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«La compra de deuda ilimitada por parte del BCE es un paso correcto»

Entrevista con el economista Robert J. Shiller, catedrático de la Universidad de Yale

«La compra de deuda ilimitada por parte del BCE es un paso correcto» ángel navarrete

javier tahiri

Se ha ganado a pulso el apelativo de vigía económico. Cada vez que aparece una burbuja en el horizonte, Robert Shiller (Detroit, 1946) da la voz de alarma. Así ocurrió en el año 2000, cuando predijo el desplome de las «puntocom», y volvió a repetirse en 2005, al ser el primer economista en alertar de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos. Las conoce bien. Este catedrático de la Universidad de Yale, presente en todas las quinielas para llevarse el Nobel de Economía, defiende que los mercados no se guían por la lógica, sino por las emociones. Para recuperar la cordura, publica su último libro, «Las finanzas en una sociedad justa» (Deusto), en el que defiende la renovación del sistema financiero para que vuelva a perseguir «la justicia y la igualdad». Queda mucho por hacer.

—¿Por dónde empezamos a reformar las finanzas?

—Nuestra sociedad depende del sistema financiero. Y se están produciendo avances psicológicos en los mercados que no ocurrían desde hace mucho tiempo. Debemos continuar adelante. De lo contrario, nos dirigimos hacia una crisis financiera muy seria. Debemos fomentar las innovaciones financieras para potenciar su democratización. Medir los riesgos con mayor eficacia y que los mercados sean más transparentes para que cualquier ciudadano pueda tener acceso a ellos y también participe.

¿Debe aumentar la regulación?

—Si no regulamos el mercado, aumenta el riesgo de que nos convirtamos en una sociedad de ladrones. Necesitamos supervisores que entiendan el sistema y destinar dinero en ello porque el mercado no se va a regular solo. Seguirá habiendo delitos financieros, porque los mercados, a fin de cuentas, son humanos. Hay que perseguirlos. Pero no podemos pretender destruir el sistema porque tiene fallos: hay que mejorarlo.

—¿Qué medidas se pueden tomar?

—Necesitamos muchos pequeños instrumentos que vayan corrigiendo los fallos de las finanzas. Por ejemplo, el endeudamiento de los gobiernos. La crisis de la deuda en Europa se originó porque los gobiernos se endeudaron por un montante de euros y en unos términos fijos, sin ninguna flexibilidad. En su lugar, los Estados podrían emitir acciones y repartir dividendos por ellas. Estoy trabajando con mi colega canadiense, Mark Kamstra, para proponer que se introduzcan acciones del Estado que tendrán el nombre de «trills». Y como cualquier título de una empresa, el dividendo dependería de la evolución de la economía del país. Así, alguien que compra un «trill» adquiriría un riesgo sobre la economía y disminuiría la incertidumbre de los gobiernos. Si España o Grecia hubieran hecho eso, ahora no tendrían problemas para refinanciarse, las deudas serían flexibles y dependerían del comportamiento de sus economías.

—En este punto, ¿cómo ve la crisis en España?

—Se están logrando avances como la aprobación del nuevo mecanismo europeo de estabilidad o la propuesta del Banco Central Europeo de comprar deuda de manera ilimitada. Son los pasos correctos, pero el problema es muy complejo y no sé cómo evolucionará. ¿Debe España salir del euro? Quizás sea la mejor opción, pero dudo en recomendarla porque la unión económica es demasiado importante. No se me ocurren soluciones inmediatas.

—Afirma que la economía está ligada a la psicología y que ésta es irracional. ¿Estamos condenados a ir de burbuja en burbuja eternamente?

—Creo que burbujas tan enormes como la que hemos vivido son excepcionales y no creo que se repitan inmediatamente. Pero parte de la razón de esta crisis lanza un mensaje muy negativo: la población en su momento tuvo demasiada fe en la perfección de los mercados. Así, ni se sospechó que pudiera haber una burbuja y tampoco hubo muchas advertencias sobre ellas. Yo creo que las podemos evitar con las instituciones correctas. La trasparencia y la información pueden hacer descender el riesgo de burbujas al medir las expectativas de la población. Ese es el mejor blindaje contra las fluctuaciones y los riesgos de asuntos como el precio de la vivienda. En 2006, creamos el índice Case/Shiller sobre el mercado inmobiliario de varias ciudades y áreas metropolitanas en Estados Unidos. Ya entonces, este indicador previó el estallido de la burbuja con tan solo unos meses de margen. Es en este tipo de innovaciones en las que tenemos que trabajar.

—Frente al exceso de optimismo anterior, ¿se corresponde el pesimismo actual a la situación real? ¿Se ha perdido la confianza?

—Ese es el problema. La psicología dice que, una vez que pierdes la confianza, es difícil recuperarla. Y esto funciona como un matrimonio, cuando discutes con tu mujer, hay que evitar que vaya a peor (risas). Por ello, gran parte de la población piensa que deberíamos acabar con todo y meter al sector financiero entre rejas. Pero teóricamente el sector debería preservar la igualdad. Unas buenas finanzas dan oportunidades a personas que de otra forma no las tendrían. Ofrecen seguros, protección contra los riesgos... Debemos recuperar al sistema financiero, hacer que mejore, para que vuelva a perseguir la justicia y el bienestar social.

—Por ejemplo, un regulador común puede aumentar la confianza en el euro...

—Una autoridad comunitaria que asegure los depósitos de todos los bancos sería una buena idea. Pero al mismo tiempo, los negocios se mueven hacia los reguladores que más les gustan y en este sentido quizá los Estados deban guardar algún tipo de autonomía.

—¿Qué le parecen los últimos estímulos de la Reserva Federal norteamericana?

—La Fed intenta reanimar a una economía que no parece recuperarse. El problema es que no hay nada detrás de las acciones de la Fed y deberíamos tomar estímulos fiscales que se equilibren con más impuestos, con tal de no aumentar el endeudamiento. Pero no parece que ningún político esté por la labor. El Partido Republicano propone justamente lo contrario, bajar impuestos como forma de estimular la economía pero no creo que funcione ahora, quizá en el futuro sí. Barack Obama sí propone subir los impuestos a los ricos, por ejemplo. Pero es muy cuidadoso porque tampoco quiere echarse a la población en su contra. En Estados Unidos, muchos creen que bajar impuestos recuperará la economía pero sin mayor gasto público, esto será contractivo.

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