Los últimos objetivos militares de Franco
El puerto de Alicante fue uno de los focos finales de la resistencia republicana

Una aseveración nunca contrastada, acaso urdida entre sus enemigos, atribuía a Franco un punto de aborrecimiento por Alicante que le habría llevado a pisar esa provincia en una sola ocasión, en 1949 por un acto institucional, durante las casi cuatro décadas en que rigió los destinos de España . Sea o no así, lo cierto es que el puerto de la capital alicantina ofreció los últimos focos de resistencia republicana de parte de los restos de las columnas que dirigían los generales comunistas Modesto y Líster, y de otros contingentes conducidos por oficiales del ejército regular republicano.
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En los días inmediatos al 1 de abril de 1939, un muelle sombreado por la imponente figura del castillo de Santa Bárbara -testigo mudo de acontecimientos singulares en la historia reciente- acogió la angustia de miles de personas en fuga, forzadas a calibrar el Mediterráneo, sin término medio, como una oportunidad de escapatoria o como una barrera insalvable.
El fin de la contienda
El 28 de marz o, el mercante británico «Stanbrook» , en riesgo real de hundimiento por sobrecarga de pasaje, logró romper el cerco de la aviación italiana para poner proa a Orán con varios cientos de afortunados a bordo que dejaban atrás una ratonera en la que quedaron atrapados muchos miles más, y donde se registraron escaramuzas más allá de ese primero de abril que marcó el fin de la contienda.
Si bien en sentido estricto fue otro puerto, el de Cartagena, el último bastión que retuvo la República, Alicante tiene una significación particular en el desenlace del conflicto. En la finca El Poblet-Petrer, a pocos kilómetros de Elda, el Gobierno presidido por Juan Negrín celebró sus dos últimos consejos de ministros antes de enfilar en bloque el camino del exilio. El doctor Negrín y sus colaboradores, acompañados por altos mandos de las fuerzas republicanas, abandonaron España por vía aérea desde el aeródromo de Monóvar.
Muy cerca de allí, en Albatera, las tropas franquistas improvisaron un campo de concentración donde fueron confinados aquellos que no pudieron echarse a la mar. También para ellos, la guerra había terminado.
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