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¿RETIRADA DE IBEROAMÉRICA?

JUAN VELARDE FUERTES

«En 2012 la inversión bruta de capital en América Latina aumentó un 22,9%, levemente superior a 2011»

a lo largo de 2012 y comienzos de 2013 toda una serie de planteamientos que no pueden pasar sin destacarse han afectado a las relaciones económicas entre España e Iberoamérica. Dos realidades han chocado, creo que para desgracia mutua. En las declaraciones de Enrique Iglesias en «Le Monde» el 20-21 de enero de 2013, se señalaba cómo Europa, con sus inversiones, podía ayudar a Iberoamérica. Vemos que nuestras inversiones en esa región son importantes. Francisco Eguiguren Praeli, embajador de Perú en España, destacaba que nuestra nación es el país extranjero número uno en inversiones en Perú. Pero existe otra realidad. Fundamentalmente se ha producido por tres grandes cauces.

El primero, el de las empresas que atienden servicios públicos y que, por tanto, han de calificarse como empresas tarifadas. En el periodo 2003-2012, la inflación iberoamericana medida por el índice de precios al consumidor, de diciembre a diciembre, osciló entre un 8,2% en 2003 y un 4,6% en 2009, con un 5,8% en 2012. Si se observa esto en tasas acumulativas, se comprende que la inflación está presente, como media en el conjunto iberoamericano. Simultáneamente existen tasas muy altas en algunos países. Los tres últimos años 2010-2011 y 2012 supusieron, según un reciente informe de Cepal, unas subidas sucesivas para Argentina del 10,9%, 9,5% y 10,2% en el índice de precios de consumo; en Bolivia, del 7,2%, 6,4% y 4,3%; en Brasil, de 5,9%, 6,5% y 5,5%; en Ecuador, de 3,3%, 5,4% y 4,9%; en Uruguay, de 6,9%, 8,6% y 9,1%; y en Venezuela, de 27,4%, 29,0% y 18,5%. La ola inflacionista motiva que el rendimiento de las empresas tarifadas -eléctricas o de autovías-, se desploma si no suben sus precios. Pero la tarifa, por parte de los consumidores, se considera una especie de impuesto y la reacción popular ante su incremento es rotunda. Cuando se sabe que esta cantidad mayor que se exige va, además, a marchar a un país extranjero, la oposición es de muchísimo calado. Las autoridades son sensibles ante eso, y suelen ceder. Recordemos lo que ahora mismo sucede con el «precio justo» de Bolivia para Transportadora de Electricidad, filial de Red Eléctrica Española. ¿Merece la pena, en esas condiciones, invertir en empresas de este tipo? Pero España, sí lo ha hecho.

En segundo lugar están las empresas extractivas, encabezadas por las de hidrocarburos y mineras. Se considera que se trata de activos nacionales que, al ser controlados por forasteros, benefician a los dueños extranjeros de este tipo de explotaciones. No se debe ignorar que el nacimiento de las diversas naciones del área iberoamericana tiene lugar gracias al enlace del nacionalismo y del romanticismo, que desde el siglo XIX impregnan las vivencias de sus habitantes. La bandera nacional debe ondear sobre los Yacimientos Petrolíferos Fiscales de Argentina, o de sus paralelos bolivianos, y así sucesivamente. A veces, las propias leyes fundamentales -caso de Pemex en México- impiden esa presencia de otros países. La incomodidad para los inversores, a los que se considera depredadores de algo esencial de la nación, aumenta de tal forma que es tenida en cuenta por los dirigentes de las empresas como, por ejemplo, de los hidrocarburos peruanos y los capitalistas españoles, que buscan la retirada. Esto existió en España. Basta recordar la literatura sobre Riotinto, o el libro de Virgilio Sevillano, «La España… ¿de quién?». Así se explica la anunciada retirada española de Perú -la venta de la refinería de la Pampilla y las gasolineras de Perú por parte de Repsol, parece que a Petroperú, por ejemplo-, difícil de explicar de otro modo.

Existe un tercer bloque de inversiones españolas en Iberoamérica. Son las de las entidades financieras. Ese mundo se suele separar del real, y como consecuencia se le liga a actividades especulativas. Tiene una base que se ha oscurecido de modo sistemático, pero que popularmente existe. Se registra en un excelente artículo de Jesús Huerta de Soto: «El actual sistema monetario y bancario es incompatible con una verdadera economía de libre empresa… y es una fuente continua de inestabilidad financiera y de perturbaciones económicas». Por supuesto que en el análisis del profesor Huerta de Soto se puntualiza cómo escapar de esta situación, pero en el ambiente de los países iberoamericanos, ahí se detiene todo y se crea un ambiente negativo para estos sectores.

He aquí que son los tres ámbitos esenciales de nuestras inversiones en Iberoamérica. Por tanto, estamos observando una retirada que se une a un fenómeno nada conveniente para el propio desarrollo económico iberoamericano. Del documento citado de Cepal, al contemplar la evolución del ahorro nacional del conjunto iberoamericano sumado con el externo y respecto al PIB -medido en dólares- se desprende que, en 2012, «la inversión bruta de capital en América Latina aumentó al 22,9% lo que supone una pequeña alza con relación a 2011(22,2%), pero aún inferior al resultado de 2008 (23,7%), el mayor registro anotado desde 1990».

Veremos si en un próximo futuro estas tres circunstancias cambian, y España se une más íntimamente a la capitalización iberoamericana. Pero en estos momentos debe surgir, por lo menos, seria preocupación, aquí, y al otro lado del Atlántico.

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