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La protesta que soñó con ser universal

No se ha materializado en nada concreto el movimiento indignado que llegó a Wall Street el 17-S. Con mayor o menor fuerza, surgen en Europa y Asia otras réplicas del 15-M

La protesta que soñó con ser universal AFP

MARÍA G. PICATOSTE

Mientras en España los integrantes del movimiento 15-M abandonaban las plazas que habían sido su lugar de reunión y debate durante casi dos meses, el grupo canadiense AdBusters llamaba a los americanos a imitar el modelo español y ocupar Wall Street. La fecha de convocatoria fue el 17 de septiembre, y la consigna, acabar con la influencia del dinero sobre los representantes políticos en Washington . Cuando llegó el día, un centenar de jóvenes se acercaron a la zona financiera de Manhattan con la intención de ocupar la encrucijada de Wall Street con las calles Nassau y Broad. Hileras de policías apostados en todos los accesos impidieron su entrada. La famosa estatua del toro, utilizada en la imagen con la que AdBusters había promocionado la ocupación, también había sido vallada y estaba cautelosamente vigilada por las autoridades. Sin otro lugar adonde ir, llegaron al parque Zuccotti. El parque, también llamado Liberty Plaza, se convirtió en sus dominios.

Desde su etapa de fruición hasta hoy han cambiado muchas cosas para «Occupy Wall Street». En el camino, ha pasado de ser un movimiento ignoto para la gran mayoría de estadounidenses y concentrado en Nueva York a expandirse a nivel nacional, ser mencionado por Obama para representar la frustración con el poder y ser comparado con el «Tea Party», el movimiento político conservador que respalda al partido republicano.

Cruzar el puente de Brooklyn

El punto de inflexión para el movimiento tuvo lugar el 1 de octubre, el día en que la ocupación cumplía dos semanas. Entonces los manifestantes marcharon hacia el norte de Manhattan. A pesar de ir escoltados en todo momento por la Policía, el grupo acabó invadiendo los carriles destinados a la circulación rodada del puente de Brooklyn. Para los ocupantes la tarde tuvo un balance positivo: las 700 detenciones consiguieron atraer la atención de los medios, hasta entonces reacios a cubrir sus vicisitudes. Y con la prensa estalló el fenómeno y salpicó a todo el país. Y con el tiempo, al mundo.

Una constante del movimiento es la carencia de un programa concreto, lo que se ha convertido en un arma de doble filo: no se puede tomar en serio un movimiento que carece de una lista de demandas. Pero si tuvieran esa lista, muchos la tomarían como el baremo a seguir para juzgar su éxito o fracaso. Con esa idea en mente, los indignados reconocen que su intención es simplemente reactivar la presencia en la prensa de temas económicos que no se mencionan desde la crisis de 2008. Y ese ha sido por ahora su único logro constatable. El desequilibrio en el reparto de la riqueza mundial, los derivados financieros, la falta de proporcionalidad o igualdad en la carga impositiva de las rentas medias frente a las altas, o el rescate de bancos y empresas con dinero público, son algunos de los asuntos que prácticamente habían desaparecido del debate y que la ocupación ha devuelto al ruedo.

La pregunta en el aire es: ¿quién se va a beneficiar de este movimiento? No Obama, quien ha hecho evidente que escucha las quejas de los indignados, pero mantiene el modelo de desregularización y complacencia con Wall Street que se ha hecho congénito en la Casa Blanca. Tampoco los republicanos, quienes defienden todo aquello que los indignados consideran deleznable del sistema. Tampoco los bancos, ni Wall Street ni otras instituciones financieras. ¿Y los ciudadanos?

El movimiento en EE.UU. no ha llegado en el mejor momento. Como ya hemos visto en España, la proximidad de las elecciones generales hace que los candidatos tengan presentes las demandas indignadas. Así, si tras las elecciones algo cambia para bien de los ciudadanos se podrá hablar de logros. Pero en EE.UU. aún falta más de un año para los comicios y para que los políticos sientan la presión de promover el cambio en los términos que los indignados defienden . Las ocupaciones no van a poder alargarse hasta entonces, sobre todo porque en la mayoría de ciudades la paciencia de las autoridades está agotándose . Lo que quede de «Occupy Wall Street» en los prolegómenos de las elecciones presidenciales de noviembre de 2012 será el eco del grupo de indignados que consiguió hacer del movimiento algo universal.

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