LIBROS
La última novela de Stephen King
Llega a España «22/11/63», la última novela de Stephen King. Su protagonista viaja en el tiempo para tratar de impedir el asesinato del presidente Kennedy. Intriga asegurada
Con 22/11/63 (Plaza & Janés) –número uno de ventas en su país, uno de los mejores cinco libros de 2011 para el influyente y prestigioso suplemento de libros de The New York Times y «la obra de un maestro del oficio» para Time–, Stephen King vuelve a sus inicios, a lo más alto . A dar –nunca mejor dicho– en el blanco.
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Y, de nuevo, la astucia de una fórmula (que no es otra cosa que la constante reformulación de uno de los Grandes Miedos Americanos) al servicio de un individuo que cuenta como pocos. Aquí y ahora –y desde entonces–, el magnicidio de John Fitzgerald Kennedy como el fin del Sueño Americano, el comienzo de la Pesadilla Made in USA y el big bang-bang de la conciencia paranoide-conspirativa de todo un país que ya no cree ni volverá a creer en lo que le dicen sus autoridades. Así, esa soleada mañana de Dallas, los disparos , el momento definitivo en que todo se arruinó sin remedio.
Eterno favorito
Hacia allí viaja el maestro de literatura de treinta y cinco años y paradigmático everyman «kinguiano» Jake Epping para intentar más corregir que cambiar la Historia y poner las cosas no en su sitio, sino en un sitio mejor. Como Al Templeton le dice a Epping: «Si alguna vez quisiste cambiar el mundo, esta es tu oportunidad. Salva a Kennedy , salva a su hermano. Salva a Martin Luther King . Evita los choques raciales. Tal vez pon fin a Vietnam … Podrías salvar las vidas de millones».

La idea no es nueva: pocas cosas más atractivas que buscarle opciones a lo histórico. Philip Roth y Michael Chabon no hace mucho se dieron una vuelta por ahí con La conjura contra América y El sindicato de la policía yiddish. Y JFK –como Jesucristo y Hitler y Elvis – es un eterno favorito de las ficciones de Historia alternativa y/o reescrita y de agujeros espacio-temporales. Allí están clásicos como Cronopaisaje, de Gregory Benford; secretos para entendidos como Resurrection Day, de Brendan DuBois; logrados thrillers como A tiro, de Philip Kerr, o pesados pesos de pesos pesados como Norman Mailer en El fantasma de Harlot y Don DeLillo en Libra y James Ellroy en América.
Uno de los mejores cinco libros de 2011, según «The New York Times»
Pero lo que hace de 22/11/63 algo nuevo y digno de todos los elogios es el modo en que (solucionando casi de entrada y sin demasiadas explicaciones el cómo nuestro héroe viaja al pasado por cortesía de su agonizante amigo Al Templeton, descubridor, en los fondos de su restaurante, de un portal más cerca de la magia de Lewis Carroll que de la ciencia de H. G. Wells ) King organiza alrededor de un núcleo sobrenatural un verdadero tratado acerca del tiempo perdido y recuperado.
Los temas que toca son varios. La manera en que cambia una sociedad ( el agujero del tiempo conduce a Epping a septiembre de 1958 , por lo que debe pasar varios años a la espera de ese oscuro día de injusticia para hacer justicia –y, de acuerdo, tal vez Epping podría haber aterrizado en 1962, un poquito después o justo antes del Día K; pero se sabe que a King le gusta mucho escribir mucho–) y el modo en que la cultura popular de una determinada época forma o deforma a sus habitantes (gran parte de la gracia de la novela pasa por cómo Epping puede anticipar cambios y modas y tendencias , rindiendo, de paso, tributos a Salinger, Bowles, Bradbury, los Rolling Stones y productos y marcas que ya no existen salvo en eBay). Hay que sumarle a lo anterior el método con que King digiere y pone al servicio de la trama toneladas de documentación. Y, sí, King piensa que Oswald actuó solo y punto; nada de compleja conspiración, sino algo más terrible y primitivo: el Mal puro y duro en acción.
«La zona viva»
Por encima de todo, 22/11/63 es muy divertida y adictiva. Y se nos vuelve irresistible por el sentimiento de King a la hora de construir una sólida historia de amor : la de Epping –devenido George Amberson en el pasado– y la bibliotecaria Saddie. Romance muy reminiscente de aquel del también maestro de escuela Johnny Smith y su colega Sarah Bracknell en La zona muerta .
De hecho, no sería impertinente rebautizar a 22/11/63 como La zona viva; porque, a su manera, funciona casi como un espejo deformante de aquella temprana y magistral novela. Epping sabe lo que va a ocurrir y Smith tiene el don de anticipar el futuro. El primero debe salvar a un presidente para mejorar el mundo y el segundo debe acabar con un futuro presidente que destruirá el planeta.
Stephen King piensa que Lee Harvey Oswald actuó solo. El mal puro y duro
Pero, ya se sabe, nada es tan simple como parece y –en 22/11/63, con Epping cada vez más cercado por ominosas fuerzas poco interesadas en que se altere el flujo establecido de los acontecimientos– muchas veces hacer historia equivale a deshacerla . No le corresponde a los hombres entrometerse en los engranajes del destino, parece decirnos King. Y, al final, solo queda el consuelo de bailar con la persona que más amas.
De esta manera, salimos al otro lado de las casi 900 páginas de 22/11/63 –proyecto que King tenía pensado desde 1971 pero demoraba hasta saberse a la altura de su ambición, futura adaptación cinematográfica a cargo de Jonathan Demme – como quien regresa de un largo y tremendo y enriquecedor viaje. Como quien vuelve de una novela que, por pertenecer al género fantástico, no deja de ser una gran novela.
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