SOS en el Pilar ante la escasez de Infanticos
ROBERTO PÉREZZARAGOZA. Constituyen una de las más entrañables e históricas estampas de la zaragozana Basílica del Pilar. Los infanticos se encargan, desde hace siete siglos, de atender con sus cantos

ROBERTO PÉREZ
ZARAGOZA. Constituyen una de las más entrañables e históricas estampas de la zaragozana Basílica del Pilar. Los infanticos se encargan, desde hace siete siglos, de atender con sus cantos el culto en este gran templo. Pero no pasa ahora por su mejor momento, no por calidad, que la tiene sobrada, sino por número de componentes.
La situación ha hecho que el Cabildo Metropolitano haya intensificado su actividad publicitaria: artículos en las hojas parroquiales aragonesas y correos electrónicos a los medios de comunicación tratan, desde hace varias semanas, de difundir que hay plazas libres, en concreto hay diez plazas que quedarán libres cuando finalize el curso escolar.
El próximo día 20 tendrá lugar la audición en la que se hará la prueba de aptitud a los aspirantes -ojalá sea en plural, según indica el canónigo responsable del Colegio de Infantes, Luis Cuartero-. Que el ojalá sea en plural tiene su razón de ser porque, hasta ahora, explica que sólo tienen la certeza de un aspirante a ingresar «y ojalá tenga cualidades, porque sería triste tener sólo uno y tener que decirle que no», afirma este canónigo al que ni le falta simpatía ni optimismo.
«Yo confío muchísimo en que no se va a perder esta tradición de los Infantes del Pilar», declara a ABC. Pero igualmente dice que no sólo es cuestión de fe y de confianza, sino también de algo mucho más terrenal, que «las familias ayuden a ello» confiando la educación e sus hijos a este Colegio de Infantes que, como institución perfectamente organizada, funciona desde el siglo XVII.
El número máximo de plazas a las que se puede acceder son veinticuatro. Tienen que ser para niños de entre 8 y 12 años. Ahora hay veintiuno, pero en junio terminarán en el colegio, al concluir sexto de Primaria, siete pequeños, «así que nos quedamos en catorce». De ellos, siete son de familias inmigrantes de habla hispana, originarias de Ecuador, Bolivia y Colombia. También los hay de localidades de la provincia de Zaragoza, pero la mayor parte suelen ser de la capital aragonesa.
Al servicio de la Basílica
«Lo que queremos son chicos que en junio hayan acabado segundo o tercero de Primaria y se incorporen al colegio», explica el canónigo. Porque, dice, con los catorce que se van a quedar «no es que peligre el coro, pero sí el servicio que los infanticos prestan al Pilar, que lleva un trabajo que es demasiado sólo para catorce». Hacen de monaguillos, con sus vestidos blancos y rojos, típicos en las fotografías de la niñez con el bebé en brazos pasando ante la imagen de la Patrona de la Hispanidad.
En la Basílica se les puede escuchar cada día, de ordinario, a las nueve de la mañana, en la misa conventual; y poco después de las siete y media de la tarde, cuando cantan la salve y los gozos de la Virgen. También prestan servicio auxiliar como monaguillos y pasan a los bebés a la Virgen del Pilar.
Con todos los que ingresan en el Colegio de Infantes, el Cabildo corre con todos los gastos de su enseñanza en el ciclo de Primaria, formación musical y manutención, e incluso pueden optar a aprender piano o violín que a muchos, por cierto, les ha abierto en la edad adulta las puertas de su dedicación profesional en el mundo de la música aunque eso aún está en el aire.
Los Infanticos del Pilar se quedan con pocas voces. Faltan niños que se incorporen a este histórico grupo cantor que remonta sus orígenes al siglo XIII. En junio se quedará sólo con catorce cantores
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