El fantasma de Lemóniz
J.P.MADRID. HB apunta y ETA dispara. Esta ha sido una constante en la historia más reciente, y también trágica, del País Vasco. El binomio ETA-HB cerró para siempre la central nuclear de Lemóniz y
J.P.
MADRID. HB apunta y ETA dispara. Esta ha sido una constante en la historia más reciente, y también trágica, del País Vasco. El binomio ETA-HB cerró para siempre la central nuclear de Lemóniz y cambió el trazado de la autovía de Leizarán que une Pamplona y San Sebastián. ¿Podrá ahora paralizar o modificar la «Y» vasca?
En su pretensión de ganarse adeptos entre la población vasca, la banda se ha apropiado en ocasiones de causas intrínsecamente nobles. A finales de los setenta se disfrazó de «ecologista» para aprovechar el creciente clamor popular contra la construcción de la central de Lemóniz.
Enarbolando la bandera antinuclear, entre 1978 y 1982 ETA asesinó a tres trabajadores de la central, Andrés Guerra, Alberto Negro y Ángel Baños, en sendos atentados indiscriminados, así como a dos ingenieros, José María Ryan y Ángel Pascual. Al primero de ellos de un disparo en la nuca y a bocajarro, tras torturarlo durante una semana en un «zulo». Además, la banda mutiló al niño Alberto Muñagorri que, inocente, dio una patada a una mochila cargada de explosivo que los terroristas habían colocado junto a una sucursal de Iberduero, entonces propietaria de la central, en Rentería. ETA, asimismo, perpetró varios cientos de atentados contra bienes relacionados con esta instalación. Treinta años después, Lemóniz sigue cerrada -nunca llegó a funcionar- como monumento que recuerda la claudicación de un Estado ante ETA. HB siempre aplaudió que la banda optase por la opción antinuclear.
Argumento delirante
Alentada por la victoria, la banda recuperó el disfraz de ecologista para plantar batalla contra la construcción de la autovía de Leizarán. Además de hacer suyo el pretexto de que el trazado previsto por las instituciones iba a tener un nefasto impacto medioambiental, algo desmentido por sucesivos informes de la UE, los terroristas recurrieron a un argumento delirante: el Estado quería construir una autopista con fines bélicos, es decir, para que los tanques del Ejército español llegaran antes en un supuesto golpe de Estado. De nuevo, el binomio ETA-HB funcionó con perfecta sintonía. Los batasunos «visitaban» a los empresarios relacionados con la construcción, para transmitirles las consecuencias, y después la banda actuaba. En menos de seis años, la campaña de ETA contra Leizarán se cobró cuatro vidas -las de dos empresarios y dos policías nacionales- y se contabilizaron más de 200 atentados y actos de sabotaje.
La «causa de Leizarán» sirvió como «escuela de práctica» para la «kale borroka». Fue entonces cuando se consolidó como estrategia al servicio de ETA. De estos «taldes» denominados «Y» salieron terroristas que posteriomente se incorporaron a la banda, e incluso a la cúpula. Fue el caso de Asier Oyarzábal, que llegó a ser jefe del «aparato logístico». PSOE y PNV cedieron a la presión y cambiaron el trazado al gusto de los etarra. Ese día, la foto de los dirigentes de HB brindando con champán dio la vuelta al mundo.
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