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Unos 3.500 radicales operan en España

La irrupción del 15-M, en 2011, fue el caldo de cultivo idóneo para que los grupos radicales tomaran la calle, los campus y hasta los estadios de fútbol

Unos 3.500 radicales operan en España r.o.

carlos hidalgo

Aunque en determinados asuntos policiales resulta complicado establecer una estadística concreta, los cálculos de los servicios de Información hablan de que en todo el territorio español existen unos 3.500 radicales de izquierdas violentos y activos. Hay entre 80 y 100 grupos, de distinta envergadura, peligrosidad e incluso matices «ideológicos». El 80% de las siglas y de sus miembros se corresponden con la corriente «antifascista»;el restante 20% lo conforman los anarco-insurreccionalistas y libertarios, más violentos y de inspiración terrorista.

Estos últimos están formados por colectivos «okupas» radicales, lo que dificulta su identificación. No se prodigan en tantas manifestaciones (en las Marchas de la Dignidad del 22-M no se dejaron ver), pero son extremadamente peligrosos: manejan mucho mejor las técnicas de guerrilla urbana, con la formación de «black blocks» (o bloques negros), para enfrentarse a la Policía, o la posesión de cócteles molotov. Son métodos asimilados de la «kale borroka» vasca.

Su presencia en Cataluña es bastante importante (poseen evidentes lazos con el independentismo), con grupos también distribuidos por Valencia, Zaragoza y, en menor medida, Albacete, Murcia y Almería.

En Madrid, la otra plaza en la que tienen una presencia cada vez mayor, se está detectando gente cada vez más joven en sus filas, incluso de entre 16 y 18 años. En la capital, los anarquistas cuentan con unos 200 seguidores activos y tienen más lazos con sus correligionarios catalanes y los terroristas Resistencia Galega. Esta forma de anarquismo-insurreccionalista guarda lazos con los autores de los artefactos explosivos en la basílica del Pilar (Zaragoza) y la catedral de la Almudena (Madrid). Es precisamente ese núcleo proanarcoterrorista lo que más preocupa.

El ámbito universitario es un caldo de cultivo para la captación y labores de proselitismo en general de este tipo de individuos. Existen dos grupos en este sentido. Por un lado, la Federación Anarquista de Estudiantes Madrileños (FAEM), con presencia no solo en los campus, sino también en institutos y que participaron, por ejemplo, en disturbios del 14 de diciembre pasado, en la convocatoria «Rodea el Congreso», y en un reciente desahucio en el céntrico barrio madrileño de Lavapiés.

El otro grupo universitario es la Federación Ibérica de Juventudes Anarquistas (FIJA), dentro de la cual están, por ejemplo, los Banderas Negras. Tienen presencia en Madrid y en Barcelona.

Pero entre la corriente de ultraizquierda en nuestro país, es la otra pata la más numerosa. Nos referimos a los denominados antifascistas, entre quienes muchos se amparan en las llamadas «ideologías del fútbol». Encontramos a estos radicales violentos en los hinchas de Riazor Blues (Deportivo de La Coruña), los Indar Gorri de Osasuna (Navarra), Herri Norte Taldea (Athletic de Bilbao), los Biris (Sevilla), Celtarras (Vigo) y los Bunakeros del Rayo Vallecano (Madrid). Estos últimos son unos 300 socios, aunque alrededor de 120 son los violentos y, además, forman parte de las llamadas Brigadas Antifascistas (BAF).

La Policía sitúa a la Coordinadora Antifascista, que empezó a ganar fuerza tras el asesinato del menor Carlos Palomino a manos del neonazi Josué Estébanez, en 2007, como brazo ejecutor. Se asimila como movimiento con la Coordinadora 25-S, que es el «ente» que convoca las protestas ilegales y más radicales (en torno al Congreso, La Moncloa e incluso contra la Monarquía) y que en sus inicios se llamó «En pie!».El mismo nombre, por cierto, de la ponencia de Arnaldo Otegui sobre la hoja de ruta de los abertzales.

Pero el brazo político, que dirige ideológicamente y da las instrucciones, es Izquierda Castellana. Tenemos, así, una cabeza política y una «infantería» a pie de disturbio, la Coordinadora Antifascista, de la que cuelgan grupos como los mencionados Bukaneros y BAF, la propia Izquierda Castellana y sus juventudes (Yesca), Rash Madrid (una suerte de «sharps» o «skin heads» de extrema izquierda) y Acción Kombativa 32 (AK-32). También se cuenta a la Asociación Estrella Roja e Iniciativa Comunista (menos radicales y más políticos), así como Valdemoro Antifascista y Alkor Hooligans. Fuera de la Coordinadora, pero cerca, están Corriente Roja, Distrito 14 y Reconstrucción Comunista, que apoya al Grapo.

Toda esta amalgama encontró el caldo de cultivo perfecto con la irrupción del Movimiento 15-M, en mayo de 2011. De este solo queda la llamada rama reformista (no violenta). Los radicales necesitaban esa masa humana donde infiltrarse, y lo consiguieron con la acampada de dos meses en la Puerta del Sol.

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