La editorial Barcanova juega y apuesta por los grandes novelones
JUAN PEDRO YÁNIZ BARCELONA. Jordi Folck, pseudónimo, nacido en Reus en 1961 y con amplios antecedentes publicitarios, se ha lanzado a la literatura con «Trucades des del cel» (Barcanova). Novela
JUAN PEDRO YÁNIZ BARCELONA. Jordi Folck, pseudónimo, nacido en Reus en 1961 y con amplios antecedentes publicitarios, se ha lanzado a la literatura con «Trucades des del cel» (Barcanova). Novela ambientada en el siempre excesivo y fabuloso ambiente napolitano, que durante siglos fuera español. Buen pretexto para meditar sobre dos preguntas eternas: ¿Qué hay después de la muerte? y ¿qué hay antes? Si la novela marcha no descarta hacer una trilogía, afirmó el autor en la presentación.
Una bajada a los infiernos
Un poco por reacción, la siguiente obra presentada fue «L´home que baixava a l´infern» (Barcanova) de Francesc Bergadá, con amplia producción, tanto en castellano como en catalán. En ella se crea el personaje de Pomblet, un hombre mediocre que se enamora de su secretaria y tiene la sensación de que el mundo se derrumba alrededor de él. Total que se va acercando al infierno, que suele ser el universo desagradable que nos rodea.
«Niágara, el tro d´aigua», de Albert Parareda, es una obra tributaria de dos narraciones ya famosas -que fueron llevadas al cine- «El último mohicano» y «El paso del Noroeste». Se trata del nacimiento del Quebec, dentro de las luchas francoinglesas en América del Norte, en el XVIII, y donde se crea el famoso cuerpo de Rangers (o Exploradores) de los Estados Unidos; y las tribus indias que son utilizadas poe unos y otros.
«La m de déu», de Ximo Cerdá es una novela negra o psicológica que arranca del asesinato de una pareja en el interior de un coche y realiza un amplio recorrido por los bajos fondos y una amplia investigación criminal.
«Kenitra», de Mª Mercé Roca toma como punto de destino el famoso puerto marroquí, que fue cargadero de mineral y conocido por los sangrientos disturbios del verano de 1955. El personaje sigue el rastro de su padre hasta el enigmático puerto de la costa atlántica y empieza por descubir los mil mundos nuevos que significán los tripulantes. En algunos momentos, se tiene la impresión que se vive el universo de los huérfanos, como en «Las normas de la casa de la sidra», cuando los niños pueden ser los príncipes de la tierra y el conjunto se plantea el eterno asunto de la adolescencia, cuando se pasa de niño a hombre.
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