Si el hombre pudiera decir lo que ama
Isabel M. Reverte desvela en su reportaje a los autores de la edición pirata de los Sonetos del Amor Oscuro de Lorca

Han pasado casi treinta años y han cambiado muchas de las circunstancias y pasiones más o menos literarias que rodearon el episodio de una edición pirata de los Sonetos del Amor Oscuro. El reportaje de Isabel M. Reverte señala por primera vez a los autores de aquella travesura, que obviaba la legalidad y que ofendió —no sin razón— a los herederos del poeta.
Pero ya ha prescrito. Y visto en perspectiva, el librito provocó la publicación en el periódico de estos poemas y madrugó, por tanto, su conocimiento universal.
«La poesía no quiere adeptos, sino amantes. Pone ramas de zarzamora y erizos de vidrio para que se hieran por su amor las manos que la buscan» , decía Federico. Esa frase, con la que el poeta granadino definía su comercio con el misterio de la inspiración, se amolda al caso de estos poemas que fueron tan deseados que se editaron dolorosa, clandestinamente.
Esta cumbre de la poesía amorosa fue inspirada por un amor homosexual, sí. Y ese adjetivo, que en 1984 pesaba tanto en los argumentos de unos y de otros, es tan fútil hoy que no queda más remedio que rendirse a la profunda belleza de los textos que conmueven hasta la médula a cualquier ser humano que haya sentido —o perdido— el incendio de un amor.
Hay que dar la razón, treinta años después, a Manuel Fernández Montesinos , cuando pedía en su artículo de ABC que ninguna ceguera interpretativa velase el texto. Sin negar nunca más la realidad, asumida del todo por el tiempo, hay que pedir que se rindan sus guardianes. Hoy solo palpitan en los sonetos, como entonces, las palabras de los amantes en las comisuras de la muerte. Cernuda lo soñaba como él: «Si el hombre pudiera decir lo que ama [...] la verdad de sí mismo [...] yo sería aquel que imaginaba».
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