Pekín lucha contra la banca en la sombra
La crisis del crédito hunde sus raíces en un problema de fondo más grave que amenaza con lastrar la economía china y del mundo: su alto nivel de deuda

A finales de junio, la falta de crédito que sufrieron los bancos chinos desató el pánico en los mercados ante la posibilidad de que se repitiera una quiebra como la de Lehmann Brothers en Estados Unidos en septiembre de 2008, que desencadenó la actual crisis financiera. Durante varios días, la falta de liquidez disparó el interés de los préstamos interbancarios del 3 al 13%, el más alto de las dos últimas décadas, e incluso dejó algunos cajeros automáticos sin dinero .
Los expertos aseguran que este estrangulamiento del crédito ha pasado ya porque se debió a unos motivos estacionales , como el aprovisionamiento de las reservas de depósitos bancarios para la revisión gubernamental del segundo semestre y el cambio de la política monetaria de la Reserva Federal estadounidense, que ha propiciado una salida de capitales de mercados emergentes como los asiáticos. Pero también coinciden en que esta crisis del crédito hunde sus raíces en un problema de fondo más grave que amenaza con lastrar la economía china y afectar a todo el mundo: su alto nivel de endeudamiento y el cada vez mayor peso de la banca en la sombra.
«Como los tipos de interés son muy bajos en China porque están controlados por el Gobierno, los bancos han inventado otros productos financieros , como la gestión de inmuebles a través de fondos de inversión, que ofrecen más rentabilidad pero son más arriesgados, propiciando la aparición de la banca en la sombra », explica Oliver Rui, profesor de Finanzas de la Escuela Internacional de Negocios Chino-Europea de Shanghái . Según el Banco Central de China, la banca en la sombra ya mueve unos 23 billones de yuanes (2,8 billones de euros), casi la mitad del Producto Interior Bruto chino de 2012, que ascende a 51,9 billones de yuanes (6,4 billones de euros). A tenor de la agencia de calificación Fitch, esta banca está fuera de control porque el 36% de los créditos sin resolver , unos 34 billones de yuanes (4,2 billones de euros), no pertenece a la cartera de los bancos. De ellos, 1,5 billones de euros se hallan en fondos de gestión que han invertido con fines especulativos en la gigantesca burbuja inmobiliaria china, que ha crecido al amparo de los fondos públicos destinados por los gobiernos locales, financiados con préstamos bancarios.
Al igual que ocurrió en España, en China hay costosísimas infraestructuras públicas sin utilizar y auténticas «ciudades fantasma» como la tristemente famosa urbanización de «El Pocero» en Seseña. Desde 2008, el crédito total en China ha pasado de 6,8 billones de euros a 17 billones de euros, asfixiando a los gobiernos locales, que acumulan deudas por valor de 12,08 billones de yuanes (1,5 billones de euros) y llevan dos años pidiendo más préstamos para pagar intereses.
La situación no es muy distinta para las empresas , cuyos ingresos se han mermado por la caída de las exportaciones y este año tendrán que pagar 765.000 millones de euros sólo en intereses. Como los grandes bancos prestan su dinero a los gobiernos locales y a las multinacionales estatales, las pymes no tienen más remedio que acudir a la banca en la sombra o subterránea, que cobra intereses superiores al 15% cuando lo normal es el 6%.
Para regularizar la situación, el Banco Central de China decidió al principio no inyectar dinero en el sistema financiero cuando los bancos se quedaron sin crédito, pero finalmente se vio obligado a destinar 6.200 millones de euros para controlar los préstamos interbancarios. «El Gobierno ha aprendido de la crisis en EE.UU. y Europa y le ha dado una lección a los bancos para que sean más cuidadosos con sus depósitos , que no están bien colocados porque se han dedicado a la especulación inmobiliaria», razona Rui, quien cree que « los bancos tienen secuestrada a la sociedad ». Si bien no parece que hayan aprendido la lección porque en la primera semana de julio han vuelto a prestar 21.200 millones de euros, amenazando con superar los 33.000 millones que concedieron en créditos en junio e hicieron saltar las alarmas al quedarse sin liquidez.
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