X aniversario de su presidencia
«Zapatero returns»: el expresidente regresa como abanderado gay
Recogió el premio «Pluma» del colectivo, lamentó no haber puesto la enseña del arcoíris en el balcón de Moncloa y defendió como marca España el matrimonio homosexual. Ferraz ha metido con calzador al expresidente en la precampaña europea

José Luis Rodríguez Zapatero quiere ser recordado como el presidente del Gobierno que regularizó en una ley las uniones entre homosexuales. Que se olvide la palabra crisis de su dote a los españoles es su empeño en cada fugaz destello mediático que protagoniza. El colectivo de la bandera del arcoíris le reconoce haber dado un «espaldarazo» a sus derechos en España y así se lo ha manifestado en diversos encuentros y galardones. El último que ha recogido el político socialista tiene un nombre muy propio, el «premio Pluma» (otorgado a quienes luchan contra la discriminación por la orientación sexual e identidad de género), y en su recepción el leonés vertió una declaración que no puede dejar de pasar por el tamiz público: el 30 de junio de 2005, cuando se aprobó en el Congreso de los Diputados la ley del matrimonio homosexual, quiso colocar la bandera gay en el balcón de la Moncloa. Esa jornada «solo» estaba la de España en el palacio presidencial. «Se me olvidó», justificó el exmandatario en un tono distendido el motivo por el que no figuró la enseña multicolor en el Palacio de la Presidencia del Gobierno de la Nación.
Noticias relacionadas
- Zapatero: «El matrimonio homosexual sí que es marca España»
- Mónica Oriol pide perdón a los «ninis»: «Utilicé una expresión muy poco afortunada»
- Mónica Oriol, la presidenta del Círculo de Empresarios, saca el látigo neoliberal
- Zapatero: «Soy feminista y valencianista»
- Valenciano propone en el homenaje a Zapatero que la Comisión Europea sea paritaria
- Cañete dice que Zapatero entregó España a Europa por un plato de lentejas
Zapatero no está apareciendo mucho en los medios después de haber cedido el mando del Ejecutivo al equipo de Mariano Rajoy. Lo ha hecho en la presentación de sus memorias a finales de 2013, en algún programa ocasional de televisión (como el sillón de Risto Mejide en «Viajando con Chester» a finales del pasado mes de febrero), pero ha reaparecido especialmente activo esta última semana cuarteando frases memorables en cada escenario. Se advierte que Ferraz lo ha metido de lleno en la precampaña de Elena Valenciano como candidata al Parlamento Europeo el próximo 25 de mayo y participará en cuatro mítines , además de la especie de coloquio-mitin-diálogo que protagonizó este sábado en la Casa de América de Madrid. La verdad es que este acto que compartieron Valenciano y Zapatero ilustra por sí solo su irrupción frenética en la carrera a las urnas. Se trataba de un homenaje al expresidente para conmemorar los diez años desde su llegada a Moncloa y se convirtió en una celebración panegírica de las conquistas sociales, esquivando los obstáculos de la manida crisis.
El sábado «dialogó» en Madrid
Primero, Zapatero volvió a reivindicar su lado gay (políticamente hablando) apenas unas horas después de recoger el premio citado; luego quiso poner su voz en la polémica sembrada por Mónica Oriol, presidenta del Círculo de Empresarios, que hubo de pedir disculpas por haber dicho que bajaría el salario mínimo interprofesional (SMI) a personas sin formación como a los «ninis», mientras el expresidente lamentó no haberlo subido «algo más» durante su etapa el frente del Ejecutivo; y por último, asintió a los dislates de Valenciano que avisaba de que «la derecha es absolutamente adversa de la libertad» y de que el PP representa «una amenaza contra las mujeres» en contraposición directa con ella, que pilota las políticas de igualdad de la mujer mucho mejor que su contrincante, Miguel Arias Cañete. En esto último quizás es en lo que mejor rédito público puede obtener la candidata, a tenor de los resultados publicados este domingo de un sondeo realizado por GAD3 para ABC . De acuerdo con esta encuesta opinativa, Arias Cañete es más valorado que la vicesecretaria socialista, si bien se confía más en ella a la hora de impulsar las conquistas de igualdad de género en el marco de la Unión Europea.
Valenciano extendió la alfombra roja a las políticas feministas de su expresidente y propuso como homenaje al mandatario una Comisión Europea paritaria, como si aquel Gobierno con tantos ministros como ministras hubiese conseguido mejores resultados que otro con mayoría masculina o femenina, por qué no. Como titular de Agricultura que todavía es, Arias Cañete contrapuso el mismo legado que tributó Valenciano con un símil agrícola: «Zapatero entregó España a Europa por un plato de lentejas».
Retorno a un mes de la cita decisiva
El retorno de Zapatero a menos de un mes de la próxima cita electoral trascendental para el futuro del PSOE se ha presentado algo forzado. La «fiesta» electoral se presenta tan decisiva que Ferraz ha preparado el desembarco a la contribución de Zapatero a la causa, en lo que pueda, a sabiendas de que los comicios del 25 de mayo marcarán también el signo de las primarias de otoño para Alfredo Pérez Rubalcaba y su apuesta por el «valencianismo» (al poner como cabeza de cartel a la candidata alicantina).
En su apoyo y nada más comenzar el que era su propio homenaje, el exjefe del PSOE quiso despeñar el titular de « me declaro valencianista y feminista». Treinta horas antes había deslizado otro, inevitable para figurar en las cabeceras de las informaciones sobre el exjefe del cuartel de Ferraz: «El matrimonio homosexual sí que es marca España» . Volvía a echar mano de la bandera de siete colores para contraponer sus directrices a las de Mariano Rajoy en favor de la recuperación económica y la creación de empleo y así tratar de congregar algún voto.
En este discurso del jueves, rodeado de plumas, el socialista juzgó que no fue hasta la aprobación de su ley homosexual que «España pasó a ser un país más decente». Mientras ganaba en decencia social, perdía la económica, con niveles de paro que acabaron por desangrar al país y «una desestructuración clara del Estado» -denuncia entonada por varios veteranos socialistas, como Joaquín Leguina, en su último libro «Historia de un despropósito»-. Mientras titubeaba si ponía el mástil multicolor o no en Moncloa, «deshonraba la bandera del país», afea el que fuera presidente de la Comunidad de Madrid con el PSOE.

Esta funcionalidad es sólo para suscriptores
Suscribete
Esta funcionalidad es sólo para suscriptores
Suscribete