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La historia de España a través de una emabajda

La Embajada de España cerca de la Santa Sede tiene el doble honor de ser la Misión Diplomática más antigua de cuantas existen en el mundo y de mantener su residencia a través de los siglos en el mismo

La Embajada de España cerca de la Santa Sede tiene el doble honor de ser la Misión Diplomática más antigua de cuantas existen en el mundo y de mantener su residencia a través de los siglos en el mismo edificio. Hasta el siglo XV los Embajadores desempeñaban misiones temporales específicas como negociar acuerdos comerciales, tratados de paz, o fijar las estipulaciones de matrimonios entre príncipes. Es la República de Venecia el primer Estado que designa un Embajador permanente, precisamente aquí en Roma por la importancia espiritual y temporal del Papado. El Rey Católico Fernando de Aragón, por su condición de Rey de Nápoles y al ser Venecia su gran rival, establece también una Embajada permanente y designa para el cargo en 1482 al Caballero de la Orden de Santiago Don Gonzalo de Beteta, cuyos restos reposan en la Iglesia Nacional de los Españoles de Santiago y Montserrat.

Beteta inició la prestigiosa nómina de 151 Embajadores, del mundo de la diplomacia, la milicia, la nobleza, la política e incluso la Iglesia, que durante más de quinientos años han representado y defendido los intereses de nuestra patria en una misión diplomática marcada por su singularidad e importancia.

La Embajada interviene en la elaboración por parte del Papa español Alejandro VI Borja de la Bula «Intercaetera», que da lugar al Tratado de Tordesillas y reparte el Nuevo Mundo entre los reinos de España y de Portugal. Después del «Saco de Roma» los Embajadores consiguen la reconciliación con el Papado, organizan la importante visita de Carlos V a Roma y logran el apoyo de los Estados Pontificios a las guerras de religión del Emperador. En la Embajada se negocia la llamada «Liga contra el Turco», la alianza entre España, los Estados Pontificios y Venecia, que permitiría derrotar en Lepanto a la flota otomana, librando a Europa de la amenaza turca.

Hay también capítulos desconocidos como el ofrecimiento que el Rey Alfonso XIII hace en mayo de 1915 al Papa Benedicto XV del Monasterio de El Escorial como residencia con extraterritorialidad para evitar los riesgos de la Primera Guerra Mundial y garantizar la libertad de su sagrado ministerio.

Los Embajadores se albergaban en palacios alquilados a cardenales o nobles romanos hasta que en 1647 el Conde de Oñate, Embajador del Rey Felipe IV, adquiere el actual edificio, cuya rehabilitación encarga al gran arquitecto Borromini -el rival de Bernini-, quien construye la maravillosa escalera de honor, una de las más armónicas de la ciudad. El Palacio de España custodia importantes obras de arte como las dos esculturas de Bernini, «El alma condenada» y «El alma beata», la magnífica colección de tapices o los cuadros de Madrazo, Vicente López, Wieldens, Mario de'Fiori, Mengs, Nattier, Palmaroli, etc.

Durante cuatro años fue residencia del pintor Velázquez, venido a Roma para adquirir obras de arte para la colección real. Aquí pintó «La fragua de Vulcano» y «La túnica de José», tomando como modelos al personal de la Embajada. Por encargo real, los Embajadores adquirieron más de dos mil pinturas de los clásicos italianos, que pasaron al Museo del Prado.

Como los palacios más exclusivos de Roma, la Embajada tiene fantasma propio, el llamado «Fray Piccolo», un antiguo capellán que siglos atrás fue muerto a espada por el Embajador castigando sus requiebros amorosos a la Embajadora. También el aventurero Casanova trabajó en la Embajada durante varios años como traductor de francés, hasta que tuvo que abandonarla abruptamente por un lío de faldas con la hija de un comerciante.

Entre los salones del Palacio destaca el precioso oratorio construido por Paradisi y adornado con pinturas de Constanzi y Bianchi. Bajo el altar se encuentra el cuerpo incorrupto de un joven mártir, San Letancio, miembro del grupo de mártires de Cartago cuya devoción impulsó San Agustín.

El «Privilegio del baldaquino» que preside el «Salón de los Palafreneros», rememora la presencia de un Papa el 8 de septiembre de 1857 cuando Pío IX bendijo desde el balcón de la Embajada la columna de la Inmaculada que preside la Plaza de España, a la que los Pontífices acuden cada 8 de diciembre, siendo recibidos por el Embajador.

La ceremonia coincidirá esta vez con la inauguración de la primera fase de la restauración de las fachadas, gracias al mecenazgo de Don Amancio Ortega, propietario de Inditex, cuya generosidad ha permitido acometer una rehabilitación urgente por el estado de deterioro del edificio, y que necesariamente debe ser ahora continuada por el Estado para recuperar esta joya y evitar el riesgo real de su ruina.

Durante los siglos XVI, XVII y XVIII, la Embajada fue el centro de la vida social, política y cultural de Roma, compitiendo en prestigio con la corte del Papa. En su condición de Palacio real, cuenta con dos cámaras permanentemente preparadas para la estancia de Sus Majestades, y entre las salas de recepción hay un espectacular Salón del Trono, construido en tiempos de Carlos IV.

Quisiera, finalmente, corregir un error. La Embajada es «cerca de la Santa Sede» y no «ante la Santa Sede», como equivocadamente se la denomina. El diccionario de la Real Academia Española define la segunda acepción del término «cerca» diciendo que en lenguaje diplomático designa la «residencia de un ministro en determinada corte extranjera, y cita como ejemplo el de «Embajador cerca de la Santa Sede». Además el adverbio «cerca» recoge el antiguo privilegio de cercanía al Pontífice que tenía el Embajador del Rey católico de España frente al Embajador del Rey cristiano de Francia.

La rivalidad con Francia era tal que muchos de mis predecesores venían con la misión de conseguir más santos y cardenales que Francia. La Beatificación de los 498 mártires del Siglo XX y el Consistorio en que el Papa nombrará nada menos que tres Cardenales españoles permitiría a los Embajadores de siglos anteriores considerar bien cumplido el encargo real.

La Embajada lo es también ante la Soberana Orden de Malta y el Embajador de España desempeña el cargo de Gobernador de las «Obras Pías de los Establecimientos Españoles en Italia», una institución vinculada a la Iglesia que administra en Roma y Palermo los bienes fruto de donaciones de españoles para construir albergues, asilos, hospitales y sepulturas para los peregrinos.

La Embajada sigue siendo escenario de encuentros importantes que contribuyen a superar tensiones y abrir cauces de diálogo en las siempre complejas relaciones Gobierno e Iglesia. La entrevista de la Vicepresidenta con el Cardenal Sodano, la visita del Ministro Moratinos al nuevo Secretario de Estado o la reciente cena con motivo de la Beatificación de los Mártires en la que junto al Ministro de Asuntos Exteriores se sentaron a la mesa diez Cardenales -un número sin precedentes en la historia de la Embajada-, son hitos importantes que han coadyuvado al logro de un nuevo escenario marcado por Acuerdos como el de la financiación de la Iglesia, la regulación del estatuto de los profesores de religión o el del pago del IVA por la Iglesia. E incluso, las muy recientes modificaciones en la «Ley de la Memoria Histórica». Cumple así hoy también este viejo y antiguo Palacio su función principal, nacida de su larga historia, cual es la de servir de sereno lugar de encuentro y de acuerdo

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