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caso asunta

El juez, a Rosario Porto: «Su hija tenía veintitantas pastillas de Orfidal dentro»

Rosario Porto se desmoronó en su primera declaración cuando el juez le describió los resultados de Toxicología

El juez, a Rosario Porto: «Su hija tenía veintitantas pastillas de Orfidal dentro» abc

cruz morcillo

Cuando tiene que salvar la vida de su hija, Rosario Porto no recuerda los horarios ni les da importancia. Cuatro días después sí.

- Rosario Porto : No es eso, no es eso, señoría... Tiene usted toda la razón.

- Juez Taín : Es que no es lo mismo dejar a su hija sola en casa a las seis que dejarla a las siete, es decir, si la tenemos que buscar en una cámara la tendremos que buscar a las seis no a las siete. Usted no lo consideró relevante. Aquel día nos dijo que salió de su casa a las siete y media porque solo tenía que ir a recoger unos bañadores a Montouto y hoy nos dice que pasó por casa , estuvo como mucho un cuarto de hora, y salió.

- Rosario Porto : No, estuve más, media hora, estaba tan nerviosa, tan sumamente nerviosa que yo no atinaba con lo que decía, porque usted no me creería por lo que estaba pasando y encima no llevaba el reloj, solo llevaba el móvil y el movil falleció .

Este es uno de los momentos clave del primer interrogatorio al que el juez José Antonio Vázquez Taín sometió a Rosario Porto por la muerte de su hija Asunta, poco antes de enviarla a prisión el 27 de septiembre de 2013, según el documento al que ha tenido acceso ABC . Habían pasado cinco días desde que apareció el cadáver de la niña en una pista forestal, próxima a Santiago y a la finca que posee Porto.

El instructor llevaba ya 52 minutos preguntando a la detenida , que se mostraba muy nerviosa e incurría en continuas contradicciones. Ese día el juez ya tenía en su poder varias pruebas, dos de ellas fundamentales que pusieron contra las cuerdas a Porto: un «power point» con las imágenes de seis cámaras de seguridad que detallan los movimientos de la mujer en su vehículo la tarde del crimen, y los resultados de Toxicología en los que se concluye que Asunta fue drogada con Orfidal a la hora de la comida.

«Vaya, otra novedad»

Taín se muestra contundente tras los lloros de Porto durante algo más de dos minutos. La detenida no para de restregarse las manos y masajearse el cuello . Acaba de situar la salida de su casa una hora antes de lo que lo hizo el día en que denunciaron la desaparición de la niña. «Espere voy a mirar las imágenes (...) luego se las pondré para que vea mejor a qué nos referimos». Porto le cuenta que volvió a su casa porque había olvidado una bolsa de plástico y entonces la niña se empeñó en ir con ella a la finca de Montouto (donde se cree que la madre la asfixió).

-Taín : Vaya, otra novedad

-Porto : No es otra novedad, señoría (balbucea la mujer con voz aniñada casi disculpándose)

-Taín : Sí, es otra novedad. No dijo que la niña hubiera salido de casa (...)

Porto se excusa asegurando que estaba absolutamente convencida de que la había dejado en la casa y se enreda en una explicación inédita hasta ese momento al ser consciente de que las cámaras han grabado a la niña junto a ella en el coche.

-Taín : Vamos a ser sinceros. Su hija tenía más de veintitantas pastillas de Orfidal dentro, no encima; encima tenía otras cosas. Desgraciadamente he tenido que ver todo, tanto el levantamiento como la autopsia. Si quiere se lo puedo describir, pero es muy desagradable (...)

Cuando la madre escucha este relato, amaga de nuevo un llanto que no llega a estallar. El juez le detalla que ha visto los champiñones sin digerir en el estómago de la niña para demostrarle que Asunta estaba tan drogada que no cree que pudiera subir al coche por su propio pie .

-Porto : Ella decía que iba mareada y yo pensé que me estaba tomando el pelo. Mi hija era la reina de la juerga (...) Decía que estaba mareada, pero no lo estaba.

Ante la insistencia del juez, admite que no contó que trajo de vuelta a su hija y la dejó sola en Santiago pese a ese mareo (algo que no creen los investigadores) porque iba a parecer que era una desaprensiva. Taín insiste en los análisis que tiene sobre su mesa y le desvela que Asunta tenía 0,68 mg/ml de Lorazepam en sangre mientras que si ella se tomara una sola pastilla daría 0,02. Porto, con esa revelación, se cubre el rostro con las manos, de nuevo llora brevemente; se levanta de la silla y vuelve a sentarse. «Estaba perfectamente», reitera al juez ya sin convicción .

Estos son algunos extractos de la primera declaración de Porto, que duró más de tres horas. En ella, la madre admitió que el 23 de julio dejó todo el día durmiendo a su hija porque estaba mareada, tras resumirle el juez parte de las demoledoras declaraciones de las profesoras de la escuela de música, a las que la niña contó que sus padres la engañaban, que ella no era alérgica y que le daban unos polvos.

Porto echó la culpa a Basterra, dijo que él le había dado Aerius (un antihistamínico) y que le había sentado mal . Ni Porto ni su exmarido han sido capaces de ponerse de acuerdo en la fecha desde la cual la cría sufría alergia, que no le fue diagnosticada por ningún médico y para la que no le hicieron ninguna prueba.

En su segunda declaración, el 28 de noviembre , con un tono completamente distinto, casi desafiante, Porto admitió que en una ocasión le dieron un antihistamínico machacado a la pequeña porque los niños no se quieren tomar las medicinas .

Buena parte de la primera declaración de la imputada giró en torno a su relación con Basterra. Describió al juez una situación de acoso y amenazas por parte del periodista entre febrero y mayo del pasado año, después de que él descubriera en enero que ella le era infiel y la pareja se divorciara en poco más de un mes. Basterra, en su testimonio judicial (solo horas antes de ingresar en prisión porque después se ha negado a declarar) reconoció que se había portado mal esos meses con su ex y que acudió a una psicóloga para poner fin a ese comportamiento. A finales de junio, todo cambió tras estar hospitalizada Rosario por un episodio neurológico. Al salir del hospital el la chantajeó, según las palabras de ella. O ponía fin a la relación con su amante o no las cuidaría a ella y a la niña . Según el relato conocido hasta ahora, poco después Basterra sedó por primera vez a la niña. La segunda lo hizo la semana del crimen; y la última fue la antesala de su muerte en la comida familiar.

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