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ABC Cultural

POETA DE FERIA

Miguel Ángel Velasco: la ebriedad de la vida

Tusquets reúne toda la obra inédita que el poeta dejó tras su temprana muerte en 2010

Miguel Ángel Velasco: la ebriedad de la vida PABLO SOROZÁBAL SERRANO

MANUEL DE LA FUENTE

Su melena de león ya nunca más se desparramará bajo el sol del Retiro, ni los gorriones del Paseo de Coches le ajustarán al cuello de adolescente mitológico su voladora pajarita. Sus maneras y andares de húsar de la poesía no vagabundearán en estos días, de caseta en caseta , ajeno a patinadores, ciclistas, manteros, camellos y familias de bien en su ir venir camino de la estatua del Ángel Caído, esa santidad de quienes perdemos algo insustituible cada día. Ni la espuma del Mediterráneo mallorquín volverá a asomarse a sus azules ojos.

No, no lo verán los hombres, que lo ven los de su misma estirpe, los ángeles, desde que aquel 1 de octubre e 2010 el compadre Miguel Ángel Velasco emprendió postrera travesía. Por ahí arriba andará descorchando poemas, engullendo trovas y endecasílabos como si tal cosa. Se fue de pronto Miguel Ángel, y se fue en fin de semana. Se fue como ese chopo al que fulmina un rayo. Durante días, su pluma siguió caliente y el tintero vaciándose , que desde el otro lado, desde la orilla a la que no llega la conciencia del común de los mortales, siguió dictando sus poemas a algunos colegas llegados del otro lado en veloces y fugaces berlinas del sueño.

TUSQUETS

Veinteañero uno mismo, aprendiz de poeta, becario de octosílabos, lo primero que sentí por Miguel Ángel fue envidia. Y nada sana. Él, más adolescente todavía que uno mismo, ya encadenaba versos como flores de un ramo de novia, ensartaba palabras como un orfebre que trabajara por encargo de los dioses . Con sus primeros libros, sabiamente detectados por el Premio Adonais , cuando el galardón era el referente de la nueva y ultimísima poesía española, Miguel Ángel abrió puertas que las legiones de aficionados a la poesía viva, emocionante y emocionada, pura entraña puesta sobre el papel, cruzaron al galope.

Desde entonces, Miguel Ángel Velasco jamás abandonó la casa encendida, embriagada y embriagadora, de su poesía , siempre vivió entre esas cuatro paredes (ora luminosas y felices, ora escalofriantes y asesinas) aunque de vez en cuando el ángel tuviera que atender a las profusas y difusas ocupaciones de los hombres. Escribió libros, ganó premios, pero su corazón y sus excesos solo tuvieron en su vida un destinatario, la poesía . Para él era una cuestión de vida o muerte. Y solo la muerte, aquella muerte súbita, como si por una vez hubiera bajado los brazos y la Parca le hubiera dado jaque mate aprovechando un tonto despiste, pudo enajenarle de aquel paraíso perdido de los versos.

Sin embargo, ahora sabemos que no nos dejó solos, y que mientras la Innombrable preparaba su traidora añagaza, su cruel estratagema, Miguel Ángel Velasco seguía escribiendo, con la rabia y con la sabiduría de quien a veces le gustaba imaginar juguetón que escribía a título póstumo.

Herencia en forma de tesoros

Ahora sabemos que nos dejó cuatro libros inéditos, una herencia en forma de tesoros para sus lectores y sus colegas: “Espinas”, “Historia de las manos”, “La muerte una vez más” (completamente terminados) y “Circulaciones”, cuaderno inconcluso de diferentes épocas. Tusquets reúne ahora toda esta obra inédita (bajo el título de “La muerte una vez más” ) en edición de Isabel Escudero, vieja amiga del poeta que le entregó estas maravillas “por si acaso”. Por si acaso, Isabel los guardó y aquí están.

En 2001, Miguel Ángel Velasco alzaba su voz poliédrica y generosa y soltaba espumarajos de verdad por su lírica boca: “He visto, mientras tanto, al miedo de los hombres afanarlos en trova destemplanza de unos contra otros, a golpe de pregón con sus mercaderías, en impúdica puja por los mejores puestos de la plaza. Pero cae la noche sobre la triste lonja, y en turbia mescolanza se confunden los desmedrados frutos, tanta pocha hojarasca. No haya cuidado: al cabo nos espera un terreno seguro donde pujar más alto.”

En la puja del cielo, los ángeles, los de San Miguel y los de Lucifer, leen ahora, a escondidas de Dios estos poemas.

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