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ABC Cultural

Azar Nafisi «Mi única labor ha sido no guardar silencio»

Nafisi recibe mañana en Valladolid el premio Gabarrón de Pensamiento y Humanidades por su «valiente defensa de los valores humanos en Irán»ESCRITORA Y ACTIVISTA POLÍTICA

SUSANA GAVIÑA

Azar Nafisi está considera una de las más importantes activista en la defensa de los derechos de la mujer en Irán. Hija del alcalde más joven de Teherán y de una de las pocas parlamentarias que tuvo el país en los años setenta, estudió en Suiza, Reino Unido y Estados Unidos. En 1979, año en el que triunfó la revolución iraní, se instaló en Teherán donde comenzó a impartir clases de literatura. Su reiterada negativa a cubrirse la cabeza con el velo provocó en 1981 su expulsión de la universidad. En 1995 decidió dar clase en su propia casa, incluyendo entre las lecturas libros prohibidos. Una experiencia que reflejó en el best-seller «Leer Lolita en Teherán», traducido a 33 idiomas y reeditado estos días en España por Duomo. El ambiente opresivo y el constante recorte de los derechos de las mujeres la empujaron, en 1997, a marcharse de su país, instalándose en Estados Unidos.

Su labor ha sido reconocida con numerosos galardones, entre ellos el premio Gabarrón de Pensamiento y Humanidades que recogerá mañana en Valladolid. El jurado decidió otorgarle este premio por «su decidida y valiente defensa de los valores humanos en Irán y su labor de crear conciencia a través de la literatura sobre la situación de la mujer en la sociedad islámica». ABC charló con la activista tras participar en el Círculo de Bellas Artes en una mesa redonda sobre el «El pensamiento cautivo».

—¿Qué es lo que realmente ha hecho Azar Nafisi para mejorar la situación de las mujeres en Irán?

—Lo único que yo podía hacer era no mantenerme en silencio. Una de las cosas que hacen los sistemas totalitarios es que las víctimas se sientan culpables. Cuando cuentas la historia desde tu punto de vista es una manera de lograr el control de la realidad que ellos han confiscado.

—Desde fuera de Irán parece que tras la dura represión que sufrió el pueblo como castigo al movimiento verde, ahora no se ha querido sumar a la «primavera árabe»...

—En realidad, la «primavera árabe» empezó en Irán. Cuando se produjo el movimiento verde, mucha gente que vivía fuera habló de él a través de las redes sociales, y yo me encontré con muchas personas, procedentes de países como Egipto, que habían leído mi libro, ¡que ha sido traducido al árabe!. En Irán están pasando muchas cosas, pero no en la calle.

—El poder subversivo de la literatura se ha trasladado ahora a las redes sociales, sin embargo, estas están siendo bloqueadas en países como el suyo.

—El gobierno intenta cerrar todos las redes sociales, y sí, hay mucha represión, más que antes. La gente no puede hablar, y por eso muchos han tenido que exiliarse. Lo más interesante sobre el exilio es que antes eran políticos pero ahora es mucha gente normal la que se va porque están perdiendo la esperanza en su gobierno. A lo largo de los últimos treinta años ha habido revueltas en la calle que eran reprimidas, pero después de un tiempo vuelven a salir. Lo más importante es que este grado de insatisfacción con el gobierno le está afectando porque hay muchas divisiones internas en él.

—¿Esa puede ser la llave del futuro de Irán?

—Cuando me expulsaron de la universidad, Musavi y Karubi estaban en el gobierno, y ahora la gente les señala como espías de los Estados Unidos. Esto demuestra que este gobierno se está suicidando desde dentro. Irán fue la primera teocracia moderna y creó la ideología del islamismo, su fracaso podría ser muy parecido a lo que sucedió en la Unión Soviética porque Jomeini tuvo un efecto en todo el momento islámico. Ahora en Irán hay muchos revolucionarios que están escribiendo en contra del régimen y de la religión. No creo que un cambio de régimen consiga llevar la democracia a Irán, pero sí lo conseguiría un cambio de mentalidad. Otro aspecto importantes es que están llamando a la reforma de la religión desde la propia religión. Lo que está sucediendo en Irán va mucho más allá de lo que está pasando en Libia, en Siria o en Egipto, pues los iraníes está cambiando de pensamiento y eso va más allá de salir simplemente a la calle. La teoría ha partido de Irán, y ahora de allí surge la contrateoría. Tengo esperanzas aunque no soy muy optimista.

—¿Quedan muchos años para ver ese cambio hacia la democracia?

—Va a haber mucha violencia, algo que no es para celebrar. Yo estoy aquí sentada mientras la gente es encarcelada. La generación joven no es como la mía. Ellos han sido torturados por querer parecerse a mí. Saben el precio y el valor de la libertad y no tienen miedo como nosotros.

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