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ABC Cultural

Fallece a los 77 años el académico y prestigioso biólogo Rafael Alvarado

Hace sólo una semana se le detectó una lesión cardíaca. Ayer un infarto le provocó la muerte en su domicilio madrileño. Rafael Alvarado tenía 77 años y había nacido en Tarragona. Era académico de la Española desde 1981 y de la Academia de Cirugía y Medicina de Galicia así como de diversos organismos nacionales e internacionales. Fue catedrático en la Universidad Complutense.

Rafael Alvarado Ballester, colaborador de ABC, era uno de esos científicos cuyo reconocido prestigio le acaba llevando incluso a la Real Academia Española, donde su especialidad enriquece el idioma. En la actualidad era tesorero de la institución. Licenciado en Ciencias Naturales en 1945, ocupó ocho años más tarde la cátedra de Zoología de los Invertebrados. Fue un asiduo a numerosos congresos internacionales de Zoología, celebrados en Europa y Estados Unidos. En los años setenta fue vicepresidente y presidente de la Real Sociedad Española de Historia Natural. El académico recibirá sepultura mañana en la Sacramental de San Lorenzo.

Elegido miembro de la Española en 1981, leyó su discurso de ingreso, «De nomenclatura. Juxta preceptum aut consunsu biologorum. (Tecnicismos, cultismos, nombres científicos y vernáculos en el lenguaje biológico), en 1982, ocupando el sillón «m» minúscula. Fue el primero de los diez nuevos académicos, tras la ampliación acordada en septiembre de 1980.

Paralelamente fue miembro de diversos organismos nacionales e internacionales relacionados con su actividad científica: Comisión Internacional de Nomenclatura Zoológica (desde 1961), Asociación Belga de Malacología (desde 1969), Instituto Ecuatoriano de Ciencias Naturales (1971) y Sociedad Catalana de Biología (1972). Su amor por la Ciencia no era incompatible con el que sentía por la cultura y en 1990 impulsó la reedición de la revista «Atlántida».

En los últimos tiempos, la tristeza se había adueñado de él de forma terrible debido a la enfermedad que padece su mujer, una situación que le hizo muy difícil la vida, aunque trataba de compatibilizar el dolor con el trabajo al que entregó tantos de sus días. Al margen de su indudable talla intelectual, Alvarado será recordado como el caballero que fue.

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