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La vida de Fahd en la Milla de Oro

Foto inédita de 1979 del entonces Príncipe heredero Fahd (a la izquierda) junto a Alfonso de Hohenlohe a su llegada al hotel Incosol

Leche de cabra, zanahorias y cardamomo verde -planta medicinal de sabor algo picante-. Un pastel diario con estos ingredientes. Esta fue una de las pocas exigencias que realizó el séquito de Bin Abdul Aziz cuando llegó al hotel Incosol de Marbella en 1979. El príncipe heredero de Arabia Saudí era un enamorado de los relojes de alta gama más que de las joyas. Fahd repetía que Marbella era una tierra «bendecida por Alá» y por eso intentó ayudar a su gente construyendo un hospital. Daba propinas millonarias en el Casino. Estas anécdotas tienen un valor añadido. Lo cuentan cuatro personas que tuvieron un trato directo con el fallecido rey saudí, sobre todo cuando era príncipe heredero.

José Luis Yagüe

Periodista que entrevistó a Fahd

«Marbella le gustaba y quería ayudar a sus gentes»

José Luis Yagüe trabajaba en 1979 para «El Sol de España» y ABC. Un día de aquel verano le llamó el príncipe Alfonso de Hohenlohe y le dijo: «José Luis, me acaban de llamar de Montecarlo para decirme que un jeque árabe ha hecho saltar la banca en el casino y que esta mañana salía para Marbella. Entérate, porque ésta va a ser una buena noticia». Yagüe

contrastó que en el hotel Incosol esperaban a un jeque que había reservado más de cien habitaciones. El periodista rememora: «Me fui con el fotógrafo Andrés Lanza y, sin saber bien quién era el personaje, le pedimos una entrevista. Resultó ser el príncipe heredero de Arabia Saudí y aquel encuentro fue el único que mantuvo -durante dos horas- con un periodista en España».

El príncipe contó que cuando llegase a rey quería aprovechar la riqueza del petróleo para modernizar su país. También hablaron de Marbella. Yagüe explica: «Marbella le gustaba mucho, porque decía que era una tierra bendecida por Alá y por eso quería ayudar a sus gentes con una donación importante para hacer un hospital». Yagüe se presentó al día siguiente con el entonces alcalde socialista marbellí, Alfonso Cañas.

El desaparecido regidor le comunicó al príncipe saudí que Marbella no necesitaba tanto un hospital como viviendas sociales. Yagüe apostilla: «Fahd accedió al cambio de proyecto y se comprometió a donar dos millones de dólares de aquella época. A los pocos días, el embajador de Arabia Saudí en España nos llamó a Cañas a mí y le entregó un cheque al portador de dos millones de dólares. Cañas puso cara de asombro y le dijo que no podía aceptar, como alcalde, un talón al portador. Minutos más tarde sacó otro talón a nombre de Alfonso Cañas Nogueras, que él también declinó. Por fin, y tras nuestras indicaciones, salió con un cheque a nombre del Ayuntamiento de Marbella».

Yagüe se convirtió en un personaje muy popular en el hotel durante los días que estuvo hospedado el príncipe Fahd. De hecho muchas personas iban a buscarlo con la esperanza que le presentara al príncipe. Uno de estas personas resultó ser el arquitecto Ramblas que, años más tarde, fue el encargado de levantar el palacio Mar-Mar, residencia del desaparecido rey. Yagüe acompañó a Cañas y a una delegación municipal marbellí hasta la capital del reino saudí. Al finalizar el periplo, la Casa Real les agasajó con relojes, pisacorbatas y gemelos de oro con el escudo de la Casa Real saudí. También hubo presentes para la ciudad, como una espada de oro y diamantes que, meses después de aquel viaje, desapareció del despacho del alcalde.

Antonia Molina

Vendió joyas en el palacio de Fahd

«Tuve un visado de entrada de por vida»

Antonia Molina, propietaria de la cadena de joyerías Gómez & Molina de Marbella, entendió desde el principio que a las princesas del palacio real saudí de Marbella les gustaba mucho ir de compras, pero se sentían más cómodas en Palacio. Por eso hizo un peculiar petate compuesto por alhajas y relojes de alto valor y se fue a palacio. Allí entabló amistad con una de las princesas -hermana del rey Fahd- hasta tal extremo que le invitó a ir a Arabia Saudí.

El viaje fue toda una aventura: «Cuando llegué al aeropuerto me quisieron detener porque yo era una mujer sola que quería entrar en el país sin visado. Desde el mismo aeropuerto llamamos a Palacio y me autorizó un visado de entrada en el país de por vida», cuenta Molina, que, sin embargo, acota: «Claro que no me dieron el de salida, por lo que tuve problemas también cuando regresé a España tras pasar una etapa inolvidable». Cuando iban al Palacio de Marbella, a veces la tenían 24 horas enseñando joyas a la extensa nómina de princesas.

Manuel Cardeña

Ex director del Casino de Marbella

«Se abrían muchas latas de caviar iraní»

Manuel Cardeña fue uno de los directores del Casino de Marbella de la época de los «petrodólares». De entrada, deja claro que Bin Abdul Aziz nunca estuvo en el Casino marbellí tras ser coronado rey, aunque sí como príncipe.

Cardeña matiza: «A los príncipes árabes les gustaba jugar a la ruleta francesa y siempre en la zona privada. Cuando llegaban, firmaban un cheque en blanco que no se rellenaba hasta el final de la noche. La casa les iba dando ficha y cuando llegaba la hora de cerrar se hacían cuentas. Eso sí, no les gustaba que se cobrara el cheque justo al día siguiente, les parecía una falta de confianza en ellos».

Si se gastaban dinero en el juego, también lo hacían en la restauración. «Nadie bebía alcohol cuando estaba el príncipe heredero delante, pero cuando venía algún jeque y su séquito solos sí solían pedir botellas de Vega Sicilia, que bebían en tazas de café, para que nadie supiese que era alcohol», asegura Cardeña.

El ex director del Casino añade: «Sí, recuerdo que a los príncipes le gustaba mucho pedir caviar iraní, pero siempre querían que se les abriese la lata -de unos 250 gramos- en su presencia, luego tomaban una cucharada y seguían el juego; cuando querían más caviar, pedían otra lata, nunca volvían a tomar de la misma». Los empleados del Casino añoran aquella época por las generosas propinas que dejaban. Los potentados árabes dejaron mil y una anécdotas, pero Cardeña entona una con mucho cariño. «Una vez el cantaor Beni de Cádiz -ya fallecido- se coló en la sala privada mientras estaban jugando varios príncipes. Uno de ellos había apostado un millón de pesetas a la decena, y el Beni, con toda la gracia del mundo, puso una ficha de quinientas pesetas encima de la del millón, el jeque lo miró sorprendido y el Beni le respondió con todo su arte: «No te vayas a equivocar, que la de arriba es la mía». Al jeque, cuando se lo tradujeron, le hizo mucha gracia y le regaló 50.000 pesetas».

José Alarcón

Director del hotel Incosol

«Nunca he visto tantos policías juntos»

José Alarcón vio muy de cerca durante tres meses al príncipe Fahd. El hotel Incosol fue su primera morada en Marbella. La primera visita del monarca saudí a Marbella fue en 1974. Pasó cinco días. La segunda fue mucho más espectacular. Alarcón la cuenta: «Reservaron tres plantas completas del hotel, es decir, más de cien habitaciones, incluida la suite real, que al entonces príncipe heredero le gustaba porque se veía el campo de golf y el mar». Abunda al respecto: «Fueron unos clientes modélicos y nada excéntricos, las princesas pidieron que se cambiaran las alfombras para que todas fuesen de color blanco». En cuanto a la comida, entre el séquito se encontraban cocineros. Uno de ellos se encargaba de preparar cada día al heredero del trono saudí un pastel con leche de cabra, zanahorias y cardamomo verde, su postre preferido. En el menú se incluía mucho pescado y la carne de cordero la traían ellos desde su país de origen. Lo que sí recuerda Alarcón, que entonces era un trabajador más de la empresa, era el impresionante dispositivo de seguridad compuesto por guardias civiles, guardias reales españoles y miembros de seguridad de la Casa Real saudí. Cada movimiento suyo era custodiado por más de un centenar de personas. Los Reyes de España le enviaron -en su segunda visita- un Rolls Royce oficial. Cuando abandonó el hotel dejó una propina de 300.000 dólares para todo el personal. La parte proporcional era casi un sueldo. La relación entre el Palacio de Fahd en Marbella y el Incosol ha continuado hasta nuestros días.

Vega Sicilia bebido en tazas, caviar iraní, grandes propinas, joyas, dos millones de dólares para viviendas sociales... He aquí el relato de cómo un príncipe y luego rey de Arabia Saudí y su séquito revolucionaron una Marbella que él creía «bendecida por Alá»

TEXTO: ANTONIO MONTILLA FOTOS: JOSELE-LANZA

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