Yo, parado
El 27,16% no es un simple porcentaje. Los datos del desempleo tienen nombre y apellidos.
La fría estadística habla y camina. El 27,16% que mañana ilustrará las portadas de los periódicos tiene detrás 6 millones de historias con nombres y apellidos.
Periodista y parado de larga duración
Bajo la cifra está la historia de Carlos, periodista, locutor de radio y discapacitado. Lleva 3 años en la cola del paro y nunca le han llamado para hacer una entrevista. «No paran de cerrar emisoras, no tengo esperanza de encontrar trabajo», explica.
Según publica la FAPE desde noviembre de 2008, 10.000 periodistas han perdido sus puestos de trabajo en España, 4.800 de ellos en 2012. Setenta medios de comunicación han cerrado.
Carlos tiene 48 años, y 20 de experiencia en los medios. Como la mayoría de los parados de larga duración ya ha perdido la esperanza. Según los datos de la EPA hay 111. 200 parados de larga duración más en España. Ya son 515.700.
La maternidad ¿una buena idea?
Ana María es madre primeriza. Su hijo Kevin tiene un año. «He venido a inscribirme porque se me ha acabado la baja maternal» . Ana María trabajaba en una serigrafía, pero su contrato se acabó casi el mismo día en que dejó de ser útil a su empresa: «Di a luz y al paro. Se acabó el contrato... finalización por obra y a la calle». Asegura que no tiene esperanza de encontrar nada mientras Kevin sea pequeño
Las estadísticas de la EPA no reflejan cuantas mujeres son despedidas tras terminar su baja por maternidad, pero si nos dicen por ejemplo que casi 2 millones de hogares tienen a todos sus miembros en paro.
Joven, extranjero y trabajador de la construcción
Emilian tiene 21 años. Vino de Rumania hace ya 6 y está pensando seriamente en regresar: «Creo que en mi país están mejorando las cosas y que estaré mejor que en España. Hay trabajo, que se paga muy poco, pero prefiero vivir en Rumania que en España». Puede que no sea una opción descabellada. Tiene todos los números de la rifa para no volver a trabajar: es joven, extranjero, hombre y ex empleado de la construcción.
El ladrillo es el sector que más empleo ha perdido desde que comenzó la crisis. Desde el 2008 se han destruido 1.620.600 puestos de trabajo. Hoy se añaden 11.000 personas a la lista.
«Dejé los estudios en el instituto para ponerme a trabajar», explica Emilian. Desde entonces ha estado casi siempre sin contrato: en la construcción como soldador, mozo de almacén o chófer...«Me arrepiento de haber dejado los estudios. Solo tengo 5 meses cotizados», concluye.
El desempleo se ceba con los jóvenes. En especial con los que no tienen estudios y más con los que son extranjeros. Los datos proporcionados hoy por la EPA (Encuesta de Población Activa) indican que solo trabajan 4 de cada 10 jóvenes. La tasa de desempleo entre menores de 25 años se situó en el 57,22% en el primer trimestre del año, 2,09 puntos más que en el último cuatrimestre del año pasado. En el caso de los chicos la cosa es peor: el 59,21% de los hombres con menos de 25 años no puede trabajar.
Demasiado joven, demasiado viejo
Demasiado joven para jubilarse, demasiado viejo para trabajar. Carlos Pedro cayó en el limbo laboral, esa etapa que va de los 50 a los 60 y pocos en la que no queda mucha alternativa. La prejubilación no es una opción y el despido deja una indemnización cada día más insuficiente. «¿Con 56 años que voy a cumplir, que esperanza voy a tener?», se pregunta.
Carlos Pedro, contable de profesión, fue despedido del ministerio de Educación donde trabajaba como administrativo suplente. Asegura que le queda lejos la opción del reciclaje: «Yo quiero trabajar de lo mío. No sé hacer otra cosa», concluye.
La pensión
María es de Sao Paulo (Brasil). Lleva 10 años trabajando en España y está pensando en regresar a su país. Le preocupa algo más grave que no tener trabajo. Le preocupa su vejez. «El sistema de pensiones de este país no es viable. Todo el mundo lo sabe», reflexiona María.
Cobraba algo cercano a los 500 euros atendiendo a personas dependientes y un día decidió que ya no podía más: «Era un trabajo tan estresante y tan duro para mi que lo tuve que dejar. Yo ya no puedo cargar peso, tengo 55 años». María quiere cambiar de profesión, pero cree que la cosa está difícil, sino imposible. La mejor alternativa en su opinión es marcharse: «Yo tengo que pensar en mi futuro y en mi vejez. No puedo quedarme en España».
Noticias relacionadas
Esta funcionalidad es sólo para suscriptores
Suscribete
Esta funcionalidad es sólo para suscriptores
Suscribete