentido común, la capacidad para comprender un suceso, una situación, un hecho político, se ha desdibujado. ¿Cómo llegar ahora a enterarnos de «la verdad» o al menos de parte de ella?, ¿a qué código de comunicación acudiremos?, ¿acaso a la mímica?

Hemos entrado en un enorme laberinto donde no existen indicaciones para poder deambular por él, pero, incluso, no hay indicador alguno para salir. Estamos desorientados totalmente, pues se nos niega algo que la humanidad necesita para crecer por dentro, la interacción con la verdadera realidad. En fin, necesitamos una regresión hacia el nacimiento del lenguaje, hacia su origen, por haber sido manipulado y adulterado por los poderes fácticos. Sólo así volveremos a creer en que sus palabras tienen referentes reales y que responden a la verdad y al bien común, no que son productos de sus egos e intereses propios.

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