Córdoba tiene necesidad de posicionarse dentro del «cluster» de ciudades singulares que son capaces de atraer inversiones y visitantes apelando a valores propios, no necesariamente vinculados a los que configuran su área habitual de influencia (región, país). Venecia, Edimburgo, Gante, Lyon son ciudades que cuentan con un reconocimiento internacional absolutamente identificable en sí mismo, sin estar fagocitadas por el imaginario de Italia, Escocia, Bélgica, Francia. Son ciudades que van más allá de los países que las alojan, capaces de mantener la tensión de su relato sin apoyarse en los estereotipos de las realidades que las circundan. Atraen visitantes per se. Suele ser habitual planificar, por ejemplo, una visita a Venecia y no a Italia —aunque ya que estamos, se pueda pensar en ir a Roma o a Florencia— Venecia se convierte, de este modo, en un punto focal, origen para generar destinos diversos y complementarios —y no al revés—.
Para incorporarnos a este posicionamiento de ciudad y darle un giro al enfoque con el que tradicionalmente nos hemos ido presentando ante el mundo, debemos cambiar nuestra estrategia de city marketing, empezando por creernoslo nosotros mismos: tenemos en nuestras manos una ciudad muy especial, una joya escondida a la que debemos poner en valor. Hay que dar los pasos para entrar en los circuitos internacionales de manera rotunda, intensificando con solidez el discurso de ciudad singular, planteándonos ganar cuota de mercado turístico ubicándonos dentro de una nueva cesta de localidades competidoras. No debemos competir con Sevilla, Málaga, Zaragoza o Salamanca, sino con Venecia, Gante, Edimburgo…. Córdoba no puede conformarse con ser atractiva para un visitante de paso, sino ser destino en sí misma. Potencial hay de sobra para conseguirlo, lo único que tenemos que hacer es armarlo de forma diferente. Tienen que pasar cosas en Córdoba, y muchas, muy atractivas para un cliente internacional (y no tanto para el nacional) que busca sofisticación, cultura, ocio, arte, historia, patrimonio cultural y natural. Un visitante que deje riqueza más a través del margen que de la rotación. No podemos competir con el planteamiento vacacional de ciudades de costa o de montaña, debemos competir con quien sólo tiene lo que nadie más tiene. En ninguna otra ciudad del mundo confluye el haber sido capital de un califato, ser cunas de artistas, capital de una de las provincias romanas más importantes del mundo, núcleo y origen de la cultura sefardí, cuna del caballo de pura raza española. Hay muchas que tienen algo de lo que nosotros tenemos, pero todo y a la vez, concurriendo en un solo punto geográfico, ninguna.
Ante las añoranzas de pueblos forjados en esta tierra cordobesa y dispersos como una diáspora histórica por todo el mundo, Córdoba tiene que responderles con ese aroma a hogar, ese saberse en casa, remanso de paz, de quietud en el que uno puede volver a repensarse ya que encuentra la tranquilidad del entorno propicio, mezcla de la seguridad de lo reconocible con el estímulo de lo novedoso, en el que se recupera los acentos del origen perdido, el disiparse de nuevo para reencontrarse, para entenderse y entender a otros. La concordia no surge en Córdoba por una forzada y artificial alianza fruto de la yuxtaposición de criterios negociados y políticamente correctos, sino que mana de la fuente de su más genuina originalidad. Esto es Córdoba, lugar donde a uno le pasan cosas interior y exteriormente. Donde la gastronomía, la cultura, el arte, el ocio, el espectáculo no son productos para consumirlos aisladamente los unos de los otros, como objetos generadores de atractividad, sino como elementos configuradores de un paisaje armónico en el que poder poseerse a si mismo. Tienen todos ellos un componente subjetivo del buen instrumento que hace tangible una experiencia espiritual. Córdoba es única, por que lo es quien en ella vive o la visita. A Venecia uno va a enamorarse, a Edimburgo a embriagarse con las tradiciones, a Gante a disfrutar de una suave y lánguida elegancia, a Córdoba uno viene a encontrase: introspección combinada con alegría, ataraxia. No es una ciudad excluyente, pero sí exclusiva. No es ciudad para muchos, es para todos pero de poco en poco, en pequeñas dosis. Un nuevo Tibet en plena península ibérica, en plena modernidad, en plena vigencia histórica. Sin sacar a nadie de su sitio biográfico, sí hacerlo momentáneamente de su referente geográfico para ubicarlo en una nueva percepción del tiempo y de sí mismo.
Cambiar la forma de valorarnos, de vernos a nosotros mismos, de posicionarnos comercialmente en el mercado de destinos apelando a nuestro carácter internacional, de valores universales, sofisticado, culturalmente avanzado, en el que se integra sin solución de continuidad urbe y naturaleza, con una fortísima raigambre histórica que nos deja una impronta especial. Usar los instrumentos de comunicación más acordes con nuestras señas de identidad y que la tecnología nos ha puesto en bandeja, huir de las masas y de la vulgaridad, atacar al segmento nuevo de visitantes en busca de experiencias y no de consumo de edificio, son algunas claves sobre las que tendremos que trabajar en los próximos años para conseguir revitalizar nuestra «marca ciudad» un tanto adormecida. Existe el hueco de mercado, tenemos el mayor potencial para aprovecharlo. Conjuguemos la voluntad para materializarlo: Córdoba es diferente…es mejor.
JUAN LUIS MARTÍNEZES GERENTE DE LA GERENCIA DE URBANISMO