Un nuevo brote de violencia étnica deja decenas de muertos en el oeste birmano
Choques entre budistas y musulmanes en el estado de Arakan obligan a huir a miles de personas. Human Rights Watch denuncia el «sanguinario ataque» y la ONU avisa de «daños irreparables» sobre la fágil democracia

La ONG Human Rights Watch (HRW) ha advertido este sábado de que los musulmanes Rohingya de Myanmar (la antigua Birmania) están siendo objeto de ataques «sanguinarios» por parte de la comunidad budista, que ha arrasado sus viviendas en algunas zonas costeras, en el marco de los violentos enfrentamientos de las últimas semanas entre ambos grupos, en los que han fallecido 67 personas , según el último balance revisado del Gobierno. Se trata de una ola de violencia étnica, como la que en los meses de mayo y junio pasados ya sacudió la región de Rajine o de Arakan , en el oeste del país y colindante con Bangladesh.
En fotografías por satélite difundidas por la ONG pro Derechos Humanos se ven localidades como Kyaukpyu -en el citado estado de Rajine, epicentro del conflicto- en las que en un solo día, el pasado miércoles, fueron destruidos 800 edificios por budistas que han obligado a miles de Rohingya a huir hacia el norte del país siguiendo la línea de la costa hasta la capital del estado, Sittwe .
El subdirector del grupo para Asia, Phil Robertson , ha pedido al Gobierno que garantice urgentemente la seguridad de los musulmanes, actualmente «bajo un sanguinario ataque», y declaró que algunas informaciones, todavía sin verificar, detallan cómo miles de musulmanes intentan escapar de la violencia en pequeñas barcas, sin comida ni agua , para intentar llegar a Bangladesh a sabiendas de que ese país les ha negado el estatus de refugiado desde 1992. El resto de los desplazados intentan, mientras tanto, conseguir un hueco en los abarrotados campamentos de Sittwe . Muchos de ellos son detenidos por las fuerzas de seguridad antes de alcanzar su objetivo.
La ONG local Fundación Wan Lark ha informado de que los enfrentamientos entre ambas comunidades parecen haber cesado desde hace unas horas , lo que ha dado la oportunidad a algunos de sus voluntarios de rastrear la zona en busca de nuevas víctimas. Las cifras iniciales apuntaban 112 fallecidos pero el Gobierno ha revisado a la baja ese número, hasta los 67 muertos desde el pasado 21 de octubre. Unas 95 personas han resultado heridas y más de 3.000 viviendas han quedado destruidas .
«Campaña de limpieza étnica»
La Organización de Rohingya en Reino Unido cree que las víctimas mortales se cuentan por centenares y describió esta ola de violencia como «una campaña de limpieza étnica» que está «teniendo lugar delante de las narices de la comunidad internacional, que no está haciendo nada al respecto», según el jefe de ese grupo, Tun Khin. Precisamente la ONU advierte de que la frágil democracia birmana podría sufrir « daños irreparables ». El ministro del Interior aseguró el viernes que el Gobierno estaba dispuesto a declarar la ley marcial y el estado de emergencia en la región si es necesario.

Los nuevos enfrentamientos entre la mayoría budista y la minoría Rohingya, que denuncian su marginación por parte de las autoridades, estallaron el pasado domingo en Minbya y se extendieron rápidamente a Mrauk U, Kyaukphyu y Myebon en los días sucesivos. La etnia Rohingya, que profesa el islam, cuenta con unos 800.000 miembros en todo Myanmar, la mayoría de los cuales habita en Rejine, según medios locales. Aunque los choques entre ambos grupos son habituales, se recrudecieron el pasado mes de mayo, a raíz de la detención de tres hombres musulmanes acusados de violar a una mujer budista . Dos de ellos fueron ejecutados y el tercero se suicidó.
La violencia étnica es uno de los muchos retos que afronta el Gobierno de Thein Sein , que accedió al poder en marzo de 2011, después de décadas de régimen militar que llevaron a Myanmar al ostracismo internacional. Desde entonces, ha llevado a cabo una serie de reformas políticas, entre las que destacan la promoción de un diálogo de paz entre las minorías étnicas, la liberación de cientos de presos políticos, la legalización de los sindicatos y la flexibilización de la censura mediática.
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